La película saca ventaja de un elenco que lleva años trabajando en equipo. (Suministrada) (semisquare-x3)
La película saca ventaja de un elenco que lleva años trabajando en equipo. (Suministrada) (Juan Luis Martínez Pérez)

En el cine comercial cuando hay oportunidad de hacer una secuela usualmente no se escoge la segunda parte para cambiar radicalmente con el concepto exitoso de la primera oferta.

Hubo que esperar hasta “Ninja 3: The Domination” para mezclar las artes marciales con un historia de posesión y ejercicios aeróbicos. Los productores de “Police Academy” mudaron sus chistes recurrentes a Miami en la quinta parte para luego irse a Rusia dos secuelas más tarde. Y Universal Pictures eliminó al elenco original para llevar los carros de “The Fast and Furious” a Tokio en la tercera parte de esa serie.

De primera instancia, “Los Domirriqueños 2”, la segunda parte de la película puertorriqueña más taquillera de todos los tiempos que estrena hoy, aparenta ser una de esas secuelas. Es probable que si el guionista de “Grease 2” se hubiera encargado de su guión, el nuevo junte de Jorge Pabón “Molusco”, Fausto Mata, Tony Pascual, Aquiles Correa, Alejandro Gil y Carlos Vega hubiera mudado a los protagonistas a República Dominicana y los hubiera puesto a jugar pelota para salvar el centro de una comunidad necesitada. Sin embargo, Carlos Vega y Miguel Morales evitan hacer “lo mismo pero diferente” mudando el choque cultural entre boricuas y los dominicanos a la carpa de un circo.

Para justificar esta mudanza, los guionistas reciclan un elemento clave de la primera “Qué Joyitas”, la primera colaboración cinematográfica del director Transfor Ortiz y Molusco. Después de haber montado un negocio de reparaciones de hogar, los protagonistas se meten en una deuda de más de medio millón de dólares cuando le destruyen la casa a una ex-senadora interpretada por Alba Nydia Díaz. Para salir de este problema, el grupo titular decide producir y ser parte de un circo chino que se va a presentar en Juncos.

La decisión creativa de evitar una formula cómica que permita repetir los chistes de la primera película no es algo que se pueda llamar un triunfo, pero definitivamente libera a esta secuela a valorar que su mejor recurso es la química que hay entre los actores principales. Esa es una química que después de la primera película se ha explotado en obras de teatro y series de televisión. Sin embargo, esta oferta cinematográfica justifica su existencia con una comedia más liviana que un dulce de algodón de feria que llega acompañada de un valor de producción indiscutible. El trabajo de Carlos Zayas como director de fotografía le da una agilidad visual al filme ausente en otras películas dirigidas por Ortiz. De igual modo, los colores vibrantes de lafotografía, el vestuario y la dirección de arte durante la sección del espectáculo final en el circo logran que el ritmo episódico de la comedia no sea un problema para el espectador.

Estas cualidades positivas no quitan que el humor del filme sea simple y predecible y que su estilo logra que en muchos momentos la película se sienta como un artefacto obsoleto de hace más de 40 años. Uno de los ejemplos más imperdonables de esta falla es tener a Eugenio Monclova emulando a Mickey Rooney en su caricatura asiática racista de “Breakfast at Tiffany’s”. Durante varias escenas su personaje es utilizado como un coro griego que le habla directamente al público, y en muchas de estas ocasiones el actor logra robar carcajadas porque es un experto en los ritmos para este tipo de comedia. El problema con este personaje no es tanto que sea una caricatura ofensiva ( lo cual lo es) si no que es un símbolo de que a la comedia local, en la pantalla grande y a nivel comercial, todavía le queda mucho por evolucionar.

Aun así, resulta poco probable que los que lograron que la primera película fuera un éxito rotundo estén de acuerdo con este argumento.


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