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Michael Madsen reconoce que el público más por sus papeles de villano, pero siente que es momento de dar un giro a su carrera. (horizontal-x3)
Michael Madsen reconoce que el público más por sus papeles de villano, pero siente que es momento de dar un giro a su carrera. (Luis Alcalá del Olmo)

Michael Madsen no es el tipo de hombre que uno imagina demostrando su lado tierno. Sabemos que los actores no son lo que proyectan en pantalla. Sin embargo, él es una de esas figuras a quienes no es fácil distanciar del arte que realizan. Su personaje de mafioso capaz de torturar muy lentamente a un policía hasta cortarle la oreja, como quedó plasmado en una inolvidable escena de “Reservoir Dogs”, su primer filme con Quentin Tarantino, es poderoso y creíble.

Un físico espigado de 6’2” de altura cubierto por una colorida vestimenta que parece sacada de un armario “vintage” y unos ojos pequeños y claros que miran como si ocultaran algo refuerzan ese aire de misterio, de hombre hermético, que el actor puede transmitir naturalmente.

“Cuando hice ‘Reservoir Dogs’ algo cambió con la forma en que la gente pensaba de mí y con mi ‘persona’ en la pantalla. Me volví peligroso. Estaba bien con eso porque me estaba ganando la vida. Luego seguían llegando papeles y siempre era el malo”, contó.

Pero es Día de los Padres y Madsen lo celebra en Puerto Rico, donde filma la película boricua “The Journey Ahead” (“El ojo de Dios”). Llega al salón de conferencias de un hotel de San Juan para conversar sobre este proyecto agarrando en la mano un grupo de papeles. Son los dibujos que le regaló esa mañana su hijo menor, Luke (12). Madsen está derretido, no por el calor sofocante que le impide realizar la entrevista en la terraza del hotel, sino por el gesto amoroso del niño. Su niño.

“No tengo mucho de qué estar orgulloso, pero estoy orgulloso de ser un buen papá. Mira estos dibujos de Luke. Encontró estas fotos de mí en internet y las dibujó. Él sabe que me gusta la película ‘Shame’ y copió el afiche que vio una sola vez. Ama a su padre y yo lo amo a él”, contó al enseñar las imágenes realizadas con lápiz.

El actor, criado en Chicago, hijo de un bombero (Calvin) y de una cineasta y escritora (Elaine), contó que llegó a Hollywood por casualidad, tras acompañar a un amigo a una audición y conseguir un pequeño papel en “Of Mice and Men (by Chicago’s Steppenwolf Theatre Company)”, de John Malkovich. Aprovechó la oportunidad para quedarse en Los Ángeles trabajando en una gasolinera de Beverly Hills. Allí atendió a muchos grandes actores como Warren Beaty, Sidney Poitier, y Peter Firth. Una víspera de navidad, llegó Fred Astaire con un neumático vacío y le dio $100 por arreglarlo.

Después de un año en el garaje consiguió a un agente y empezó a aceptar papeles en series de televisión y, eventualmente, la pantalla grande.

El actor, de 59 años, tiene una trayectoria larga en el cine. Se dice que ha aparecido en más de 200 películas, aunque en la mayoría se ha tratado de papeles pequeños que hizo para darse a conocer o simplemente porque “tenía que poner comida en la mesa de mi familia”. En el grupo de sus trabajos más importantes están “Thelma & Louise”, “The Natural” y “Flipper”, tres de las pocas películas donde interpreta a un hombre corriente.

El resto de sus roles para el cine, los que la gente realmente recuerda, han sido de villano en los filmes de su gran amigo, Tarantino. Entre ellos, “Kill Bill Vol. 1”, “Kill Bill Vol. 2”, “Sin City” y “The Hateful Eight”. Próximamente volverá a actuar en un filme del reconocido director, personificando a un sheriff en la película “Once Upon a Time in Hollywood”, en la que comparte créditos con Leonardo Di Caprio, Brad Pitt y Al Pacino.

“Me divertí con ‘Kill Bill’ y le he sacado provecho, pero estoy tratando de dar un ejemplo. Como Humphrey Bogart. Él hizo como 20 o 30 películas para Warner Brothers y siempre era el malo, siempre lo mataban. Hasta que conoció a John Huston e hizo ‘The Maltese Falcon’. Toda su carrera cambió y se volvió en protagonista. No me voy a volver más joven pero me puedo ver haciendo esa transición y si en algún momento no hago un cambio nunca va a pasar”, reflexionó.

Precisamente, gracias a ese cambio de rumbo que quiere dar en su carrera está en Puerto Rico.

En “The Journey Ahead / El ojo de Dios”, Madsen interpreta a Carlos, un hombre que se convierte en amigo de una adolescente que pierde a su padre y a raíz de ese suceso se rebela contra su madre, porque tras la pérdida de su marido decide probar suerte nuevamente en el amor. Carlos y Briana (personificada por la niña boricua Marcela Santiago) se hacen amigos y realizan un viaje fantástico que aclarará muchas dudas de la menor y la llevará a entender mejor su dolor y las decisiones de su mamá.

¿Cómo se da tu participación en esta película?

“Pues, siempre hago de villano. Empezó a ser el único tipo de papel que me ofrecían. Y lo hago bien, pero estaba preocupado de que mis hijos me vieran siempre así en las películas. Nadie parecía recordar ‘The Natural’, ‘Free Willy’, ‘Thelma & Louise’ o películas en las que he sido más un hombre, una persona normal. Y estaba buscando una historia diferente, algo que me mostrara un poco más suave. Nadie me lo estaba ofreciendo y conocí a esta mujer, Jasmin (Espada, publicista puertorriqueña). Me dio el guion de ‘The Journey Ahead’ y sentí mucha curiosidad; realmente quise hacerlo. Pero mi agente, mis manejadores, mi gente, no querían que tuviera nada que ver con la película”.

¿Por qué no querían que hiciera esta película?

“Porque dijeron que era de bajo presupuesto, nunca habían escuchado hablar de Luis (Enrique Rodríguez, director), no había mucho dinero y no era lo que querían que hiciera. Así que terminé despidiendo a mi manejador. Hice el trato yo mismo, mayormente con Jasmin. Cuando pensé que iba a hacerlo llegó la gran tormenta y todo el proyecto se paralizó. Pensé que nunca lo haría. Hice mis cosas usuales y un día me llama Jasmin preguntándome si estaba interesado. Le dije: ‘sí, por supuesto’. Escuché sobre la tormenta, escuché en las noticias, básicamente a los medios americanos, que no dicen la verdad sobre muchas cosas. Estaban tratando de minimizar el asunto. No les importaba. Pero si este país se supone que es parte de Estados Unidos no debe ser tratado de esta manera”.

¿Qué sabías de Puerto Rico antes del huracán y de venir a filmar aquí?

“Las cosas usuales que los medios americanos te dicen de un lugar. Muchas veces, cuando vas a un sitio supuestamente peligroso, donde supuestamente la gente es peligrosa, llegas y te das cuenta de que no es así. Es lo que me ha pasado aquí. Todo el mundo ha sido suave, muy bueno y cálido. Parece que si ves televisión en América siempre hay una tendencia a abrazar lo negativo. Si pasa algo muy bueno y algo muy malo, prefieren lo negativo”.

¿Qué conexión tienes con tu personaje de Carlos?

“Yo perdí a mi padre el año pasado y mi padre era muy violento, muy fuerte. No querías bromear con él. Lo vi muchas veces hacer cosas. Era un bombero en Chicago. No tuve mucho tiempo con él cuando era joven porque se divorció de mi mamá cuando yo tenía 10 u 11 años. (toma un respiro antes de continuar). Cuando él murió me di cuenta de que nunca nos conocimos bien. No obtuve las cosas que necesita un hijo de un padre. Pero hay otro lado de las cosas, más suavidad. Estamos aquí por poco tiempo en la vida y lo que traes es lo que traes. A veces, cuando haces algo, ya no hay vuelta atrás. Y yo empecé a pensar que disfruté mi imagen de pistolero, de pandillero. Puedo correr caballos y motocicletas, puedo hacer todo eso. Pero empecé a pensar que quizás debo hacer algo que deje una mejor impresión a largo plazo. Alguna historia que pueda dejar porque las películas son una extraña manera de ser inmortal. Aun cuando los actores se van, sus películas viven y es como si nunca desaparecieran. Siempre estarán ahí.

Haciendo esta película debes haber recordado tus años de adolescente, ¿cómo recuerdas esa etapa de tu vida?

“Creo que escogí a la peor gente para estar. Todos eran malos. Me gustaban las chicas malas y los chicos malos. Pensaba que era más divertido. No quería jugar fútbol ni encajar en nada de eso. Me volví una persona rebelde. Solía robar carros con un amigo. Los poníamos en el garaje de mi madre y ella no tenía idea. Les quitábamos las partes y las vendíamos. Incluso pintamos algunos. Recuerdo que pintamos un Pony azul de rojo y lo vendimos sin papeles ni nada. Estábamos robando carros, pintándolos y vendiéndolos. Era todo muy malo”.

Y ahora tienes siete hijos.

“Me he casado tres veces y tengo seis hijos y una hija. Acabo de enterarme sobre la hija. No sabía que tenía una hija. Tiene 38 años. Está casada y tiene tres hijos, vive en Indiana. Su madre era cajera en un ‘car wash’ donde trabajaba. Salí con ella por un rato. Luego me metí en problemas, fuia la cárcel y nunca más la vi; 37 años más tarde en la era de los medios sociales y de Instagram empezó a conectarse con mi hijo y él me dijo que había una mujer que decía que era mi hija. Le hice algunas preguntas y las cosas que sabíame hicieron ver que quizás era cierto. Mandé a mi mamá a visitarla y se hicieron una prueba de ADN. Es mi hija. Así es que tengo seis hijos de tres matrimonios. Pero ahora tengo a una hija que nunca he conocido. Esto fue hace seis meses”.

¿Cómo te sientes con eso?

“Estoy muy, muy confundido con esto. Yo quiero verla, conocerla, conocer a mis nietos, ser parte de su vida. Pero no sé cómo será. Qué clase de relación puedo tener, cómo va a funcionar”.

Eres poeta. ¿Estás escribiendo últimamente?

“Escribí cuatro libros. Son historias cortas y poemas. Todo es autobiográfico. Cosas que pasaron en mi vida y cosas poéticas que significan algo para mí. Casi todo es muy oscuro. Yo era un mal bebedor. Yo podía beber dos o tres botellas de whiskey o de vodka en un día, sin ningún problema, durante cuatro o cinco años. Estaba borracho todo el tiempo y eso casi me mata. Fui al hospital varias veces. Hice cosas muy, muy locas. Me divorcié dos veces. Me pregunto cómo he vivido, honestamente. Tarde o temprano tienes que hacer las paces con Dios y dices ‘no quiero hacer esto más. Si quieres matarme mátame ya. Llévame ya’. Pero esperé y nada pasó. Así es que dije: ‘pues bueno, debo estar aquí’. No estoy predicando... Me tomo un vaso de vino de vez en cuando pero no bebo licor. Cambié muchas cosas, me enderecé porque pienso que soy bendecido y suertudo. Cuando paré de beber paré de escribir. No sé por qué”.

Entonces, ¿sí estás cansado de los tipos malos?

“No estoy cansado de ellos para siempre pero por un rato sí. Si alguien escribe algo muy bueno, lo hago. Como ‘Donnie Brasco’, que es un gran película. También ‘Kill Bill’, fue una gran película y yo tenía mucho que aportar a ese personaje. Todo depende de la escritura, que esté bien escrito el guion”.


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