Antonio Banderas está nominado a los premios Oscar y Goya por su actuación en la película "Dolor y gloria". (EFE)

Madrid - Cualquier espectador de cine, ya sea español o americano, del norte o del sur, sabe quién es Antonio Banderas: es el gato con botas de ojitos tiernos ("Shrek"), el zorro enmascarado de mil aventuras, y el malagueño más universal y sexy, y desde ya, "Salvador Mallo". Y, aunque no lo sabían, es un actor negro.

Esa historia, que fue rápidamente corregida, viene del comentario de prestigiosas revistas americanas como Deadline o Vanity Fair de que Banderas era "uno de los dos actores de color (negro)" candidato a los premios Oscar. Acertaron con la afroamericana Cynthia Erivo, pero Banderas, todo él, como el público ha visto muchas veces es blanco, salvo cuando se tuesta al sol de su casa de Marbella (Málaga, sur de España).

"Es como el último chiste que te han contado; me lo he tomado con humor, porque es que no me lo podía creer cuando lo leí en el periódico", dijo al respecto Pedro Almodóvar, para quien el comentario "no dice nada bueno de los medios americanos. Hay gente cateta en todos los lugares, incluso en Hollywood".

Catetos o de un racismo enquistado que viene de siglos atrás. Para el director Santiago Zanou, nacido en Carabanchel (Madrid) de padre africano, sólo hay un modo de entender que le llamen "negro".

"La cosa es qué significa ser blanco; desde el punto de vista del Ku-Klus-Klan, una sola gota de sangre negra significa que esa persona ya no es blanca. Pues creo que los españoles esa gota la gran mayoría la tenemos, como mínimo una, así que desde ese punto de vista todos somos de color, excepto algunos a los que les deberíamos preguntar si son racistas", ironizó el realizador de "El truco del manco".

Aunque Banderas no ha dicho nada al respecto, en la intimidad probablemente se habrá reído y habrá soltado algún chascarrillo andaluz, que le brotan de forma tan natural.

Pero ya lo dijo Claude Chabrol: "La inteligencia tiene sus limites, la tontería no".

Afortunadamente, casi todos los españoles y muchísimos habitantes del resto del planeta, saben que este año es el año de Antonio Banderas. Este 2020, en el que el más persistente chico Almodóvar cumplirá 60 años, Banderas está recibiendo -por fin- los premios que su architaquillera carrera le había negado siempre.

Desde que se convirtiera en alter ego del director manchego en "Dolor y gloria", con un esfuerzo que sólo ellos saben cuánto les supuso personal y profesionalmente, el malagueño se ha llevado once premios por esa interpretación, incluido el Premio de la Academia Europea.

Empezó con la Palma de Oro de Cannes y después llegaron los premios más prestigiosos de la crítica: de Los Ángeles, a Nueva York y la National Society of Film Critics a los españoles Feroz, y también de festivales como Palm Springs, los ASECAN de Andalucía, los Forqué, el San Jordi y el Hollywood Films Awards. Estuvo nominado al Globo de Oro, pero se lo llevó Joaquin Phoenix.

El sábado próximo le disputará su primer Goya como protagonista a su paisano Antonio de la Torre, al gallego Luis Tosar y al vasco Karra Elejalde.


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