Lakeith Stanfield, Tessa Thompson y Jermaine Fowler estelarizan esta comedia producida por Boots Riley. (Suministrada) (horizontal-x3)
Lakeith Stanfield, Tessa Thompson y Jermaine Fowler estelarizan esta comedia producida por Boots Riley. (Suministrada)

Durante los primeros cinco minutos del filme “Sorry To Bother You”, que estrena hoy en Puerto Rico, se puede apreciar que el título es completamente irónico. Boots Riley tiene toda la intención de activar el intelecto y deleitar al público con la farsa sociopolítica de su ópera prima.

Durante todo el filme, el cineasta evoca las tendencias surrealistas de Spike Jonnze (“Adaptation”, “Being John Malkovich”), pero en esta ocasión la promesa de que cualquier cosa puede suceder en pantalla registra más como una provocación y viene acompañada de una crítica social mucho más sagaz y tajante. 

La trama del filme gira alrededor de Cassius Green (Lakeith Standfield), un hombre afroamericano de Oakland que acepta un trabajo de telemercadeo sin la esperanza de que eso lo ayude a salir de su crisis económica.

 Sin embargo, su nuevo empleo lo lleva a descubrir que tiene la habilidad de adoptar una “voz blanca” que le permite vender cualquier cosa. Esto le trae un éxito inesperado que eleva su status económico y destruye por completo su compás moral. 

Dar más detalles de lo que sucede en la historia sería arruinar muchas de los virajes imprevistos que tiene el guin de Boots Riley. La clave de su efectividad reside en la forma en que la farsa se va manifestando desde detalles pequeños (los titulares de los periódicos que dejan claro la discrepancia económica de la ciudad) hasta que explotan en un clima que empuja mucho más lejos la analogía central de la ciencia ficción de los filmes de “Planet of the Apes”. 

De todo lo que explora el libreto del filme, lo único que no queda completamente claro es la historia secundaria que se le asigna a Tessa Thompson que interpreta a Detroit, la novia del protagonista.

El espíritu de anarquía del arte de este personaje se presta para momentos interesantes y Riley evita sabiamente minimizar al personaje como la conciencia del héroe. Aun así hay toda una sección del filme dedicada a crear un triángulo amoroso que resulta completamente irrelevante.

Afortunadamente ese es el único tropiezo del filme. Como director, Riley tiene la habilidad de acentuar perfectamente lo que es ridículo, incómodo o cómico en cada una de las escenas que lleva a la pantalla. El que el abismo entre la sociedad moderna y las “loqueras” del filme no sea tan grande le da una urgencia dramática al humor negro y cínico que distingue esta producción.


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