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La soprano lírica ofreció un concierto de arias y canciones famosas de finales del siglo XIX y principios del XX. Estuvo acompañana por la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico, dirigida por Maximiano Valdés. (Suministrada)

Liliana Gozález Moreno

Especial para El Nuevo Día

La soprano puertorriqueña Ana María Martínez, asesora artística de Houston Grand Opera, conquistó al público en el “Concierto Extraordinario” que presentó CulturArte de Puerto Rico en la Sala Sinfónica Pablo Casals del Centro de Bellas Artes, la noche del viernes.

Una audiencia de seguidores que, participando del espectáculo, hacía galas del conocimiento operístico al apresurar sus aplausos y ovaciones de ¡Brava! antes de finalizar el último compás de cada aria.

La soprano lírica ofreció un concierto de arias y canciones famosas de finales del siglo XIX y principios del XX; siete de ellas de óperas europeas (de los compositores Verdi, Gounod, Puccini, Bizet, Catalani, Dvorak y Massenet), y dos de emblemáticas zarzuelas cubanas (compuestas por Lecuona y Roig, respectivamente).

En sala, pareció que el concierto transcurrió en poco tiempo, probablemente por lo cercano del repertorio. Sin embargo, es válido acotar que no por trabajar con “lo conocido” la hechura de un espectáculo se convierte en algo simple. El concepto de producción artística que singularizó este programa de arias se concibió en dos partes, cada una compuesta de cinco piezas, colocando al inicio y al centro de ambas una orquestal.

La primera parte se inició con una obertura, un preludio entre las piezas vocales, y concluyó con la más famosa aria de la ópera “La Wally” (del italiano Catalani) inspirada en un cuento folclórico alemán que arrebató los mayores aplausos. La segunda parte comenzó con un intermezzo, al centro colocó un Ballet (instrumental) y finalizó con la Romanza y Entrada de las zarzuelas María la O y Cecilia Valdés.

Cabe señalar, en este segundo bloque, la recomendación de una mejor comprensión rítmica, acentuativa y de tempo, así como exploración del color instrumental de la percusión folclórica sugerida por Lecuona en la orquestación de "María la O, determinante en la comunicación que requiere la trama de la soprano.

Al repertorio referido en el programa de mano, se añade una última sección, la “Obertura” de la ópera Guillermo Tell (del compositor Rossini), agasajada por la orquesta como final triunfal, seguido por el aria “O mio babbino caro”, de la ópera Gianni Schicchi, de Puccini, para concluir con el himno patriótico borinqueño “Preciosa”, de Rafael Hernández, que fuera amplificado con microfonía en contraste con la presentación acústica que hasta el momento había realizado Martínez, y donde sumaba un público cantando a coro. Así, Ana María, hija de una puertorriqueña y un cubano, ofrendó un programa que sutilmente tocaba el alma de las dos islas del Caribe, invitando a una sutil conexión entre su biografía personal y profesional.

Sin dudas, el concierto de arias e interludios orquestales evocó en su conjunto cierta estructura de una ópera, pero con piezas tomadas de diferentes obras y compositores; transitando la soprano por los más diversos retos de cambios de tesituras vocales, caracteres dramáticos, exigencias técnicas, estilos de interpretación y exploración de culturas musicales que definían los personajes e historias representadas. El aria de la ópera “Rusalka”, de Dvorak, casi al final de la segunda parte, se llevó el mayor de los aplausos. Esta ópera forma parte de la discografía más reciente de la soprano.

La Orquesta Sinfónica de Puerto Rico, con la precisa y experimentada dirección de su titular Maximiano Valdés, se convertía en hilo conductor de una cosmopolita acción dramática, pausada por los aplausos, y las salidas y entradas de Ana María en el escenario al finalizar cada aria.

Si hablamos de escena, se produjo un ambiente cameral: no hubo representación dramática, desplazamiento actoral ni efectos escenográficos o de luces.

La sobriedad del vestuario y maquillaje mantuvo como única atracción escénica la atención en el canto. Martínez lució su virtuosismo técnico en los cambios de intensidad vocal, la limpieza de sus vibratos, la afinación depurada; mostró la maestría de cada uno de los fraseos de las arias, estudiados y logrados en su mínimo detalle, para entregar un estilo interpretación que no muestra otro reto en escena que el desafío intelectual. Afirmación esta que invitaría a un análisis más profundo de la manera en que la intérprete, estudia, explora y estiliza cada aria famosa, de lo cual tal vez tengamos oportunidad en su futura presentación en la isla el 23 de junio próximo.

CulturArte de Puerto Rico estuvo a cargo de esta producción, asumiendo el reto de programar a Ana María Martínez a solo dos días de realizarse el concierto. Promoción y boletería había sido convocada con el protagonismo de la soprano Angela Gheorghiu, que de manera imprevista, tuvo que cancelar su presentación. Martínez no sustituyó a Gheorghiu, sin dudas, ofreció un extraordinario y memorable concierto.


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