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Carlos Betancourt presenta su exposición retrospectiva en el MAC de San Juan. (David Villafañe)

Entre el artista puertorriqueño Carlos Betancourt y el poeta cubano estadounidense Richard Blanco hay tantas similitudes como contrastes. Sus búsquedas constantes de un lenguaje común en medio del multiculturalismo, versus unos caracteres que parecen ir de negro a blanco son curiosamente lo que los une en una amistad de más de dos décadas.

Esa relación la celebraron juntos en la noche del jueves a través del trabajo artístico de cada uno, que como sus vidas, tuvo oportunidad de cruzarse en el libro “Carlos Betancourt: Imperfect Utopia”, para el que Blanco escribió la introducción y que esa noche presentó ante cerca de 100 personas.

El encuentro se llamó “Noche de arte y poesía” y tuvo lugar en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), como parte de la retrospectiva “Re-Colecciones”, de Betancourt.

Presentado por la Marianne Ramírez Aponte, directora ejecutiva y curadora en jefe del MAC, Blanco tomó la palabra sin mucha formalidad. Fue espontáneo, gracioso y a la vez muy puntual en su exposición sobre la relación con su amigo boricua, anécdotas que hilvanó con sus poemas.

El primer hispano abiertamente homosexual que tuvo oportunidad de recitar su poema “One Day” durante la toma de posesión del segundo mandato del presidente Barack Obama compartió entusiasta cinco títulos de su obra, “America” –en el que elabora sobre las diferencias culturales a partir de la celebración del Día de Acción de Gracias- “Photoshop”, “Hyakutake”, “Some Days the Sea” –sobre la importancia del mar para los cubanos (como para todos los isleños)- y “Looking for The Gulf Motel”, inspirado por su vida en Miami.

La presentación pasó a una segunda etapa, ya con Blanco sentado en una butaca y la escritora puertorriqueña Mayra Santos Febres en otra. Así, entre preguntas y respuestas, se acercaron un poco más a la obra del poeta y a su vida.

Fue un intercambio genial. Santos Febres en un bien llevado “spanglish” interpeló al autor sobre cómo observa la identidad a través del cuerpo, porque este también es una prolongación de lo que somos. Él entonces habló de cómo estamos conectados a todo y eso va desde el origen del individuo, que en el caso de él, es Cuba.

Destacó la escritora el “ritmo” en la poesía de Blanco, que no se parece a la norteamericana, y quiso conocer también su definición de la nación estadounidense. En este punto, el invitado recordó un poema que escribió justo después del atentado terrorista en el Maratón de Boston en el 2013.

Dijo que ese evento lo hizo cuestionarse “¿eres tú lo suficientemente norteamericano?, ¿“amas lo suficiente a este país?” como para escribir un poema en torno al efecto personal que tuvo ese suceso.

Entonces vino a su memoria una de tantas frases y lecciones que recuerda de “la abuela”: “Uno no es de donde nace, sino de donde escoge morir”.

Esa figura femenina en su familia, según expuso, fue un pilar de vida, aun por encima de su homofobia, xenofobia y cualquier otra postura ultraconservadora. “Mi abuela me convirtió en escritor”, dijo “Ricardito”, como le llamaba el ser que bien pudo ser su enemiga, por las diferencias de criterios, pero fue su amiga, su consejera, su mejor hombro de apoyo.

La noche continúo con preguntas de la audiencia, que igualmente apuntaban a hacia el sentido de la identidad cuando hay tantas cosas que lo forman.


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