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En Santurce converge lo exquisito con lo grotesco, la prostitución se asienta en las mismas esquinas en las que por el día pululan jóvenes estudiantes de música, el hollín colinda con la opulencia de los museos y las pequeñas casitas de barrio van puerta con puerta con las antiguas casonas de sus años de gloria. Santurce, cangrejera, metáfora perfecta del Caribe donde conviven cielos e infiernos en una extraña armonía.


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