El “Trío Narrador” de la ópera está compuesto por Magda Rodríguez Lupeschi, (soprano) Melliangee Pérez, (soprano) y Fabiana González (alto). (horizontal-x3)
El “Trío Narrador” de la ópera está compuesto por Magda Rodríguez Lupeschi, (soprano) Melliangee Pérez, (soprano) y Fabiana González (alto). (Suministrada)

Una reunión dominical familiar en una casa campestre en San Lorenzo, la música de un programa radial de boleros y dos hermanos -Blanca y Joaquín-, que cada uno se enfrenta al primer amor, aunque sus ilusiones y expectativas respecto a esa “primera vez” son sacudidas por el machismo patriarcal.

Son los principales ingredientes de la ópera de cámara puertorriqueña “Si me ven llorando”, basada en el cuento “La novatada”, del escritor Carlos Vázquez Cruz, que se presentará el jueves 16, viernes 17, sábado 18 y domingo 19 de agosto en el Teatro Victoria Espinosa, en Santurce.

Si me ven llorando es una frase que se tomó prestada del bolero ‘Silencio’, de Rafael Hernández, que recoge en gran parte el espectro emocional de lo que ocurre en la trama”, explica el compositor de la partitura musical de la obra, Guarionex Morales Matos.

Sin embargo, destaca que los boleros se citan de una manera particular y la gente no los va a oír tal y como lo escucharon en la vellonera o la radio.

Es una deconstrucción melódica, armónica y textual, pero de una manera que son muy identificables”, indica el compositor, tras señalar que los textos permanecen intactos, mientras que el lenguaje armónico empleado también es un préstamo del mundo popular y de los boleros.

Mientras, explica que el lenguaje de vellonera moldea dramáticamente la cosmovisión de los personajes, y La Radio -compuesta por un coro de ocho voces mixtas-, funge como un “personaje esencial que abraza musicalmente toda la acción”.

Morales también resalta el trabajo del libretista Yamil Maldonado Pérez, que toma la obra literaria de Carlos Vázquez Cruz, “la adapta y la dispone para que yo componga la música”, así como la dirección escénica del dramaturgo Nelson Rivera.

Conexión con los boleros

Según el escritor Vázquez Cruz, la relación amorosa de Blanca y Joaquín está conectada por los boleros que transmite la radio en un programa dominical de dos horas.

Ellos se inician en el amor y pagan la novatada cada cual a su manera. Pero la música también nos presenta la programación que recibimos en relación con el amor, las expectativas y decepciones que cada uno va narrando. También tiene que ver en cómo la psiquis colectiva está engranándose por medio de esa música”, explica Vázquez Cruz.

El escritor menciona que el título de la canción de Rafael Hernández (Silencio) de la que se toma la frase que da título a la ópera, es importante porque todo lo que se va a ver “no es ajeno a la inmensa mayoría de la gente en Puerto Rico, no es ajeno a la noticia, no es ajeno a lo que pasa y todo el mundo lo ve, pero nadie lo habla”.

Aprendemos a vivir bajo el machismo y la música es un medio de reproducción. La gente que asista al teatro se va a identificar con el mensaje en tanto y en cuanto la palabra cantada proviene de ese estilo bolerístico. La obra se sitúa en el año 1985, pero en 2018 todo el mundo lo va a entender”, asegura Vázquez Cruz.

Sin embargo, el escritor no cree que el texto o la obra tengan que tener una moraleja o que el público la espere. De hecho, dice que la mera presencia de texto que denuncia es la crítica.

“No podemos subestimar a la audiencia o a mis lectores. Yo confío en que quien lee y quien presencia no es inocente y que a estas alturas del siglo XXI no tenga que presentarles moralejas. La gente sabe lo que está mal, con la mera presencia del texto o la mera representación. No es posible el amor dentro de un esquema machista, pero eso no significa que el amor no es posible. Significa que tenemos que cambiar la sociedad”, recalca Vázquez Cruz.

A eso se añade, explica el director musical, Daniel Tapia Santiago, que la puesta en escena está mediada por el maltrato y la violencia.

“Sin restar mérito al bolero, que es un género tan bonito y esas letras pueden ser muy poéticas, si uno analiza el discurso de muchos de esos textos, la forma en que presentan el amor quizás no es la mejor manera”.

En ese sentido, dice que todo está permeado por ese discurso que en ocasiones puede ser malsano al asociarse con el amor y las emociones “y crea ese contexto para que el libreto presente una situación de violencia a nivel familiar y a nivel social”.

De forma parecida se expresa el director de escena, Nelson Rivera, quien destaca que en la puesta en escena el machismo imperante en la sociedad va a estar muy presente. Pero de la misma forma, también va a estar muy claro que “no es posible el amor en una sociedad en la que existe el machismo”.

Espacio íntimo

Otra particularidad, agrega el dramaturgo, es que la puesta en escena es en un espacio reducido y, contrario a la gran ópera tradicional, en que la orquesta está escondida, aquí comparte el espacio con los personajes, por lo que también es parte de la acción.

Eso le va a dar la oportunidad al público de conocer las entretelas de lo que es hacer música, de lo que es hacer ópera. Para mí es una de las cosas más interesantes de este proyecto porque el espacio es más íntimo y el público está más cerca, por lo que se da una familiaridad que en un teatro más grande uno no tendría”, explica Rivera.

De hecho, Morales Matos indica que la sala del teatro Victoria Espinosa tiene cupo para 200 personas “así que el público va a tener una experiencia realmente cercana, tanto con los instrumentistas como con los cantantes porque prácticamente están fundidos con la escena”.

Se debe tener en cuenta también, agrega Tapia Santiago, que se trata de una ópera en la que se trabaja un tema puertorriqueño.

“A veces la gente piensa en ópera y cree que está muy lejos, que es algo con lo que no se puede identificar. Pero en este caso eso no pasa. Es una representación muy puertorriqueña y muy vigente, muy contemporánea en el sentido de que son temas muy actuales con los que todos se pueden identificar. Además de que hay una tradición de boleros que todos conocemos ya sea porque los escuchamos de nuestros abuelos o nos criamos con eso. Es algo que todavía está muy presente en nuestra sociedad”, sostiene el director musical, mientras destaca que el elenco está compuesto por diecinueve cantantes (cuatro de ellos alumnos del fenecido maestro Antonio Barasorda) y diez instrumentistas.

Además, la composición de la plantilla orquestal la integran un oboe, una flauta traversa, un clarinete en la, un fagot, un piano, tres cellos, un contrabajo, un tambor redoblante, un plato suspendido, una marimba, un triángulo, unas maracas y un güiro jíbaro.

“Cuando uno trabaja con música contemporánea, musicalmente presenta muchos retos que se abordan con entusiasmo. En esta obra tenemos músicos que son estudiantes avanzados del Conservatorio de Música y algunos cantantes que ya son profesionales. Este no es un género que cualquiera puede abordar, requiere de muchas horas de práctica y mucho entrenamiento previo para poder hacer lo que hay que hacer a nivel musical”, enfatiza Tapia Santiago.


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