Immaculée Ilibagiza tenía 22 años cuando casi un millón de personas fueron asesinadas en su país, Ruanda. (Suministrada) (vertical-x1)
Immaculée Ilibagiza tenía 22 años cuando casi un millón de personas fueron asesinadas en su país, Ruanda. (Suministrada)

Immaculée Ilibagiza tenía 22 años cuando casi un millón de personas fueron asesinadas en su país, Ruanda, en 1994. Entre ellos, su madre, padre y dos hermanos, además de amistades cercanas y compañeros de la universidad.

Ella logró sobrevivir gracias a un pastor protestante, amigo de la familia, quien la escondió en un minúsculo baño secreto, junto a otras siete mujeres. Un espacio tan pequeño que tenían que turnarse para sentarse o ponerse pie.

Allí, la joven estudiante de ingeniería mecánica vivió 91 angustiosos días “armada” de un rosario que su padre le había regalado y de una fe inquebrantable, aunque acepta que por momentos estuvo a prueba.

Vivir esa experiencia tan extrema, sin embargo, no doblegó el espíritu de Ilibagiza, quien lejos de buscar venganza o dejarse llevar por el odio, prefirió buscar a uno de los asesinos de su familia y le dijo “te perdono”.

Hoy, la autora del libro “Sobrevivir para contarlo”“El chico que hablaba con Jesús”, entre otras publicaciones, viaja por el mundo con el propósito de llevar un mensaje de sanación, esperanza y perdón. Pero, sobre todo, para difundir el mensaje de “la misericordia de Dios y para hacer un llamado a que perdonemos a quienes nos han herido”.

Cabe recordar que el genocidio ruandés comenzó el 6 de abril de 1994, luego de que el avión en el que viajaba el presidente del país, miembro de la etnia mayoritaria hutu, fuera derribado y todos sus ocupantes murieran. Tras el atentado, y por más de 100 días, extremistas hutus asesinaron a hombres, mujeres y niños de la etnia tutsi -a la que pertenecía Iligabiza-, generalmente a punta de machete, a los que consideraban culpables del atentado.

Precisamente, la escritora y conferenciante visitará por primera vez Puerto Rico para ofrecer su mensaje de esperanza durante un taller que se celebrará el 19 y 20 de octubre en la Parroquia María Auxiliadora, en Santurce. En entrevista telefónica con El Nuevo Día, desde su hogar en Nueva York, contó parte de su impactante historia de resiliencia, fe y amor.

“Primero quiero recordar que nuestra Virgen María predijo lo que iba pasar en mi país durante las apariciones que comenzaron en 1981. En uno de los mensajes, entre muchos otros, dijo que había mucho odio en el corazón de las personas y que iban a pasar cosas terribles en el país si no  acudíamos a Dios. Y, como nuestra Virgen predijo, pasaron cosas terribles”, explica Ilibagiza.

Tres meses de terror

“Cuando estuve escondida en aquel baño, vivíamos en terror constante. No podíamos hablar y ni siquiera movernos o hacer el más mínimo ruido. Teníamos mucho miedo de ser descubiertas porque si nos encontraban, era una muerte segura”, rememora.

Eran ocho mujeres de la etnia tutsi, que escuchaban impotentes los gritos de la gente en la calle mientras eran asesinadas. La casa donde estaban escondidas, además, era registrada periódicamente y hasta en un momento dado, uno de los asesinos estuvo cerca de la puerta del baño. Sin embargo, milagrosamente, no logró verla. 

En muy pocas ocasiones pudieron salir un rato de noche a un cuarto donde podían estirarse. Y, para alimentarse, dependían de lo que la familia que las escondía podía pasarles, generalmente, una vez al día. De hecho, cuando logró salir de su escondite, pesaba 65 libras, de 115 libras que tenía cuando entró.

Sin embargo, Ilibagiza afirma que encontró fuerzas en la oración y en la lectura de la biblia, a pesar de todos los contratiempos, necesidades y temores. “Rezaba el rosario hasta 27 veces al día y hacía hasta 40 Coronilla de la Divina Misericordia diariamente”, recuerda.

Explica que en sus oraciones le pedía especialmente a Dios que se mantuviera con ella, que no se alejara y que no permitiera que los asesinos las encontraran. Dice que también trataba de entender y se preguntaba “por qué estamos pasando por esto, por qué hay gente que hace cosas tan malas como ésta”,

“Yo tenía muchas preguntas y en ciertos momentos estaba muy enfadada y me preguntaba si era capaz de vengarme”, afirma al tiempo que acepta que tuvo momentos de mucha ira y resentimiento.

No obstante, mientras más oraba, más se daba cuenta de que lo que Dios le pedía era que perdonara, aunque al principio, admite, no podía entender cómo se puede perdonar a alguien que “te está buscando para matarte”. En su mente, dice que pensaba en ese concepto general que se tiene del perdón, de pedir disculpas, abrazar a la persona y olvidarse de todo.

Sin embargo, resalta que el perdón que “Dios me estaba pidiendo era también para que no tuviera odio en mi corazón, que reconociera que todos podemos elegir amar en vez de odiar y que si yo los odiaba, era una elección que hacía al igual que los que estaban matando”. Y mientras más oraba, más entendía por lo que había pasado nuestro Señor que estuvo en la cruz y perdonó”.

Fueron largos días y noches de dolor, miedo, meditaciones y  oraciones. Hasta que, finalmente, dice que  entendió lo que tenía que hacer si salía con vida de su escondite.

“El perdón llegó cuando no sentí más ira, cuando entendí que no tenía que competir con el mal, con los que me habían hecho daño. Y en vez de odiarlos, decidí orar por ellos y perdonarles. Cuando lo hice, sentí que mi corazón se llenaba de amor, que Dios me concedió la gracia del perdón para liberarme”, indica convencida Ilibagiza.

Por eso no es extraño que, cuando finalmente terminó la guerra fratricida, decidiera ir a la cárcel para visitar a uno de los asesinos de su familia. “Cuando lo vi, realmente sentí pena por él. Este era un hombre que, como le puede pasar a cualquiera, incluyéndome, había estado muy enojado durante toda su vida. Él perdió su familia debido a sus acciones, su egoísmo y la rabia lo llevaron a hacer lo que hizo. Y cuando lo vi, pensé que necesitaba orar por él porque, al final, también es un hijo de Dios. Ahí le dije que lo perdonaba”, afirma Ilibagiza, quien en el 2007 recibió el Premio Mahatma Gandhi por la Paz y la Reconciliación.

Más información

El taller con Inmaculée Ilibagiza será de dos días. El viernes 19 de octubre de 5:00 p.m. a 9:00 p.m., y el sábado 20 de 9:00 a.m. a 12:00 p.m. El costo es de $57 por persona, o de $76 para dos personas. El taller será en inglés con traducción simultánea al español. Su libro, “Sobrevivir para contarlo” se puede conseguir en las Librerías Paulinas de la avenida Roosevelt.

Para registrarte accede a su portal.

Para información adicional puedes llamar  al (787) 530-7435 con María del Mar Ortiz.


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