Nota de archivo: Este contenido fue publicado hace más de 90 días

 (horizontal-x3)
Bernardo Hogan y su esposa Susana Espinosa. (GFR Media/Archivo)

Por Pablo Arroyo León

Especial para El Nuevo Día

La apertura de la exhibición “Bernardo Hogan: una retrospectiva” —que se exhibe desde el viernes 16 de junio en el Museo de Arte e Historia de San Juan— fue algo así como un reencuentro familiar.

Los abrazos iban y venían entre quienes se dieron cita el viernes desde las 7:00 p.m. en el amplio patio interior del museo sanjuanero.

Y es que, según el curador de la muestra, José David Miranda, “la obra de Bernardo Hogan es una declaración de amor a sus amigos, a su esposa Susana Espinosa y a Puerto Rico”. Esa energía se hizo palpable entre los presentes, quienes abrazaron al artista, como sus manos abrazan el barro para moldearlo y convertirlo en el arte que ha sido reconocida internacionalmente por los pasados 50 años.

De hablar pausado y mirada noble, Medina asegura que Hogan es “un chaval de 95 años”, que conserva su jovialidad y empatía hacia sus colegas, amigos y alumnos.

Su breve mensaje de bienvenida evidenció el carácter sencillo que describen sus allegados. “No me alcanza para dar las gracias a todas las personas que cooperaron con esta exposición”, dijo Hogan y aprovechó para desearle suerte a quienes apenas se inician en las artes.

Un mar de color

Ya dentro de la sala José Campeche, el jolgorio familiar continuó entre suspiros de asombro provocados por la exhibición. “Cuando entré a esa sala y vi ese mar de colores en las obras de Bernardo, me eché a llorar”, confesó por su parte el escultor y ceramista Jaime Suárez.

La exposición repasa los 50 años de carrera del artista nacido en Argentina —aunque puertorriqueño por adopción— dividida en diez etapas de evolución, que se recorren en media hora. “Imagina lo complicado de resumir medio siglo en un recorrido de media hora”, explicó Medina, el curador de la muestra, a El Nuevo Día. “Diría que lo más complejo fue ubicar las obras, porque muchas están fuera del país. Además, tuvimos la suerte de contar con el apoyo de muchos coleccionistas que pusieron sus piezas a nuestra disposición”.

El resultado es un trayecto que inicia con las piezas monocromáticas de comienzos de su carrera, para luego mostrar la incorporación de las texturas y el color. “Finaliza con lo que llamo la de construcción de la vasija”, agrega Medina.

Los amores de Bernardo

La aportación de Hogan a la plástica puertorriqueña no se limita únicamente a su extensa obra como ceramista —que en 1982 le valió la medalla de Oro en el prestigioso Concurso Internacional de la Cerámica de Arte en Faenza, Italia. Según sus colegas, su mejor legado es la empatía que muestra para con sus colegas y alumnos. Muchos de ellos, se enamoraron de la cerámica a través de sus clases en Casa Candina, de la que fue integrante fundador.

Pero lo que más valoran es su calidad humana. “Cuando le pidesun consejo, ese consejo de reflexión siempre lo da desde el respeto hacia tu persona. Tiene la capacidad de la empatía. Para mí, además de su obra, eso lo hace grande”, concluyó Medina.

La exposición continúa a partir de este 16 de junio en el Museo de Arte e Historia de San Juan, en la Calle Norzagaray.


💬Ver 0 comentarios