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Los delicados sonidos nocturnos del bosque caribeño, el contrapunto del coquí , la melodía de los pájaros del alba, la caricia de la suave brisa isleña: atmosférica evocación que sirve de introducción a una “celebración del día” acompañada por el ritmo del “seis mariandá”. Se trata de una deliciosa escena campesina pintada con su acostumbrado buen gusto por el compositor puertorriqueño Ernesto Cordero.


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