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Los primeros recuerdos de Luis Armando Lozada Cruz, quien se convertiría en Vico C, son los de un niño de cuatro años mirando hacia el techo de su casa durante largas horas. Así se comenzaron a tejer sus sueños en un mundo de fantasía, en el que todavía a los 38 años se refugia para crear canciones, encontrar paz, comunicarse con seres que sólo existen en su imaginación o simplemente para conciliar el sueño.

“Me la pasaba pensando, haciéndome preguntas, saliendo del cascaron con mis ilusiones y fantasías de niño. Todavía lo hago, en vez de ver televisión, me invento historias con jugadores de baloncesto con nombres originales, personajes que han variado, porque el baloncelista de los 80 ya está retirado. Jugaba a ser un Dios que ponía y quitaba a su antojo”, revela el rapero.

Ese mundo para el llamado “filósofo del rap” es un síntoma común del déficit de atención e hiperactividad (ADD) que padece. De hecho, su nombre artístico tiene relación con su condición, que lo ha convertido en un solitario. “Teníamos una vecina, doña Vica, que vivía amargada como yo. Y la C vino después cuando comenzaba a rapear por una amiga que me lo sugirió porque estaba de moda entre los raperos”.

A los seis años, cuando cursaba el primer grado, un año después que sus padres se mudaran aquí desde Nueva York donde él nació, Vico fue premiado como el estudiante más sobresaliente del distrito de San Juan. Fue un orgullo para la familia que provenía del Residencial Las Acacias de Puerta de Tierra, donde se crió.

Pero poco les duró el orgullo, porque a esa edad también formó su primera ganga. “Nos llamamos ‘Los rubios’, porque yo era canito de pelo rizo, pero bueno, otros eran jabaos, y declaramos a los negros enemigos. Como era el líder, me convertí en corrupto. Vendían bizcochos y jugos en los salones, y como estaba pelao, les pedí una cuota para comprar cosas para la ganga”.

A pesar de que venía de una familia estructurada, trabajadora (su papá se ganaba la vida como mollero), el penúltimo de cuatro hermanos se dejó arrastrar por malas influencias. “Con el tiempo entendí que esos loquitos que conocí eran así porque venían de hogares destruidos. Yo no era malo, sino creativo, pero los que admirábamos era a los bichotes, los únicos líderes respetados y temidos que conocíamos. Ellos dictaban el comportamiento a seguir, hasta el tumbao al caminar. No imitábamos a la Policía porque no los veíamos como amigos, no conocíamos doctores y los maestros sólo cumplían con su trabajo. Soy un producto del bajo mundo. Mis amigos de entonces están hoy siete pies bajo tierra”.

Irónicamente, no fue estando en ese mundo que el intérprete de “Babilla” se inició en las drogas, vicio que lo llevó hasta la cárcel. “Fueron los medicamentos que me dieron cuando tuve un accidente en motora. Lo primero que me pusieron fue morfina y fui hospitalizado 5 ó 6 veces. Lo mío fue gradual, primero me 'juquié' con las pastillas para la depresión porque pensaba que no iba a caminar más, luego la mariguana y la cocaína. Luego le entré a la heroína hasta que tomé una decisión drástica de mudarme a Orlando y meterme en un centro de rehabilitación y enfrentarme a mi infierno”.

Para muchos, Vico C es el precursor de la música urbana en la Isla, que comenzó de la mano de DJ Negro, pero más allá de si llegó antes o después que otros, el rapero logró que lo escucharan por sus letras sociales y su filosofía callejera.

“Aunque no llegué a la universidad, nunca paré de educarme, he leído libros de Historia y de fundamento cristiano que me sirven para conocer el comportamiento humano, a escribir y a entenderme mejor. Lo bueno de ser líder es que puedes ser autodidacta y no tienes que seguir las estupideces de otros”.

El artista se casó por primera vez a los 18 años con Millie, la madre de su hija Marangelly, de 19. El matrimonio duró poco, y luego se volvió a casar con Sonia Torres, con quien procreó sus otros tres hijos, Luis Armando, de 16, Luis Gabriel, de 13 y Ennie, de 10. Todos han sacado la vena de artista de su padre.

Actualmente, Vico enfrenta una crisis matrimonial con Sonia que ha tomado un matiz de escándalo y que le ha afectado emocionalmente. “Ella está presente siempre, es la mujer que amo y sabe qué se tiene que hacer, aun dentro del negocio. Me ayuda por instinto”, dijo el cantante antes de que salieran a la luz sus problemas matrimoniales.

A punto de que su vida sea contada en el musical “La historia”, que estrena el 9 de julio, Vico afirma que es un hombre íntegro. “No hago nada que Dios no apruebe, no menciono al Señor en mis letras, pero no lo ofendo con ellas. Es un sacrificio, porque lo negativo es más aplaudido. Las generaciones crecen más atrevidas y esto es un negocio”, concluye.


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