El artista Miguel Luciano expresó sentirse honrado de representar a su comunidad. (vertical-x1)
El artista Miguel Luciano expresó sentirse honrado de representar a su comunidad. (Suministrada)

Nueva York - Antes de vivir en Nueva York, uno de los lugares a los que Miguel Luciano solía regresar sin cansarse era El Barrio porque se trataba del “centro simbólico de la comunidad puertorriqueña en Nueva York”. Esa conexión afectiva que ha marcado a este artista multidisciplinario ahora se vuelve el epicentro de su producción durante la residencia para la que ha sido seleccionado por el Metropolitan Museum of Art of New York (MET).

No se trata, sin embargo, de la típica residencia. La Civic Practice Partnership se ha diseñado para artistas en Nueva York comprometidos con el cambio social. Luciano y la coreógrafa Rashida Bumbray son los elegidos para estrenarla y colaborar durante un año con el MET y sus comunidades.

“Me siento honrado de estar en este proyecto, pero también honrado de representar mi comunidad”, explica el artista sanjuanero a El Nuevo Día.

Por medio de este programa y otros proyectos actuales, Luciano cuenta que ha querido examinar las formas en que la comunidad se cuida y conecta, los unos con los otros, durante periodos de crisis.

“Estoy interesado en cómo nuestras comunidades han lidiado con la crisis, desde la era de los derechos civiles hasta el presente poshuracán María. Me interesa poner a conversar estas historias, mirando cómo nuestras comunidades han respondido y resistido con soluciones en vista al fracaso del gobierno”, abunda.

Poco antes que trascendiera la noticia de la residencia, Luciano ganó un “fellowship” de A Blade of Grass, una organización que apoya, precisamente, a artistas cuya obra destila compromiso social. Y en 2017, la Surdna Foundation le otorgó una subvención en apoyo a su trabajo “Island/Inland PROMESAS” en el que se sumerge en la crisis económica, política y social en la isla y su impacto en la diáspora.

Actualmente, Luciano trabaja en un proyecto sobre la historia del activismo de la comunidad puertorriqueña en El Barrio, centrado en los Young Lords, el grupo de jóvenes que a fines de los sesenta se organizó en nombre de la justicia social.

Ese tema que anteriormente ha explorado artísticamente lo retoma con el vigor de la conmemoración del 50 aniversario de la organización. A través de un proyecto de arte público con el Museo del Barrio, Luciano usará fotos de acciones de los Young Lords en El Barrio para crear “billboards” que se colocarán en el lugar donde esas imágenes tuvieron lugar y así, como dice, “reactivar la memoria visual de esos momentos”.

El proyecto responde, a su vez, al Barrio como esa comunidad cambiante que como otras partes de la ciudad se está gentrificando. Como articula Luciano, este trabajo reclama la historia puertorriqueña de este vecindario y recuerda que “que estas son personas e historias que siguen vivas y a las que nos sentimos conectados”.

A juicio de Luciano, mediante este proyecto, la conmemoración se entremezcla con el recordatorio del poder comunitario.

“Son imágenes de resistencia y 50 años después, estamos en ese espacio de resistencia, trabajando en muchos de esos mismos temas. Salud, vivienda, alimentación, educación. Esas eran las preocupaciones de la comunidad y los temas centrales alrededor de los cuales se organizaron los Young Lords”, menciona del proyecto que incluirá recorridos e involucrará a activistas de la alimentación y la justicia alimentaria de la isla para que dialoguen con otros que como ellos gestionan proyectos de sostenibilidad alimentaria en El Barrio.

La misión es ese intercambio en vías de establecer una red de apoyo entre la isla y Nueva York alrededor de esas agendas paralelas.

A través de su producción creativa, Luciano ha jugado como un malabarista entre la escultura, la pintura, la fotografía, la instalación y el arte público. Pero si hay un elemento que late con prominencia en su obra es la historia, en un cruce deliberado que hace con el presente para retar narrativas dominantes, como ha dicho.

Esa fascinación tiene mucho que ver, según él, con las historias que no se están contando o “las limitaciones de lo que recibimos como una historia”.

La investigación compone la primera fase de su residencia, y tanto el trabajo creativo que está haciendo en la comunidad como su indagación de la representación de Puerto Rico en el museo integran su exploración. “El MET es que es un repositorio enorme de diferentes historias del mundo. Y a través del museo, no solo hay una oportunidad para aprender de estos ‘issues’ sino para aprender cómo se cuentan las diferentes historias y pensar en lo que no se está contando”.

Luciano todavía no sabe qué resultará de la obra que cree durante esta residencia pero mientras tanto agradece que la mirada del MET se haya volcado en artistas con prácticas, como la suya, centradas en el pulso comunitario.

Por ahora su arte estará latiendo en El Barrio, el vecindario donde cuando visitaba la ciudad le emocionaba verse a sí mismo y a su cultura representada. “Nunca me olvidaré de eso. Mudarme aquí fue algo especial porque siempre quise vivir en El Barrio”, rememora con la mirada hacia las amplias ventanas que le muestran parte de su comunidad. La vida ahora le ha obsequiado la posibilidad de continuar hurgando esa historia desde la comunidad que siente suya.


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