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En todas las fotos con las que convive en su apartamento -y mire que son muchas y los personajes que la acompañan variados- Mercedes López Baralt exprime vivencias. Lo dicen los ojos brillantes y la sonrisa entera. Vive, lee y cuenta; y sepa que los verbos pueden cambiar de orden porque el resultado es el mismo.

Cuatro décadas ininterrumpidas trabajó en el Departamento de Estudios Hispánicos en la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras, esta devota de la palabra. Y la palabra escrita por distintos autores provocaron más de una vez el estudio minucioso de la profesora con su posterior documentación.

Lo hizo con Luis Palés Matos, con Federico García Lorca con Felipe Guaman Poma de Ayala y con el Inca Garcilaso de la Vega, entre otros. Los últimos dos, autores peruanos en la época colonial, le han permitido presentar novedosas maneras de entender sus posturas.

Solo a la literatura peruana le ha dedicado seis libros: El retorno del Inca rey, Ícono y conquista: Guaman Poma de Ayala; Guaman Poma, autor y artista; Las cartas de Arguedas -editadas junto a John V. Murra; Comentarios reales y La Florida del Inca Garcilaso; y El Inca Garcilaso, traductor de culturas.

Por esto a nadie le sorprendió que la Universidad de San Marcos, fundada en 1551 siendo así la primera en las Américas, le otorgara la distinción de Profesora Honoraria. Agustín Alvarado Prado, profesor de San Marcos y estudioso de la obra de Mario Vargas Llosa, la postuló.

“Estoy en las nubes, flotando”, cuenta “estrenando asombro”, frase que tantas veces ha usado su colega y amigo Luis Rafael Sánchez para referise a ella, “el honor que me confirieron es un sueño que nunca soñé. Me llegó de sorpresa”.

Presta a coleccionar una nueva experiencia, a la vieja Casona de la universidad situada en Lima, López Baralt acudió el mes pasado. Al recibir el galardón dictó la lección magistral El Inca Garcilaso, nuestro primer gran escritor.

Desde el último piso del condominio en Hato Rey donde vive, en el que a diario escoge si aprecia la urbe y el mar o la montaña, López Baralt sostiene que siente “una empatía enorme con Garcilaso”. “Él es mestizo, nosotros mulatos, él sabe lo que ha sido el coloniaje”.

Garcilaso fue un escritor entre dos aguas. Nació en el Cuzco (hoy Perú) de la unión de una princesa inca y un capitán español. Experimentó lo mejor y lo peor del choque entre ambas culturas a las que pertenecía.

“Yo lo ví primero como historiador y luego como antropólogo. Después lo ví como nuestro primer gran escritor”, cuenta la estudiosa que ha visitado siete veces el país andino.

Para ésta, “cada lectura te entrega más secretos del escritor y la distancia le permite a uno ver ciertas cosas”.

Así que entre la prosa “sencilla, elegante y serena” que definió el trabajo de Garcilaso encontró -como otros- su vigencia temática, su calidad como cuentista, su capacidad para generar poemas en prosa, crear personajes y “diálogos estupendos”. Pero también descubrió -y eso otros no lo habían notado- que el autor se desdobló en el personaje “Inca viejo”.

“Detrás de esa serenidad enorme que aprendió del neoplatonismo renacentista, que exalta el valor de la concordia, aparecieron fisuras. Qué haces con tu dolor, qué haces con tu rabia. Tuvo una catarsis maravillosa en el Inca viejo que era disque un tío viejo que contaba relatos incas. En ese Inca viejo pone la rabia y los gritos que se ha tragado, ese inca grita, maldice y reniega de la conquista. Hasta este momento, esto lo veían como un recurso literario que le servía para contar antiguas tradiciones. En la conferencia lo recibieron maravillosamente bien”, menciona López Baralt.

La caribeña descifró al Inca.

Y ENTONCES LORCA

Una de sus fotos preferidas la muestra cantando junto al español Paco Ibáñez el tema Palabras para Julia. “La cantamos en catalán”, cuenta divertida.

Palabra cantada, hablada o escrita. Da igual. Su misión es descifrar los múltiples significados que acarrean.

“La literatura es nuestra embajada errante”, sostiene, “es la que nos da a conocer así que es una labor patriótica difundir lo que se hace”.

Aunque lo mejor de los viajes, insiste, es regresar particularmente a “la luz preciosa” de su isla, Perú la llama de nuevo. El director de la Biblioteca Nacional peruana, Ramón Mujica Pinilla, la invitó a ofrecer en marzo la charla magistral sobre Federcio García Lorca, Solo el misterio nos hace vivir: Lorca y la poética del enigma.

“Yo a Lorca lo tenía metido en la cabeza desde chiquita. Mis papás nos recitaban a Lorca a mi hermana Luce y a mi”, cuenta recordando, quizá con nostalgia por los declamadores, los versos del Romance de la luna llena. Cuando regresó a Lorca con otra madurez se regodeó en su poesía.

“He tenido el privilegio enorme de dedicarme a lo que amo”, menciona la crítica literaria que aún escribe en el escritorio que heredó de su padre, “para mí estar en el salón de clases y escribir es una fiesta”.

Contagia deseos de seguir descubriendo “la belleza” que igual ofrece un poema, una canción, una flor o una imagen. “El secreto es este: tengo vocación de dicha. La vida es dura, hay que adornarla”, culmina.

Tres caprichosos compañeros la esperan: Anubis, Amarello y Arenita del mar. Belleza felina a la carta.


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