La muralista puertorriqueña Damaris Cruz crea obras de arte en espacios abandonados. (horizontal-x3)
La muralista puertorriqueña Damaris Cruz crea obras de arte en espacios abandonados. (André Kang)

Es difícil no fijarse en el trabajo que realiza Damaris Cruz en  estructuras abandonadas. Al pasar frente a una de las casitas o edificios que cubre con fotografías de escenas cotidianas a gran escala, lo menos que uno puede hacer es detenerse a mirar, aunque sea un momento. Muchos no pueden aguantar la tentación de tomarse fotos frente a ellas o examinar los detalles de su propuesta, tan simple y a la vez tan conmovedora.

Damaris sabe el impacto que tiene lo que hace, pero su reacción a los comentarios y halagos de la gente es humilde. A veces le cuesta creer cuánto gusta su trabajo.

Nacida en San Juan, hace 31 años, esta artista comenzó realizando su trabajo a una escala mucho más pequeña, sobre canvas. Entonces pintaba inspirada en las fotografías que tomaba, pues desde los 9 años se enamoró de las posibilidades que ofrece la cámara. Ese interés por la fotografía la llevó, un tiempo más tarde, a formar su propio estilo utilizando primordialmente imágenes reales.

“Me di cuenta de que para qué voy a pintar si mi medio es la fotografía. Aunque sí llegué a hacer exhibiciones de mis fotos, eso no me llenaba del todo. Me gustaba más la idea de crear algo con ellas”, explicó.

Mientras colaboraba con amistades del mundo del arte en distintos proyectos, surgió la oportunidad de crear  en una casita abandonada para hacer una obra durante  una de las primeras ediciones del evento Santurce es Ley. Damaris pensó que no podía ser tan difícil replicar allí la técnica que ya practicaba. La misma consiste en cubrir el espacio con pedazos de papel de guía telefónica y colocar encima, a modo de mosaico o rompecabezas, cada una de las fotografías que escoge para lograr la escena.

Damaris prefiere armar las figuras de esta forma porque le interesa que la imagen luzca lo más natural posible y la mejor manera de lograrlo es “abrazar” las paredes poco a poco con el papel.

La primera casita que hizo en Santurce muestra a dos mujeres abanicándose y la segunda, a las mismas mujeres, tomando café (aunque la pieza se llama 'La hora del té'). Igual que en la mayoría del resto de sus obras, Damaris es una de las chicas que aparece en la composición. La artista explicó que ser modelo para sus creaciones es, en parte, una necesidad, debido al poco tiempo que suele tener para idear los conceptos con los cuales trabaja. Pero además, retratarse disfrazada junto a amigas es una costumbre que ha seguido   durante años,  todos los 4 de julio.

Sin embargo, a veces encuentra personajes que la inspiran o capturan perfectamente la esencia del lugar donde estará la obra. Es entonces cuando decide convertirlos en sus modelos. El resto del paisaje que crea, está formado por algunas de las cientos de imágenes de plantas, animales y elementos que tomó durante un período que fue  “una psycho” de la fotografía.

A pesar de haber hecho ya muchos trabajos de este tipo, algo que conmueve a Damaris constantemente es la respuesta de la gente. Especialmente, el hecho de que muchos quieran proteger sus creaciones a pesar de que ella las concibe, sin ningún problema, efímeras.

“Me explotó la cabeza… Me tripeó, porque supe lo que les enternece. También me gustó la idea de que a la gente terminaba gustándole tanto y tanto la pieza, que si pasaba  algo en una de las casitas, era como si se hubiera muerto alguien. Sufrían la pérdida. Y ese sufrimiento me hizo pensar: ¡wow!,  trabajar en la calle genuinamente te da un ‘feedback’ real. No hay puntos medios: o te aman o te odian”, reflexionó.

Hasta la fecha, Damaris ha realizado murales en  Santurce, Salinas, Ponce, Puerta de Tierra el  Museo Las Américas  de San Juan, Río Piedras y Vieques, entre otros municipios. Fuera del País, su trabajo se encuentra en Ecuador, Nueva York  e Israel. A este país, la puertorriqueña llegó por invitación de la organización    Artists for Israel. Allí trabajó un mural de 50 pies de alto que muestra a una chica (ella misma) recogiendo chinas de un árbol. Esta fruta es el principal cultivo de la región que visitó.

Para hacer dicho mural, Damaris recibió como pago los gastos de viaje, estadía y materiales. Pero otras veces, la inversión en las obras corre por su cuenta. El significado de ciertos trabajos, como uno que realizó en una comunidad de Ecuador devastada por un terremoto, le importa más que cualquier cosa.   

Es que la mente de Damaris está poblada de  muchísimas estampas que desea  plasmar donde quiera que una pared o una casita deteriorada quieran guardar, como un tesoro, un recuerdo.


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