Nota de archivo: Este contenido fue publicado hace más de 90 días

C uando, en junio del 1999, cundió en Puerto Rico la noticia de que una joven boricua, estudiante en Colombia, había sido secuestrada por la guerrilla de ese país, el Lcdo. José Enrique Colón Santana sintió que debía hacer algo. Impulsado por su nobleza natural y por los valores de solidaridad adquiridos durante una juventud dedicada a causas sociales, cuando se asomó a la experiencia de Solentiname (la comunidad de reflexión y trabajo establecida en las islas de un lago nicaragüense por el entonces sacerdote Ernesto Cardenal), se puso en acción. Habló con gente que consideraba clave; fue a México, luego a Colombia, se entrevistó con el comandante Edgar del Ejército de Liberación Nacional de Colombia (las guerrillas) y consiguió la promesa de que Rosa de la Cruz sería liberada.


💬Ver 0 comentarios