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Parecía casi un baile. La tecla se presionaba con fuerza y la pequeña palanca dejaba la marca en el papel. El rodillo se movía dando espacio a nuevas letras que, juntas con ingenio, contarían historias al son del tac, tac, tac del tecleo esforzado. Invento genial la máquina de escribir.

Y aunque sean tiempos de teclados sofisticados, a juicio de la artista Myritza Castillo ese objeto sigue despertando fascinaciones, lecturas y sobre todo invitaciones a contar. De esa idea parte su nueva propuesta plástica “Writing Stories” que abre al público este domingo 20 a partir de las 3:00 p.m. en la galería Espacio 304, ubicada en el #304 de la calle Eleanor Roosevelt en Hato Rey.

Quince dibujos en variado formato integran la exposición en la que la artista busca regresar a las cosas básicas, “esos relatos que nos tocan en lo profundo y de alguna manera impactan nuestra formación, volver a lo básico y recordar lo que somos”, expone Castillo, quien se enfocó en modelos de maquinillas dentro del periodo de los años 20 a los 60, particularmente por sus valores estéticos.

“Básicamente, trabajo la idea en principio porque tengo un pequeño fetiche con las maquinillas. Como objeto me resultan de gran interés. Poseen una carga de un pasado reciente que se relaciona con la narrativa de las historias para producir historias”, comenta Castillo, quien anteriormente trabajó el proyecto “Little Stories of Collective Subdreams”, en el cual la artista comenzaba a escribir una historia en una máquina de escribir y el público la continuaba.

Proyectos como ese, de performance, video e instalación, han sido una constante en su obra, que ya ha sido expuesta en Estados Unidos, Europa y Latinoamérica.

“Esto ha sido una especie de paréntesis en mi carrera. Tenía muchas ganas de trabajar esas mismas ideas pero desde el dibujo”, dice la artista cuya fascinación con las maquinillas nació más o menos a los doce años, cuando observaba a su abuela Antonia Rodríguez de Irizarry escribir sus crónicas de los viajes que realizaba en una antigua máquina de escribir color verde pastel con teclas negras. De ahí nació el libro “Peregrina por el mundo”.

“Crecí rodeada de ese objeto y recuerdo apreciar lo difícil que es escribir a maquinilla, esas teclas separadas que para nuestra generación resultan tan complicadas porque tenemos esos teclados cómodos de las computadoras”, narró la artista cuyo interés en las máquinas de escribir parte de su aprecio por el objeto y su función, y no de un interés en desarrollarse como escritora.

En cuanto al uso de tonalidades de colores brillantes, la artista explica que se trata de trabajar desde un discurso que, más allá de la nostalgia, celebra el objeto. “Es como un remate pop que nos hace recordar objetos más actuales. Es un homenaje al atractivo y al diseño industrial y el boom que tuvo a principios del siglo XX. Esos colores las convierten en objetos pop”, explica la artista cuyo interés particular es en las maquinillas de ese periodo escogido, pues en los 70, con la entrada de máquinas de escribir más rápidas y de plástico, de alguna manera podría decirse que se perdió la magia.

“Estéticamente, las que trabajé son las que me parecen atractivas, eran piezas espectaculares y eficientes”, anota la artista ganadora de la Beca Lexus para Artistas en el 2009 y quien integra la selección de los 50 artistas emergentes puertorriqueños menores de 35 años del libro Frescos. Permanecerá expuesta hasta el 9 de abril de 2011.

Para más detalles: www.galeriaespacio304.com.


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