El edificio se vio seriamente afectado con la construcción del Tren Urbano.

Han pasado 20 años desde que el Museo de Historia Antropología y Arte (MHAA) de la Universidad de Puerto Rico (UPR) cerró el ala oeste de su edificio debido a los daños que provocó en la estructura la construcción del Tren Urbano.

Aquel gran proyecto de transportación pública, cuya construcción superó los $2,200 millones, dejó al primer museo construido en la isla seriamente lastimado. Para llevar a cabo la estación Universidad, que queda debajo de la institución, se tuvo que excavar, provocando que cediera parte del terreno donde queda el museo diseñado por el arquitecto alemán Henry Klumb y que constituye una obra importante en la historia de la arquitectura moderna en Puerto Rico.

Esta situación afectó toda la parte oeste del edificio, donde estaban ubicadas las salas permanentes. Las losas y las paredes se agrietaron de forma acelerada, por lo que el museo se vio obligado a cerrar el área.

En ese momento, el MHAA ya había comisionado al arquitecto Manuel Bermúdez -quien había trabajado con las mejoras al depósito de obras (1991-1993)- un diseño para remodelar esa ala del museo. Pero debido a la construcción del tren y los daños provocados, se pospuso ese trabajo con el interés de retomarlo una vez inaugurara el ambicioso proyecto de transportación pública. Cuando concluyó, sin embargo, la Universidad de Puerto Rico carecía de fondos para llevar a cabo las mejoras.

Así llegó el 2018, año en el que finalmente han comenzado los trabajos de rehabilitación, luego de que la directora del museo, Flavia Marichal, lograra conseguir $1.2 millones para el proyecto.

“Para nosotros es tan importante porque son 20 años de lucha”, expresó Flavia Marichal desde uno de los corredores de la estructura, ubicada a la entrada del Recinto de Río Piedras de la UPR.

El dinero finalmente se consiguió gracias al proceso de acreditación del museo porque cuando iniciamos el proceso los acreditadores se dieron cuenta que el museo funcionaba bien administrativamente pero el edificio no estaba en las condiciones óptimas para ser acreditado. Así que la American Alliance of Museums le dio a la universidad un año para que decidiera qué iba a hacer con el museo. En ese año la rectora interina de ese momento, Ethel Ríos Orlandi, asignó $500,000 y entonces administración central decidió dar los otros $500,000 y quedaba un dinero del seguro del Tren Urbano que se integró a ese presupuesto”, explicó.

Para el museo, esta renovación representa volver a contar con su sala permanente para ubicar las colecciones de historia, antropología y arte, incluyendo la obra maestra “El Velorio”, de Francisco Oller y Cestero, la cual se exhibe actualmente en la sala temporera, la única con la que cuenta el museo desde 1999.

Rehabilitación

El arquitecto Manuel Bermúdez, quien es profesor de la Escuela de Arquitectura de la UPR y ha investigado exhaustivamente la historia del edificio, es el encargado de esta importante renovación, la cual incluye la rehabilitación de la sala permanente y mejoras a los baños y lo que será la tienda del museo.

“Será un trabajo un poco delicado porque vamos a tener que remover parte de la losa estructural, la losa de piso del museo. Se van a remover las paredes para sacar el terreno malo, luego se va a poner terreno bueno, se va a volver a tirar la losa de hormigón, la terminación de terrazo integral y se van a volver a hacer las paredes”, indicó el arquitecto, toda vez que agregó que como parte de los trabajos también se cambiará el sistema de iluminación de la sala temporera y se sustituirá el sistema de extinción de incendios del depósito de obras por uno de gas. “Se va a arreglar el ala oeste, pero todo el edificio de alguna manera se va a actualizar”, dijo.

Bermúdez, además, ha diseñado un pabellón que se integrará a la estructura y que sustituirá a la terraza abierta que aparecía en el esquema original del arquitecto Henry Klumb, la cual nunca se construyó.

“No será como una estructura, sino que se verá como un espacio abierto pero que proteja del tiempo. Tendrá un techo transparente y las paredes serán en metal, pero con perforaciones, para que se puedan hacer actividades y talleres”, expresó sobre su propuesta.

El arquitecto recordó que el edificio del MHAA, que comenzó a construirse en 1958 y se inauguró un año después, fue uno de varios que la UPR le comisionó a Henry Klumb a finales de la década del 40. Los primeros en construirse fueron la biblioteca José M. Lázaro, el Centro de Estudiantes y el Centro de Facultad, pero cuando tocó el turno al museo no había dinero suficiente. Casi una década después aparecieron fondos y se pudo construir la primera fase del proyecto, el cual nunca se concluyó.

“Klumb hace un proyecto que eran 45 mil pies cuadrados, pero le dicen divídelo en fases porque no hay dinero para hacerlo completo y él lo divide en fases. Pero finalmente lo que se construye no es una de esas fases que él había hecho, sino que es algo diferente que al final acaba con 15 mil pies cuadrados que es una tercera parte de lo que iba a hacer el museo”, contó Bermúdez. Como dato curioso recordó que las salas de exhibición permanente nunca se hicieron, por lo que se habilitó “provisionalmente” lo que era la biblioteca del museo como la sala permanente. Así permanece.

“Es interesante porque lo mismo que sucedió para que naciera el museo ha seguido sucediendo. Es como su DNA”, comentó sobre el rumbo de esta institución que a pesar de los obstáculos ha hecho y sigue haciendo un trabajo importante con respecto a sus exhibiciones y sus programas educativos.

“Siempre me ha asombrado cómo logran hacertanto con tan poco. Esa sala temporera no es muy grande, pero han hecho exhibiciones maravillosas”, manifestó el arquitecto ante la mirada de Flavia Marichal.

“El hecho de que no hayamos tenido una sala permanente no nos ha detenido. Nosotros hemos seguido haciendo talleres, conferencias, actividades, exhibiciones, libros. Ahora vamos a hacer el catálogo de la exhibición de José Alicea gracias a un dinero de la Fundación Puertorriqueña de las Humanidades y en diciembre lanzamos el proyecto de digitalización de cuatro mil carteles de nuestra colección”, señaló Marichal como ejemplo del trabajo realizado.

La directora, por otro lado, dijo desconocer cómo quedará el MHAA con el nuevo presupuesto asignado a la Universidad. Informó que actualmente, de 12 empleados con los que contaba la institución, quedan seis ya que se congelaron seis plazas. Reconoció que la situación es compleja, pero confía en su respaldo. “El museo universitario es superimportante porque es un complemento de los cursos de historia, de antropología y de arte. No es lo mismo que te enseñen diapositivas de una obra de Campeche a venir aquí a ver la original. También brindamos servicio a escuelas públicas con talleres educativos que se le dan gratuitamente y tenemos diversas actividades y servicios gratuitos para la comunidad. Creo que somos el departamento universitario que más servicio le da a la comunidad ahora mismo”, estableció sobre la importancia de la permanencia de este proyecto inconcluso.


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