La periodista Naomi Klein estuvo en Puerto Rico durante el mes de marzo para recopilar información para su nuevo libro. (semisquare-x3)
La periodista Naomi Klein estuvo en Puerto Rico durante el mes de marzo para recopilar información para su nuevo libro. (Gerald López Cepero)

Volvamos al pasado -al 21 de septiembre del año pasado, para ser exactos- a un Puerto Rico oscuro y devastado. Estamos en Adjuntas y esta noche se ve la infinidad de estrellas que ignoramos debido a la contaminación lumínica. Lo único que interrumpe esta oscuridad es una casa antigua en el medio del pueblo. Es la única con electricidad, ya que es la única que se energiza con luz solar. A Casa Pueblo llegan otros residentes del municipio para cargar sus aparatos electrónicos, energizar sus máquinas de oxígeno y tal vez hasta conservar su insulina fría. Arturo Massol se desborda en generosidad hacia sus conciudadanos, a lo mejor con cierto optimismo: se ha dado cuenta de que el huracán María le ha dado una oportunidad a la Isla de zafarse de la dependencia de generación de electricidad a base de fósiles. Es momento para enseñarle al pueblo que la energía renovable no solo es factible, sino ideal. Esta y otras iniciativas podrían representar el comienzo de una utopía.

Al norte, en el Viejo San Juan, algún empresario proveniente de Silicon Valley también goza de electricidad en su lujoso apartamento. Es posible que se haya sentido asombrado por la destrucción y también por el hecho de que la ciudad amurallada sobrevivió otra embestida más de la naturaleza. Tal vez desconozca ese dato, o ni le importe. Con una Medalla fría en las manos o un whiskey con coco relleno de hielo hasta el borde, también sonríe ante la posibilidad que el destino -con una mano generosa de parte del gobierno de Puerto Rico- le ha brindado: la posibilidad de construir una utopía.

Estos dos panoramas los presenta la escritora y activista canadiense Naomi Klein en su libro L“a batalla por el paraíso” (The Battle for Paradise, en inglés), traducido por Teresa Córdova Martínez. La autora se dio a la tarea, durante el mes de marzo, de visitar distintos puntos de la isla para recopilar información para esta publicación, que podría describirse como un híbrido entre crónica, reportaje y ensayo periodístico. La autora habló con los representantes de Casa Pueblo, JunteGente, Coquí Sol, y otras organizaciones que existían o han surgido luego del huracán con la visión de adaptarse a nuestra nueva realidad, que incluye estar preparados ante otros huracanes que vendrán en el futuro. Muestra, además, el punto de vista de los llamados Puertopians, que desean convertir la isla en un paraíso recreativo, casi libre de impuestos y regulaciones que podrían interferir en su potencial de lucro y diversión. Esta visión presume que este tipo de cambio no solo los beneficia a ellos, sino que al pueblo también, ya que el dinero que inviertan en infraestructura, por ejemplo, será de beneficio para todos.

Klein hace un recuento de lo que ha sucedido desde el huracán hasta ahora y señala los momentos en que su teoría de la doctrina del shock ha tomado efecto en estos últimos meses. Es decir, comenta acerca de las tácticas de bombardeo emocional y sicológico que se produce cuando un cambio tan drástico, una desgracia tan paralizadora, desvía la atención del pueblo ante la toma de terrenos y la legislación de medidas a favor de esta minoría pudiente. Se describe como una lucha contra el tiempo para ver quién establecerá una de dos utopías: la que pretende lograr justicia social e independencia energética y alimenticia, o la que desea repartir la isla a precios bajos para el beneficio de unos cuantos.

Es una lectura corta e interesante que ilustra lo que sucede en nuestro país ahora mismo. Dicho esto, tampoco será muy reveladora para nosotros acá en la isla, pero sí para quienes no vivieron los estragos del huracán. Sin embargo, es un libro que tiene el potencial de incitar a la acción de parte de un sector del pueblo y se nota un rastro de optimismo provocado por estos movimientos dispuestos a actuar por el bienestar de la gente del país. Nuestros reporteros locales han señalado todo esto con anterioridad, pero nunca está de más tener otra voz que se nos una, especialmente a nivel internacional. Es ese tipo de esperanza que brilla en la noche, así como lo hizo Casa Pueblo aquella noche del 21 de septiembre.


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