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La ciudad de San Juan, una de las más antiguas de América, es depositaria de la herencia de los primeros siglos de la colonia española y, a su vez, la mejor muestra de la convivencia de esa herencia con los progresos de la modernidad. Tal vez esos estilos encontrados y a veces contradictorios constituyen su mayor riqueza cultural y su mejor carta de presentación.

En San Juan se registra como en ningún otro lugar en Puerto Rico la huella de una historia que hace de la Ciudad Amurallada un tesoro, no sólo de la Isla, sino de América y del mundo.

Los primeros cimientos de la Casa Alcaldía datan del año 1602, cuando se colocó su primera piedra, y su construcción concluyó en 1789. Sin embargo, después del natural deterioro que se evidenció en los años siguientes, fue restaurada en el año 1840 para que su fachada fuera una réplica cabal y exacta de la casa alcaldía de Madrid. Según señalan documentos históricos del Archivo General de Puerto Rico, así se cumplía con la intención de los diseñadores originales.

Por su entrada principal, frente a la Plaza de Armas, sobresale una inscripción en latín que reza: “Ame la luz de la justicia quien esté al servicio de su pueblo”.

En el segundo piso se halla la Casa Capitular, de estilo arquitectónico neoclásico colonial cuyas molduras son una réplica del friso que en la antigüedad adornó el Partenón en Grecia. Sus lámparas de estilo isabelino son características del siglo XIX.

Esta Casa Capitular ha sido testigo de sucesos históricos que marcaron el destino de Puerto Rico. En su sala, en 1812, Manuel Power y Giralt fue proclamado primer diputado puertorriqueño a las Cortes de Cádiz. Dos años después, se estableció en ella La Real Sociedad Económica de Amigos del País. Y, a juicio de muchos historiadores, el hecho más trascendental fue que en 1873, bajo el gobierno de Rafael Primo de Rivera, se firmó la abolición de la esclavitud en Puerto Rico. Como si fuera poco, también en este recinto se fundó en el año 1876 el Ateneo Puertorriqueño y se celebró además la primera Lotería Real.

Sede aún del gobierno de la capital, este edificio tan lleno de historia tiene un significado muy especial para los sanjuaneros. Así lo afirma la primera dama municipal, Irma Garriga de Santini, para quien “la Casa Alcaldía” representa el pasado, el presente y el futuro.

“Nos obliga a mirar el pasado para celebrar los logros de hoy y proyectar el San Juan de mañana. Es el símbolo de un pueblo que se ha sabido mantener en pie contra viento y marea”, sostuvo. “Es, además, un motivo de orgullo para los residentes de la Capital por ser un lugar turístico y por su importancia histórica. La casa alcaldía representa más que un lugar de trabajo para cientos de servidores públicos, en la que al presente se ofrecen servicios a los turistas y a la ciudadanía. Es una estructura en la que se alberga parte de nuestra historia como pueblo”, agrega.

Garriga describió que en el primer nivel de la edificación se encuentra la Oficina de Turismo, donde los interesados acuden a buscar información o solicitar guías que le den un recorrido por las áreas más importantes y les expliquen el significado de cada una de ellas. La Casa Alcaldía tiene varios salones de importancia histórica, que sirven de salas de exhibición para los múltiples visitantes.

Diversos cuadros de valor artístico e histórico se pueden apreciar en la Casa Capitular, entre ellos pinturas de María Cristina de Habsburgo y su hijo Alfonso XIII; Isabel II de España; el brigadier, Ramón de Castro, quien dirigió la defensa contra el ataque inglés en 1797; y el gobernador Rafael Primo de Rivera. En ella se exhibe, además, el escudo del rey Carlos III de España.

También en el segundo piso, entrando por la calle Luna, se encuentra el Salón de Secciones de la Asamblea Municipal de San Juan, donde aún se legislan el presente y futuro de la capital.

Un dato curioso es que en este histórico lugar está expuesto el escudo de San Juan, en el que se destaca la Corona como símbolo del Reino Unido de España. Sólo otras dos ciudades, La Habana en Cuba y Cartagena en Colombia, ostentan esta distinción reservada a las ciudades amuralladas de América.


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