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Existen voces que producen magia con su sonoridad, emotividad y carácter. Con una de esas como protagonista transcurrió el recital del tenor peruano Juan Diego Flórez en la Sala Jesús María Sanromá del Teatro Bertita y Guillermo L. Martínez en el Conservatorio de Música de Puerto Rico en Miramar.

El evento, presentado por CulturArte de Puerto Rico y configurado como el primero de la Serie Grandes Artistas en el Conservatorio, inició a las 7:40 p.m., cuando el director artístico y presidente de CulturArte, Guillermo L. Martínez, saludó a la audiencia y a figuras como el gobernador de Puerto Rico, Alejandro García Padilla, y el comisionado residente, Pedro Pierluisi. Las buenas noches fueron tanto para los que se encontraban dentro del teatro como para quienes ocupaban las sillas, en la Plaza de las Cascadas, como un esfuerzo conjunto entre el Conservatorio y CulturArte para hacer parte a la comunidad de la velada al aire libre, con entrada libre de costo.

Acompañado por el pianista Vincenzo Scalera, Flórez arribó al escenario para interpretar canciones de la colección 36 arias de estilo antiguo de Donaudy. Tras salir brevemente del escenario, regresó para cantar arias de óperas de Lalo, Gounod y Offenbach.

En la Plaza de las Cascadas, el público aplaudía al artista lírico con el mismo entusiasmo como si estuviesen dentro del teatro en los momentos más cautivantes. Parejas, amigos y alguna niñita estaban entre la audiencia reunida delante de la pantalla grande que proyectaba el recital.

“Esta iniciativa me parece importante porque trae a uno de los tenores más importantes del mundo y ofrece una solución a los que no pudieron estar en el teatro en un patio tan lindo como este”, opinó Mario Vissepó, residente de Miramar. Para Ariana Delgado, estudiante de canto del Conservatorio que es natural de Añasco, estar afuera permite estar “más tranquilos y no estar pendientes de cualquier cosa que haga ruido” para no interrumpir el recital.

La cotidianidad de la plaza permitió que los espectadores se comentaran el desempeño de Flórez o que tararearan las melodías que acababan de escuchar cuando este abandonaba el escenario. Pero una vez regresaba Flórez, el silencio imperaba como cuando volvió para cantar el aria Pueblo de Egipto de Meyerbeer y provocar que algunos jóvenes celebraran su histrionismo.

Casi al finalizar el intermedio, un aguacero cayó pero con la fortuna de que cesó cuando Flórez retornó para interpretar piezas de zarzuelas de Serrano y Luna hasta finalizar con la romanza Bella enamorada de El último romántico de Soutullo y Vert. El agua no amilanó a los asistentes porque limpiaron sus sillas y otros se movieron a buscar el cobijo de un techo.

Como había anticipado a El Nuevo Día, Flórez siguió con Júrame, Princesita y Amapola, canciones del repertorio popular latinoamericano, tan ligadas a su trasfondo interpretativo.

Arias de La traviata de Verdi terminaron la ventosa velada con una ovación dentro del teatro. Pero Flórez volvió.

“Muchas gracias”, se dirigió antes de cantar unas arias más y confesar que esperaba que no se notara que recién salía de una desavenencia de salud que apenas se notó cuando tosía delicadamente al terminar cada pieza. Pero fue En mi viejo San Juan de Noel Estrada el emotivo final musical.


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