Los integrantes del grupo, Carlos Torres, Pedro Iván Bonilla, Julio Morales, Nami y Yari Helfeld, Yussef Soto y Francisco Iglesias, estuvieron a cargo de todo el proceso de adaptación de la obra. (Suministrada)

El grupo teatral puertorriqueño Y no había luz no deja de sorprender con su capacidad creativa. Desde su fundación en el 2005, este colectivo interdisciplinario se ha dedicado a desarrollar un vocabulario artístico propio que rebasa el espacio escénico.

El mundo que han construido Carlos Torres, Pedro Iván Bonilla, Julio Morales, Nami y Yari Helfeld, Yussef Soto y Francisco Iglesias, integrantes del grupo, se ha expandido poco a poco, rompiendo fronteras. Por eso, es posible ver su trabajo en el teatro, en la calle, en el museo, en una galería, en un salón de clases o en una comunidad.

Para abonar a esa versatilidad, Y no había luz presenta este próximo 8 de diciembre, su primer libro, “Centinela de Mangó”, un hermoso cuento para toda la familia inspirado en la obra del mismo nombre que el grupo ideó después del embate del huracán María en el 2017.

El libro es una invitación a la imaginación, pero, sobre todo, un llamado a la reflexión sobre los efectos del calentamiento global, y sobre la búsqueda de la identidad propia. Ilustrado magistralmente por Julio Morales, quien también estuvo a cargo de la adaptación junto a Nami Helfeld y Yago Montoya, el texto es un descubrir constante, ya que cuenta con diversas “provocaciones” o referencias ilustradas -como las manos de Donald Trump tirando papel toalla- que aluden a momentos y situaciones que atravesó el país desde el huracán hasta el Verano de 2019.

Estos detalles hacen dinámica la lectura sin interrumpir la historia central, inspirada en un centenario árbol de mangó que se encontraba en el pueblo de Orocovis y que se distinguía por tener en su copa una bandera de Puerto Rico. Los vientos del huracán, lamentablemente, pudieron con el imponente árbol, del que solo quedó parte de su enorme tronco. Y no había luz tomó esa historia para crear su cuento “Centinela de Mangó”, que no presenta al huracán como un “monstruo malvado”, sino como una de las consecuencias de las acciones humanas que provocan la contaminación. En su historia, el centenario árbol cae, pero antes esparce sus semillas y la estrella de su bandera por todas partes del mundo, despertando la conciencia de un pueblo.

Yari Helfeld explicó que hacía varios años el grupo venía contemplando la idea de realizar un libro motivado por ese aprendizaje constante que los mueve y esa “belleza de siempre hacer lo que no sabemos”. Pero no fue hasta que surgió el “Centinela de Mangó” que todas las fichas cayeron en su sitio. “Esta obra es la que, dentro de nuestro repertorio, tiene más texto y que es como las más cuenta cuentos que tenemos. Pero, también la escogimos por el momento histórico, por su pertinencia. Todos sentimos que era el momento que esta historia se supiera. Además, dentro de la misma obra aparece un libro que los personajes descubren y van contando la historia, así que este es el libro de esa historia”, indicó Yari Helfeld.

El proceso de adaptar la obra y convertirla en un cuento, le tomó año y medio al colectivo, que cuidó cada detalle. En el proceso, compartieron la lectura con colegas artistas, maestros, así como con niños y niñas, para ver si era efectivo. “Queríamos estar seguros de que el vocabulario fuera accesible y que la lectura tuviera un ritmo que evocara al juego, que fuera divertido leerlo”, dijo Julio Morales.

Nami Helfeld, por su parte, compartió que los siete integrantes del grupo formaron parte del proceso, ya que cada uno escribió su propia versión de la obra. Con esas ideas se fue adaptando la historia del escenario al papel. “En esencia es la misma historia, pero en la obra se juega con elementos distintos a los que se juega en el libro porque en el libro tenemos la ilustración y el texto. En la escena tenemos a los actores, tenemos la manera en que los actores dicen el texto, tenemos la música, tenemos un montón de elementos que siguen siendo cambiantes y evolucionan con el contacto con el público, y la historia (del libro) se cuenta de una manera diferente”, dijo la artista.

Esa forma de narrar la han construido de un forma rica y divertida, complementando la lectura con otros juegos que han creado para acompañar el libro como son unas barajas -que hacen referencia al cuento-, un “memory”, en el que se tienen que parear imágenes que también aparecen en la historia, y un rompecabezas. Todos estos objetos fueron diseñados por el grupo para nutrir la experiencia de la lectura.

“La idea es que el niño pueda seguir jugando y que a través del juego siga viendo elementos relacionados a la identidad de Puerto Rico y lo que está pasando en el país”, destacó Yari Helfeld. Carlos Torres agregó que estos juegos también ayudarán a que los y las maestros puedan dedicar tiempo a un tema particular que les interese explorar, como puede ser el reciclaje, las plantas nativas, entre otros elementos que se encuentran en el cuento, que fue editado por Pilar Cristina Orlandi.

“Le estamos dando herramientas a los papás o a los maestros para que la experiencia de llevar este cuento no sea simplemente pasar una página, sino que cada página sea un tema de conversación”, compartió Julio Morales, quien se dio a la tarea de ilustrar a los siete integrantes del grupo, que aparecen en el cuento como “zefirantes silvestres”, pequeños seres silvestres que son los que ayudan a narrar la historia.

La idea, adelantó Morales, es que estos personajes sigan apareciendo en otros cuentos que les interesa publicar al colectivo en el futuro. Mientras esto sucede, Y no había luz abrirá las puertas de su taller/teatro en Santurce del 18 al 23 de diciembre, de 1:00 a 9:00 p.m., para que las personas interesadas adquieran el libro, pero también para regalarle a las familias una “experiencia mágica”, donde podrán compartir juegos y escuchar en voces de otros artistas la historia del “Centinela de Mangó”.

Como compartió Yari Helfeld para Y no había luz es fundamental ofrecerles a los niños y niñas obras que tengan profundidad y que no subestimen su sabiduría. “Los niños tienen una sabiduría que muchas veces no valoramos. El hablar de temas profundos, como son la identidad, la muerte, el tú poder traer estos temas de conversación de una manera que no sea demasiado seria y que sea a través del juego, es algo que nos reta mucho y que queremos seguir explorando”, manifestó con la esperanza de que este libro esparza la semilla para que el grupo pueda continuar creando historias que ofrezcan luz en medio de tanta oscuridad.

El libro se puede conseguir en Libros AC, en Santurce, así como en otras librerías del país. Para más información, acceda a las redes sociales del grupo bajo Y no había luz (@ynohabialuz).


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