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Habla pausado, dulce. Su voz decodifica la etapa que vive actualmente fuera de Puerto Rico, país que la vio nacer, crecer y alzarse como una de las actrices más destacadas de la Isla durante las pasadas cinco décadas.

Las tiernas palabras que salen de la boca de Gladys Rodríguez se diferencian de la fuerza interpretativa que ha proyectado en las tablas, el cine y la televisión. También se distingue de la firmeza con la que asume la responsabilidad de los nuevos retos de su cotidianidad. Alejada del quehacer artístico, la boricua reside hace un año en Orlando, donde está comprometida con terminar la maestría en Divinidad del Reformed Theological Seminary.

“En Puerto Rico estábamos solos mi esposo y yo, porque todos mis hijos crecieron y se fueron”, comenta mientras explica que la universidad de Florida le convalidó los créditos por las clases que ya había tomado en el Seminario Teológico de Puerto Rico.

Algunos la consideran en sí una universidad de las artes, pero ella entiende que todavía le falta por aprender, sobre todo porque anhela ser maestra.

“Tengo una misión de enseñanza. Quería aprender porque sé que tendré la oportunidad de evangelizar. Me estoy preparando más”, menciona quien laboró en la radioemisora Nueva Vida, estudió en el Colegio Bíblico Pentecostal de Puerto Rico y forma parte de la Iglesia Presbiteriana Reformada.

Han pasado 35 años desde que Gladys dice haber aceptado al Señor. Por momentos se disculpa cuando comienza a predicar en medio de la entrevista. No lo puede evitar, aunque respeta la posibilidad de diferencias a la hora de llevar su mensaje. “Existe un creador”, enfatiza. “Yo no soy atea. Existe un principio creador, por no decirle Dios, porque hay personas que se ofenden con esa palabra”.

Pero ella no se ofende, ni cuando se enfrenta a la realidad antifeminista del centro académico en el que estudia. “Soy la única mujer estudiando Divinidad”, subraya. “Algunas iglesias aceptan y están más abiertas a que una mujer sea ministro. Otras se concentran más en el hombre”.

¿Acaso no te choca o molesta eso?, le preguntamos.

Admite que “desde que nací enfrenté todo el trauma que uno tiene como mujer”. No obstante, subraya que ya no le aturde tanto el machismo mientras explica su vínculo con la iglesia. “Mi interés no es ser ministro y, en ese sentido, no conflige”, expresa. “Hasta cierto punto, respeto su forma de pensar. En el mundo hay muchas mujeres misioneras”.

Distancia y cercanía

Como estudiante, Gladys también ha descubierto un nuevo período en la relación que tiene con su esposo Víctor Rivera, con quien ha estado casada hace 26 años. El ex Secretario de Corrección y ex jefe de la Policía de Puerto Rico aún trabaja en la Isla, así que no viven bajo el mismo techo.

“Va y viene... Estamos en etapa de novios, como no nos vemos mucho. Probablemente se retire en unos meses. Ya hemos decidido que nos vamos a quedar aquí (Orlando)”, revela entre risas.

Otra cosa que ha cambiado es la dinámica que tiene con su hijo John, uno de sus cuatro vástagos. Y es que la actriz ahora está inmersa en el mundo de los videojuegos a través de Swifty IRL, el negocio que su hijo desarrolla como punto de encuentro y competencia para gamers.

¿No hay encontronazos?, cuestionamos.

“Hay mucho respeto”, expone. “Él es muy generoso. Me comporto con él como mi jefe. No me siento rara. Me siento como si estuviera trabajando en cualquier empresa”.

Tampoco le sofoca estar rodeada de tantos avances tecnológicos pues, aunque posee un bachillerato en Humanidades de la Universidad de Puerto Rico, Gladys aclara que fue maestra de programación de computadoras en otra etapa de su vida. “La carrera del actor es bien insegura y uno se tiene que defender”, señala, mas aclara que todavía no ha sido seducida por las redes sociales.

Misión que encamina

A pesar de todos sus hazañas, aunque no pisa el teatro hace un año, la actuación sigue siendo el alma de Gladys.

“Lo hago si tengo la oportunidad de hacerlo nuevamente. Lo puedo hacer en los viajes. No cierro la posibilidad de algún día hacer un filme porque me gusta y es parte de mí. Las actrices no nos retiramos. Podemos tener 102 años y seguir trabajando”, insiste y, como para recalcar su vocación, confiesa que prefiere no revelar su edad para que “los productores de las películas que haré en un futuro” no la encasillen tan rápidamente.

Por el momento tiene otra meta: “Mi misión se encamina al balance y a la paz. A que hombre y mujer encuentren una base para poder vivir”. Lamenta que “muchos jóvenes se quitan las vida con drogas y alcohol”. Reconoce que, sobre todo en Puerto Rico, muchos de estos problemas responden “a la falta de autoestima en el ser humano”. Se trata de un dilema que le gustaría mejorar, “aunque sea un poco”, por medio de la evangelización.

“Todo se deduce a una persona. Para que haya paz en el mundo, la paz debe comenzar conmigo. Es el individuo el que tiene que progresar. Nos encontramos perdidos como seres humanos. Estamos en desbalance. A veces pensamos que nos hemos creado nosotros mismos. Pero tenemos un propósito, nuestro corazón palpita, nuestras neuronas funcionan y no controlamos eso”, reflexiona.

Gladys -la madre, esposa, abuela, actriz, estudiante, predicadora, exploradora de nuevos rumbos- se encuentra enamorada otra vez.

“Esta etapa de mi vida es maravillosa. Estoy aquí y estoy feliz. Mi siento entera como mujer y ser humano. He encontrado un propósito que me completa”, concluye.


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