El actor lleva 24 años residiendo en Nueva York. (Suministrada) (horizontal-x3)
El actor lleva 24 años residiendo en Nueva York. (Suministrada)

Hace 24 años que el actor puertorriqueño Tony Chiroldes echó raíces en la ciudad de Nueva York. Mayormente trabaja en Manhattan y aunque quisiera dedicarle todo su tiempo al teatro, su realidad es distinta.

“El teatro es el frosting”, comenta. “Locución y todo lo demás es el arroz con habichuelas, pero no me quejo, porque son 24 años en una ciudad donde hay mucha oportunidad, pero también puede ser bien difícil”.

En Broadway ha tenido experiencias que fueron de lo amargo a lo dulce. Debutó con la controvertible obra “The Capeman” (1998), cuya crítica no la favoreció, y 10 años más tarde, en 2008, llegó “In The Heights”, el musical escrito por Lin-Manuel Miranda y Quiara Alegría-Hudes.

Con esa producción se presenta desde el 5 de septiembre hasta el 8 de octubre en el Geva Theatre Center, en Rochester, esta vez con la dirección de Melissa Rain Anderson.

“Es una experiencia inolvidable y fue el otro lado de la moneda, porque la primera vez que hice teatro fue con ‘The Capeman’ y lamentablemente no tuvo la aceptación, hubo mucha controversia. Pero ‘In The Heights’ fue un bombón”, compartió el artista en entrevista telefónica.

Chiroldes vuelve a encarnar a “Kevin Rosario”, ahora con un acercamiento distinto. Y es ahí donde encuentra el reto: crear un personaje nuevo a pesar de ya haber estado en su piel.

“Es ¿cómo logras que la función de hoy sea tan nueva que la de ayer y la del día antes? Eso me motiva, porque allá afuera hay alguien que yo conozco, ahí alguien está mirando y se fija de vez en cuando y si estoy allá arriba comiendo gofio se van a dar cuenta”, expuso.

Lo diferente se lo ha dado desde la entonación, en la manera de decir las mismas líneas. “Me ha permitido reírme con el personaje de ‘Kevin’ y eso nunca había ocurrido”, comentó de su representación en la pieza ganadora de cuatro Premios Tony, incluido al Mejor Musical del Año 2008.

“Son cosas que aprendí de Axel Anderson (1929-2012), que diciendo las palabras llevas el mensaje, las palabras lo dicen, y en el género del teatro musical las escenas son tan cortas que van tan rápido a la acción, que no puedes regodearte, las escenas tienen que tener vida”.

“In The Heights” transcurre durante tres días en el barrio Washington Heights, en Nueva York. Allí, en una bodega, convergen los deseos, las frustraciones, los amores y los desamores de quienes por allí pasan. El dueño es el testigo de todo eso.

Otro valor especial en esta puesta en escena -que se dará en una comunidad de mucha presencia boricua- es la integración de un elenco joven, igualmente cargado de nuevas energías.

“Trabajar con un grupo de muchachos y muchachas jóvenes es bien bueno”, destacó. “Titi Awilda (Carbia, 1938-2009) decía hay que venerar a los que vinieron antes y a los jóvenes hay que apoyarlos y observarlos detenidamente porque de ahí se aprende”, agregó el sobrino de la legendaria comediante.

Experiencia que recompensa

Chiroldes ha experimentado los vaivenes de la industria del entretenimiento. Ha visto cómo muchos de los trabajos se han movido hacia países sudamericanos, donde es más económica la producción, o cómo prefieren contratar a talentos que no pertenecen a uniones para también economizar.

Su ficha para mantenerse es la experiencia o “el millaje”, la capacidad de poder hacer trabajos en inglés y español y, entre otras cosas, dominar el acento neutro.

“Quienes llevamos años en esto podemos lograrlo aunque hablemos campechano con nuestra gente”.

Tampoco se ha puesto límites. Sin tener ni siquiera atracción por los videojuegos, ha prestado su voz para algunos de ellos, como “Grand Theft Auto: Vice City”, “Bioshock” y “The Walking Dead”.

“Yo no sé ni tocar esa cosa”, comentó de su inexperiencia con los aparatos electrónicos. “Lo que te dan es un libreto, que está sujeto a cambio según la persona lo juega”.

Chiroldes mantiene contacto con la isla a través de los familiares y amistades, pero ya son muchas las navidades que no ha pasado en San Juan. La última fue en el 1999.

“Trato de tener una perspectiva variada, porque a menos que uno se conecte a un noticiario de allá, no te enteras de mucho, pero toda esa gama de cambios, a mí me es necesario saber, porque si fuera a hacer algo allá no quiero estar como cucaracha en baile de gallinas”, culmina.


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