David Sánchez. (GFR Media)

El saxofonista David Sánchez contesta su teléfono en medio de una carretera en Florida. Acaba de visitar a su madre y hermanos que viven allá y ahora maneja de vuelta a su hogar en Atlanta. Pide disculpas porque está en una zona con poca recepción telefónica y la llamada puede cortarse en cualquier momento. Lo bueno es que tiene siete horas para conversar, tiempo que le toma el trayecto hasta su casa.

El sonido constante de la carretera por la que transita se escucha como un eco al otro lado del teléfono, y en medio de eso, su voz suave y firme. David Sánchez, nacido y criado en Puerto Rico, comenzó su ruta musical en 1994 cuando lanzó su primer álbum “Departure”. Aunque previo a este disco ya había empezado a sonar de la mano de grandes figuras del jazz como Dizzy Gillespie y Eddie Palmieri, fue esta producción la que lo encaminó a convertirse en uno de los mejores saxofonistas de su generación.

Desde entonces, David Sánchez no se ha detenido en ese andar musical que ha trazado con sensibilidad, sabiduría, destreza, pero sobre todo con un gran compromiso y disciplina. Muestra de esa consistencia es su nueva producción discográfica “Carib”, que salió al mercado el pasado mes de junio y que espera presentar este año en Puerto Rico.

El álbum, que se compone de 11 exquisitas composiciones, es la continuidad de un trabajo investigativo sobre la influencia musical que ha tenido la diáspora africana de las Américas en la música y cultura contemporánea. Esa exploración, el artista la comenzó con “Departure” y la continuó en “Melaza” (2000), donde se observa la fuerte influencia de la bomba puertorriqueña. Pero con “Carib” esa investigación se expande.

“Esta es la primera edición de una serie de volúmenes que estaré haciendo y es retomando en cierta manera la misma línea artística de ‘Melaza’. Lo que es diferente es que no solo es música afropuertorriqueña -que está ahí porque siempre ha sido parte de mi concepto e idiosincrasia artística- pero es un poco más amplia. Es un tributo a las diferentes comunidades afrodescendientes a través de las Américas, incluyendo los Estados Unidos”, dice.

La primera parada de esta serie se concentra en ritmos y melodías de Puerto Rico y Haití, específicamente en la bomba puertorriqueña y en la tradición Congo-Guinee de Haití, las que guardan a su entender muchos paralelismos. Para este trabajo viajó a la isla hermana para conocer, escuchar e interactuar con músicos haitianos. Esa travesía la hizo a insistencia de quien fue su esposa, Karla, quien falleció en el 2017. En memoria de ella y de su padre, Dimas Sánchez, quien murió en el 2018, David realizó este disco el cual tardó cinco años en completar.

“En este proceso tuve esas pérdidas que fueron muy duras. En la preparación de este disco mi esposa Karla tuvo mucho que ver y aunque, desafortunadamente, cuando decidí ir al estudio en el 2017 ella ya no estaba, sí estuvo en muchas otras formas. Al verano siguiente de supartida, mipapá muere. Así que ambos de una forma u otra estuvieron en el proceso del disco. Sin ellos no hubiese salido igual. Cuando uno está de frente a la mortalidad se abren unas ventanas que te permitir ver las cosas de una manera distinta”, confiesa con entereza.

Agrega que entrar al estudio luego de enfrentar estas pérdidas le permitió comenzar a sanar. “Cuando uno empieza a tocar, a componer y se vuelca en el proceso, lo demás no importa”, sostuvo sobre el poder transformador de la música.

Ese sentimiento, sin duda, está presente en este disco en temas como “Canto”, “Iwa (Contemplation)”, “Fernando’s Theme”, entre otro puñado de canciones que forman parte de este trabajo con el que David Sánchez quiere rendir tributo a las comunidades afrodescendientes que le han ayudado e influenciado a definir su música. Por eso quiere reconocerlas y visibilizarlas.

“La riqueza cultural, artística, gastronómica de nuestras comunidades afrodescendientes son bien obvias, pero estas toman epicentro para unas cosas. Cuando se trata de otras, están marginadas y eso no es casualidad. Las comunidades afrodescendientes todavía no tienen las mismas condiciones de vida y tiene que ver con el sistema”, enfatiza, haciendo alusión a cómo el racismo sigue latente.

En esta primera entrega de “Carib”, en la que participaron reconocidos músicos como Luis Perdomo, Lage Lund, Ricky Rodríguez, Obed Calvaire, Jhan Lee Aponte y Markus Schwartz (en la percusión haitiana), David Sánchez invita a (re)descubrir lo que llama la música panafricana contemporánea, ese conjunto de ritmos y saberes, que tan presente están en el jazz. Indica que la decisión de comenzar esta serie con las tradiciones musicales de Haití y Puerto Rico es por varias razones. Haití, porque desde hace años está fascinado con su cultural musical y porque todavía mantiene una pureza de esas tradiciones que llegaron directamente desde África. Puerto Rico, por lo obvio. Porque es el corazón, el inicio de todo. Ambos países, a su vez, guardan muchas similitudes sonoras. Pero también por las luchas que comparten. “En la música es bien obvio. Hay términos en la bomba que vienen del creole y no del español. La cadencia también es bien similar. Sociológicamente hablando, ambos países han sufrido de una opresión sistemática”, opina.

Luego de un rato de conversación, la llamada se corta como había anticipado el artista al inicio. Vuelve a intentarlo, alcanza a decir que espera estar de vuelta a su patria en noviembre para presentar “Carib”. La llamada vuelve a cortarse. Pero la ruta ya está trazada.


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