NG2, Jerry Rivas y Humberto Ramírez Big Band (semisquare-x3)
NG2, Jerry Rivas y Humberto Ramírez Big Band. (Suministrada)

Por dos noches consecutivas el Teatro Tapia, en el Viejo San Juan, acogió una oferta variada de jazz orquestada por el compositor, director musical y trompetista Humberto Ramírez

Un abanico de ricas y variadas expresiones musicales –desde las aventuras rítmico-armónicas que unen el jazz con la bomba, el rock y canciones populares puertorriqueñas hasta una magistral recreación de las composiciones de Bobby Capó- constituyó la oferta de la primera jornada del Puerto Rico Jazz Jam 2019.

La primera parte del concierto estuvo a cargo de Brenda Hopkins y su quinteto, al cual se unió el vocalista Fofé, y la segunda a cargo del cuarteto de Humberto Ramírez, que contó con las excelsas interpretaciones de Danny Rivera. Dos grandes músicos puertorriqueños, de estilos muy diferentes entre sí, y dos de las mejores voces del escenario local, también en estilos distintos.

Un público evidentemente ávido de escuchar música de calidad llenó a capacidad el Teatro Tapia del Viejo San Juan, sede usual del Puerto Rico Jazz Jam, que celebra este año su novena edición. Tras presentarse durante ocho años consecutivos, el festival no pudo llevarse a cabo el año pasado, a consecuencia de las secuelas del huracán María en septiembre de 2017.

La seductora melodía de “Muéveme el cafecito” y su cadencioso ritmo, basado en un constante “riff” del bajo eléctrico de David de León, anunciaron claramente a los presentes que Brenda Hopkins y su grupo habían venido a fusionar estilos y a “volar” libremente sobre el escenario. El concepto se enfatizó con la segunda pieza, “Aeropiano”, propulsada por el barril de bomba de Andrés “Kino” Cruz y el piano de Hopkins, tan percusivo como melódico.

“Preciosa”, de Rafael Hernández, dio cuenta de importantes cambios dinámicos, comenzando en una onda suave, casi de ensoñación, para luego dar paso a un sabroso montuno de piano y un chispeante solo de Hopkins. Todos los miembros de la banda tuvieron oportunidad de ejecutar breves solos, incluyendo a De León en bajo, su hermano Christopher de León en guitarra, Manuel Martínez en batería y Cruz en las congas. “Puerto Rico no es solo la Isla del Encanto”, dijo Hopkins a la audiencia. “Es también la Isla del talento. Y ustedes, el público, son nuestro combustible”.

La velada musical se tornó romántica con la interpretación del “Lamento borincano”, también del “Jibarito Rafael”, a piano solo. Aquí la pianista hizo gala de su sentimiento lírico y de los aires clásicos que incorpora a sus interpretaciones, sin excluirla improvisación jazzística. Fue uno de los momentos más exquisitos de la noche.

Con su estilo único y notable presencia escénica, Fofé se unió a la banda de Hopkins para los dos temas finales. “Verde luz” contó con sus improvisaciones vocales –una especie de “scat singing”, a la manera de Fofé- y un acelerado tempo que dio ciertos aires rockeros a la pieza. Y para concluir, un “Cumbanchero” (tercera pieza de Rafael Hernández) con marcado sabor de blues y la dramática vocalización del cantante, quien mostró su amplio registro vocal y teatralidad sobre el escenario. Un tema vibrante para concluir la no menos vibrante presentación de Brenda Hopkins y sus músicos.

Hay que señalar, no obstante, que el sonido careció de balance adecuado en este primer segmento. En términos generales, el bajo sobresalía entre todos los instrumentos, en detrimento del sonido del piano y la guitarra. Un detalle que impidió que la presentación fuese perfecta, pero que no evitó que el público la disfrutara a cabalidad y los músicos dieran lo mejor de sí.

La combinación del jazz de Humberto Ramírez y el poderío vocal de Danny Rivera es simplemente memorable. Tras una veloz versión instrumental de “Sin fe”, con poderosos solos de Ramírez en trompeta y Ángel David Mattos en piano, así como el insuperable acompañamiento polirrítmico de Henry Cole en la batería, Rivera se hizo dueño y señor del escenario.

Para ello, necesitó apenas una canción, en un programa dedicado a uno de nuestros compositores inmortales. “Qué falta tú me haces”, en onda de bolero jazzeado, incluyó nuevas y poderosas expresiones de Ramírez –esta vez en el fliscorno- y Mattos en el piano, quien ejecutó otra de sus notables improvisaciones, tan bien construidas que parecen composiciones espontáneas. Pero Rivera fue la estrella indiscutible, con una calidez y un filin inigualables. Su extraordinaria interpretación al concluir la canción, empleando todo su caudal vocal y toda su fuerza expresiva, motivó el aplauso más intenso de la noche y hasta gritos de algunos de los presentes. Fue una entrega total, en el sentido estricto de la frase.

Los dos temas siguientes evidenciaron el ingenio de Ramírez como arreglista. El primero, “Incomprendido” -popularizado por Ismael Rivera- retomó su formato original de bossa-nova (según explicó el propio Ramírez). “Cualquier cosa”, que Cheo Feliciano hizo famosa, le permitió a Rivera mostrar su filin jazzístico, en un agradable contrapunto con el fliscorno del líder.

“Por qué ahora”, también en ritmo de bossa nova, posibilitó que el joven bajista Giovanni Ortiz dejara establecido su talento, impulsado por los acentos y polirritmos de Cole. En cualquier tempo y ritmo, Henry Cole es hoy por hoy uno de los mejores bateristas del mundo, gracias a su incesante creatividad, su atención a lo que están haciendo los demás músicos y a un estilo esencialmente único que ha depurado con los años.

Otra exquisita improvisación de Mattos en el piano, la trompeta asordinada de Ramírez y el profundo sentimiento –así como los cambios en el nivel dinámico- de Rivera marcaron “Soñando con Puerto Rico”, dedicado a Lucy Fabery.

“El jazz es convertirnos en la música misma. Gracias por permitirme participar en este viaje hermoso”, manifestó el cantante antes de acometer un “Juguete” renovado, al estilo del swing de Nueva Orleans. En todo momento, pero sobre todo en este, Rivera lució relajado y muy a gusto en el escenario, bailando y llevando el ritmo con sus manos en ocasiones.

Ramírez y compañía concluyeron su presentación con otra recreación radical, la transformación de “Quién lo diría” en un acompasado blues. Rivera ofreció una última entrega completa de su talento, así como el líder, en un punzante solo de trompeta que cerró una magnífica velada.

SEGUNDA JORNADA

Dos tipos distintos de energía caracterizaron la segunda y última jornada del Puerto Rico Jazz Jam 2019: la del vigoroso Negroni´s Trio, con temas originales y recreaciones de estándares de jazz; y la del Big Band de Humberto Ramírez, a la que se unieron los cantantes de NG 2, celebrando los 60 años de una grabación clásica de salsa y jazz del maestro Tito Puente.

Como ocurrió la noche del viernes, la sala del Teatro Tapia estuvo llena a capacidad. De hecho, el propio Humberto Ramírez recalcó que esta fue la edición del Puerto Rico Jazz Jam que contó con mayor asistencia de público.

A toda velocidad y en apretada síncopa, Negroni´s Trio –integrado por José Negroni en el piano, su hijo Nomar Negroni en batería y Josh Allen en bajo- arrancó con “Father and Son”, una pieza original con cierto aire flamenco. De inmediato quedó demostrada la cercana interacción entre los músicos, sobre todo entre padre e hijo, lo que se mantuvo a lo largo de toda la presentación.

Hay que tener mucho cuidado a la hora de interpretar temas del repertorio estándar de jazz; por tratarse, precisamente, de estándares, han sido tocados ya por muchos otros artistas y se cae en el riesgo de la repetición, de no añadir nada nuevo. Negroni superó ampliamente ese reto, rehaciendo a su imagen y semejanza cuatro piezas (de las siete que tocó).

Así, “Summertime” se transformó en un excitante viaje entre el lirismo y la rumba, con inmensa fuerza expresiva del piano y el primero de varios excelentes solos de bajo. “My Favorite Things” (integrada al canon jazzístico por John Coltrane) fue una total recreación melódica, con momentos de exquisita dulzura. “Take the A Train”, de Duke Ellington, se rehízo con un potente “backbeat”. Y “Round Midnight”, el tema inmortal de Thelonious  Monk, fue la oportunidad para que Negroni exhibiera todo su talento en el piano solo, con una interpretación magistral que evidenció su formación clásica.

El segundo número original, “Coquí coquí”, fue uno de los puntos más altos de la jornada. Haciendo referencia al canto del emblemático animalito, Negroni creó una pieza de memorable melodía, digna de ser reinterpretada por numerosos artistas. Allen ofreció aquí el que posiblemente fue su mejor solo de la noche, con ritmo perfecto, depurada técnica y agradables creaciones melódicas. Nomar Negroni no se quedó atrás, con su solo más potente de la noche. El trío concluyó con “Sweet Georgie Fame”, en el que las vocalizaciones del baterista le dieron un toque festivo a la interpretación.

Según recordó el propio Humberto Ramírez, “Dancemania” es la obra maestra de Tito Puente. Así ha sido reconocida por el Congreso de los Estados Unidos, que la incluyó en su Biblioteca, y por publicaciones tan prestigiosas como The New York Times, que la eligió como una de las 25 grabaciones claves del siglo pasado.

Por ende, a la hora de recrear la música de esta imperecedera grabación, hay que saber honrar la salsa, el jazz y los magníficos arreglos que contiene. El Big Band de Ramírez estuvo a la altura de la ocasión, con interpretaciones sabrosas y honestas, en el mejor estilo de las grandes orquestas.

Con cuatro trompetas, cuatro trombones y cinco saxofones –así como los arreglos musicales del propio Puente y Quique Talavera, adaptados por Ramírez- es prácticamente imposible que a una orquesta le falten profundidad y abundantes matices. Así sucedió la noche del sábado, sobre todo en las poderosas piezas instrumentales, “3D Mambo”, “Hong Kong Mambo” y “Varsity Drag”. Los poderosos solos de vientos hicieron las delicias de los presentes, sobre todo el de Reynaldo Jorge en el trombón (en “Varsity Drag”) y el sensacional Frankie Pérez, con un dominio absoluto del saxofón alto.

Los percusionistas también deleitaron al público, sobre todo en “Hong Kong Mambo” y “Mambo Gozón”. En este último, David Rosado no solo hizo gala de su destreza propia, sino de cuán acertadamente ha hecho suyo el legado de Tito Puente. William “Kachiro” Thompson en las congas y Richie Carrasco en el bongó también dieron lo mejor de sí en sus respectivas descargas.

Para los temas cantados, Norberto Vélez y Gerardo Rivas, de NG 2, se unieron a la banda, interpretando “El cayuco”, “Complicación”, “Cuando te vea”, “Estoy siempre junto a ti”, “Mambo Gozón” y, como “encore”, “Llegó Miján”. Ambos sonearon a gusto y con agradables voces, de gran proyección, sobre todo Vélez. Para el fin de fiesta, “Mambo Gozón”, se integró también a la banda Jerry Rivas –de El Gran Combo, y padre de Gerardo Rivas- enardeciendo aún más a los presentes.

La música de “Dancemania” –así como buena parte del repertorio completo de Tito Puente- no tiene ni tendrá fecha de caducidad. En las hábiles manos de Humberto Ramírez y su Big Band, así como con las aportaciones vocales de NG 2, cobra aún más vigencia y actualidad. Enhorabuena.


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