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El astro del pop británico es considerado uno de los más exitosos artistas de su generación y sin lugar a dudar referente del pop anglosajón de los años 80. (GFR Media) (horizontal-x3)
El astro del pop británico es considerado uno de los más exitosos artistas de su generación y sin lugar a dudar referente del pop anglosajón de los años 80. (GFR Media)

El músico del Reino Unido declama: “Aún no estoy muerto”. 

Así tituló Phil Collins la autobiografía que publicó a fines del 2016. En la portada, acompaña al título “Not Dead Yet” una foto suya en la que alza una ceja, acaso una señal de complicidad, de irreverencia o de desafío al destino. O quizás sea un gesto de vitalidad y de sarcasmo británico. Humor negro para sacarle lengua a la muerte.

Su autobiografía se lee con placer. Varios pasajes se vinculan a su padre, con quien mantuvo una relación tan amorosa como salpicada de fricciones y silencios. Un episodio del libro sobre este lazo también suele ser contado por Collins con ironía en las entrevistas. Su padre había fallecido y fue cremado. El músico tenía 21 años. Entonces se produjo un teléfono malogrado. Su madre creía que su hermano había recogido las cenizas. Y viceversa: su hermano estaba seguro de que su madre lo había hecho. Hasta que se dieron cuenta de que ningún familiar las había recogido. Nadie se hizo cargo. Collins anota en su autobiografía: “Por lo tanto, los restos mortales de mi padre languidecieron en el crematorio de Southend”.

Ahora en entrevista se le pregunta si sabe dónde están las cenizas de su padre. Collins suelta una carcajada. Y responde: “No lo sé. No lo sabemos. No es una pregunta fácil. Es un poco triste, pero no lo sabemos. Es la primera vez que alguien me lo pregunta (risas)”.

Pero no todo es ironía. Sobre los conflictos con su progenitor, él escribe: “Mi padre nunca llegó a entender que yo quisiera dedicarme a la música para ganarme la vida. [...] Me gusta pensar que a la postre se sintió orgulloso, pero a menudo me he preguntado qué le habría hecho cambiar de opinión. ¿Tal vez llenar Wembley cuatro noches? O: ‘Mi hijo, tocando para el príncipe de Gales... Qué maravilla’. Contar con la aprobación real me habría otorgado la aprobación paterna”.

Otros episodios relatados por Collins en su libro abarcan su amor por la batería, su descomunal carrera tanto con la banda Genesis como solista, su inmersión en esos maravillosos discos conceptuales que escasean en estos tiempos de ‘selfies’ y memes, su transición al canto, su lucha contra el alcohol, su soledad, la ruptura con su familia, el reencuentro, sus divorcios, los problemas de salud que le impiden tocar la batería y su triunfal retorno. Este ilustre caballero británico no está muerto.

En la conversación de este diario con Collins, se le recuerda que él dijo que si antes la música lo separó de su familia, hoy lo une a ella, sobre todo a sus hijos. ¿La música es un amigo leal o se parece más a una enamorada o esposa, con la que las peleas son inevitables? Él comenta: “Ha sido un amigo leal. Sabes, he disfrutado la música. No puedo imaginar qué otra cosa hubiera hecho en mi vida. Cuando eres joven, tienes que tomar una decisión sobre si quieres seguir haciendo esto. Y yo elegí”.

Si pudiera viajar en el tiempo, ¿qué le diría al Phil Collins de 20 años? Él medita y contesta: “No estoy seguro, pero muy probablemente lo alentaría y le diría: ‘Sigue adelante’. Porque vale la pena, a pesar de que parte del camino es muy complicado. Yo creo que he disfrutado mi trabajo musical. Todo ha valido la pena”.

Collins tiene cinco retoños. Su hija Lily es actriz. Sus hijos Simon y Nicholas son amantes de la batería (este último, aún adolescente, ha tocado junto a su padre en el escenario). El británico detalla: “Con ellos, la música se ha dado de una manera muy natural. No les enseño ni les impongo. Así, mi hijo Mattew prefiere jugar al fútbol. Simon y Nicholas sí lo hacen muy bien. Nicholas está en una edad en la que tiene que tomar decisiones sobre lo que hará. Hay que dejarlo que averigüe”.

¿Y cómo es su vínculo con la música actual? “Para ser honesto, no escucho mucha música. A veces mis hijos me comparten lo que escuchan, como podría ser Red Hot Chili Peppers. Son bandas que normalmente las escucha un chico de esa edad, pero que no tienen que ver conmigo”.


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