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Fito Páez (vertical-x1)
El artista describe su nuevo proyecto como uno "muy feliz en una época muy triste". (GFR Media)

Pocos son los valientes que en épocas de ‘streaming’ se atreven a lanzar producciones musicales con más de 15 canciones. En su nuevo álbum, “La ciudad liberada”, Fito Páez  incluyó 18, aunque, claro… es Fito Páez.

No es una producción enteramente conceptual, es más un viaje con picos de dicha y otros casi apocalípticos. Como si tuviese una mirada omnisciente, Fito narra fábulas orientales y atraviesa el mundo varias veces para asumir la vocería del sufrimiento que causan las guerras en canciones como “Islamabad” y “Navidad negra”.  El artista se inmiscuye en el hervidero de las redes sociales en “El Ataque de los gorilas” y genera un proceso casi sincrético entre religiones con piezas como “El secreto de su corazón” y “Plegaria”.

En otros, como “Aleluya al Sol” y “La ciudad liberada”, el cantante voltea la mirada hacia su país, una Argentina convulsionada por la violencia de género, donde la indiferencia hace más difícil el progreso. Pero son denuncias que plasma desde el optimismo y que en lugar de victimizar instan a actuar.  Hay espacio para la intimidad cuando el artista habla de sus relaciones y experiencias personales, como en “Tu vida, mi vida”, canción de amor inspirada en su noviazgo con la modelo María Eugenia Kolodziej, de 27 años. 

El argentino habló con El Tiempo para ahondar un poco más en los motivos detrás de su nuevo trabajo. 

  ¿Cómo nace ‘Tu vida, mi vida’?  

- Estoy todo el tiempo arriba del piano, siempre estoy haciendo música. Hubo un día en Córdoba, hace dos años, en el que después de dormir una siesta me dediqué a tocar un rato y ahí apareció la melodía entera. Llegó la parte A y la B, pero la letra apareció años más tarde.  Es una de esas canciones que se van construyendo a medida que vas viviendo. La música, cuando es poderosa, atraviesa el tiempo. La podés dejar allí incubando y después la propia música te revela la letra. Si estás atento a lo que te quieren decir los materiales, las cosas se escriben casi por sí solas.

¿Su novia, protagonista del vídeo, también inspiró ‘Chica mágica’?   

- Total. Ella fue la musa del álbum. Toda la luz que tiene el disco de alguna manera la trajo ella. Una amiga cineasta, Lucrecia Martel, me dijo que ha visto un disco muy feliz en una época muy triste, y creo que ese es un concepto básico y a la vez muy real del álbum. Creo que toda la parte luminosa y hermosa del álbum, que no está solo ligada a los textos sino también a muchas decisiones musicales, la trajo ella.  En discos anteriores, como ‘Yo te amo’, habló de la cercanía que tiene con su hija Margarita. ¿En este nuevo álbum está presente de alguna manera esa relación? Mis hijos están presentes ahí, como pasa con María Eugenia; son figuras lumínicas. Cuando estoy en algo medio oscuro, entran a la habitación e inmediatamente lo extirpo. Si viviéramos en un mundo de Spielberg, imagínate a un hombre solo en una habitación y que de golpe entran unos soles voladores. Eso no excluye que el álbum tenga sus aspectos más densos y trabajosos, pero siempre ellos contribuyeron en términos de claridad. Más que hablar en términos metafóricos, lo que viene a traer la gente que está al lado tuyo es verdad. 

  ¿Cómo fue el proceso de composición de las demás canciones?  

- ¿Viste que un oficinista tiene sus ocho horas de oficina? Yo tengo esas ocho horas, más otras ocho de placer y otras ocho horas de sueño. Entonces, si junto las ocho horas de trabajo y las ocho de placer son 16 horas por día. En esas 16 horas hago muchísima música, escribo, ensayo y hago conciertos, entonces la música se va haciendo permanentemente. No es que componés canciones para los álbumes, ¿me entendés? En un momento la tarea es intentar armar una trama común entre diferentes músicas y textos. En el caso de ‘La ciudad liberada’, la época impone una mirada muy específica, está pasando de todo, la información corre como agua en un río, entonces hay un marco muy especial para poder hablar y contar cosas.

¿Cree que Buenos Aires se convertirá en una ‘ciudad liberada’?  

- Recuerdo el clima que se vivía en Buenos Aires en 1983, donde había un aroma de ciudad liberada una vez derrocada la dictadura militar. Hay una añoranza sobre ese clima, que no llega a ser el de la toma de La Bastilla en la Revolución francesa (risas), pero tiene algo de eso. Las calles están sueltas, en los bares pasa de todo, se liberanla sexualidad y un montón de situaciones, por eso hay un aroma de libertad y un tufo anárquico.  Es un estado ideal, como vivir en una ciudad de posguerra casi, pero en todo caso en una ciudad feliz. Igual sabemos que, como lo dijo Charly (García) sabiamente en su álbum ‘Piano bar’ (1984), “lo que fue hermoso será horrible después”. Toda búsqueda utópica de una ciudad libertaria se va a terminar pudriendo por los mismos habitantes, que somos nosotros. Toca pelear contra el conservadurismo de uno más que con el de los demás. También toca el tema de la hostilidad en Twitter y Facebook, y asegura que la gente ha perdido la emoción de vivir. 

¿Por qué cree que llegamos a ese punto? 

- Creo que hay que tomar todo un poco en broma, porque el drenaje de odio en las redes es relativo. Un tuit no es una bala, son palabritas en el espacio, un odio ingenuo. En ‘El ataque de los gorilas’ la gente ha perdido la emoción de vivir porque no amás ni cogés por la red y no te abrazás con el otro. Te ves en una pantalla, no te tocás, y entonces ahí hay una dislocación de esa emoción. Se dice ‘te amo’ muy fácilmente y se transmiten las emociones con palabras de manera muy sencilla, pero posiblemente cuando tienes al frente a esa persona no puedes ni mirarla a los ojos.  En el álbum hay referencias religiosas, pero quizá la más concreta es ‘Plegaria’. 

¿Se identifica con alguna religión?  

- Yo fui criado en el cristianismo y creo que hay muchos valores de ahí que me han quedado y me gustan. No sé si soy capaz de respetarlos todos, pero hay algo ahí que se ha quedado y son enseñanzas preciosas. Viste que igual uno cree cuando le conviene, ¿no? Hay personas que cuando están muriendo dicen: “¡Ay, no! Creo en Dios, creo en Dios”, y después ya no creen (risas).  Te diría que mi religión es la música, porque cada vez creo menos en las palabras, pero en la música sí. Al no estar la palabra, hay algo allí que sí tiene la música: lo ceremonial, lo sagrado y esa suerte de tensión que tiene ella sola. Cuando escuchás música todo se detiene, parece una especie de dios, de figura o espacio misterioso.  Este álbum también habla de momentos que llegan a su fin, como en ‘Se terminó’. 

¿Qué cosas se han terminado para Fito?  

- Siento que estoy rodando, ¿viste? Aparte, a la velocidad fulminante a la que estoy engordando (risas)... Siento que sigo rodando porque voy buscando cosas nuevas. Un nuevo juguete que me apareció en estos días fue que compuse la música para una película. En dos o tres semanas voy a estar al frente de una orquesta, casi dirigiéndola, porque toda la música es mía pero la va a orquestar otro músico. De todas formas, voy a estar metido en ese viaje.  La música es un lenguaje infinito, siempre te va a permitir experimentar, conocer algo nuevo y hacer combinaciones con los tres elementos básicos: el ritmo, la armonía y la melodía. Hay un buen horizonte por delante.


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