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Además de salsa, el evento contó con temas "freestyle" y baladas, enmarcados en una producción que incluyó recursos técnicos y bailarines.

Una calurosa tarde de domingo sirvió de marco para la segunda función del concierto “Trayectoria”, de “la princesa de salsa”, India en el Centro de Bellas Artes en Santurce

Desde que grabó el album “Llegó la India” con Eddie Palmieri en 1992 en Nueva York -la ciudad más grande de Puerto Rico-, veníamos siguiendo esta prístina voz caribeña. y por vez teníamos la oportunidad de escucharla en vivo.

El concierto –una producción de Angie García para Producciones Tropical-, comenzó con una atractiva secuencia sobre una pista sonora editada por su director musical, el maestro Isidro Infante y Linda Viera Caballero (nombre de pila de India), que acompañada de una vistosa coreografía de Tito Ortos con tres parejas de baile, encendió el escenario con el sugestivo número “Dancing with Fire”.

Para el segundo número, “Fever”, prestado del soul en tempo de cha-cha, apareció una bella imagen del pionero del Latin Jazz, Tito Puente en la pantalla detrás de los músicos, como un ángel que les protegía. 

La sofisticación del arreglo de la tercera entrega, “Sedúceme” se ahogó por la indefinición en el timbre resultado de la excesiva amplificación-, y apenas se pudo percibir el juego creativo de frecuencias graves y medias en el “baby bass” del profesor Pedrito Pérez. Tampoco se entendía lo que cantaban los tres coralistas.

Demasiado pronto la aplicación para teléfono móvil rebasaba los 100 decibeles de volumen, obligándonos a proteger los oídos con unos tapones de calidad profesional, que reducen el impacto en el tímpano, pero permiten escuchar la música de manera aceptable.

La sorpresiva entrada del multi-talentoso Manny Manuel para jugar y cantar con la capacidad improvisatoria de India resultó pesada, para un show que ya se perfilaba excesivo.  

Ya para los dos éxitos de corte feminista titulados “Sola” y “Estúpida” el volumen del equipo de amplificación del concierto resultaba insostenible.

Acompañada por los acordes del teclado electrónico con sonido de piano de las manos del maestro Zito Zelante -aunque la ocasión ameritaba utilizar uno de los Steinways del Centro-, India ofreció un segmento de tangos que cerró con su versión tanguera del bolero “Qué te pedí” de Fernando Mulens, que popularizara La Lupe. 

Acto seguido apareció Glenn Monroig ataviado como si se acabara de levantar de una siesta, a cantar a dúo con India el éxito “Vivir lo nuestro”, que la cantante popularizada con Marc Anthony.  

En Glenn, un cantautor de enorme destrezas creativas, vocales e interpretativas, da lástima observar su comportamiento público. Hijo de uno de los más grandes cantantes puertorriqueños de su época, carece de la elegancia y la deferencia por su público emblemáticos de su padre.  

No puede ser que cuando vienen artistas “de afuera” -sea al Coliseo de Puerto Rico, al Anfiteatro Tito Puente, al Centro de Bellas Artes o a un espectáculo al aire libre-, el sonido sea apropiado y nítido, y cuando le toque a los “locales” el sonido resulte insoportable. Alguien tiene que parar esta ensordecedora locura.


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