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Ricky tendrá su cita en el Coliseo de Puerto Rico el viernes 12 de febrero. (Suministrada)

Nueva York - ¿Que si sube la adrenalina? Sube y se mantiene a unos niveles que las personas con baja resistencia física quizás no puedan soportar. Ricky Martin mantuvo de pie a los miles de hombres y mujeres, desde jóvenes hasta adultos de edad avanzada, que anoche llenaron el Madison Square Garden al entregarse a ellos con una combinación de energía, baile, coquetería y buena interpretación.

La entrega fue absoluta desde la primera hasta la cuarta fase por las que transita el tan espectacular concierto “One World”, en el que artista de 44 años se presenta en total dominio del escenario. Sus integraciones en las explosivas coreografías hasta su provocativa manera de poner a bailar al público a su antojo, complementan perfectamente con sus éxitos musicales, algunos de su más reciente producción “A quien quiera escuchar”.

Las interpretaciones se crecieron con la sincronización de luces, ocho pantallas movibles, ocho bailarines y nueve músicos dirigidos por el guitarrista cubano David Cabrera.  

Un despliegue de luces blancas y rojas marcó el inicio del show poco después de las 8:30 p.m. del jueves. La inminente entrada del cantante causó euforia y activó miles de celulares prestos a grabar el momento.

Vestido elegante, con chaqueta y pantalón azul, combinado con camisa blanca y corbata negra, Ricky Martin descendió al centro de la tarima desde una plataforma y de inmediato energizó la escena con “Mr. Put It Down”.

No exageró Martin cuando horas antes del concierto detalló a El Nuevo Día que el inicio sería uno fuerte y de intenso baile. “This is good”, “Drop It On me” y “Shake Your Bon Bon” -tema en el que la bailarina boricua Tatiana Delgado se llevó su nalgadita- mantuvieron un ambiente de discoteca, que él gozó junto con la audiencia.

La adrenalina estaba en un nivel alto para el momento en que el reguetonero Wisin regresó, pues había sido el telonero, para unirse a la estrella del pop en “Adrenalina”. 

“¡Come on New York. Let me see you!”, fue el saludo del artista a la fanaticada de distintas nacionalidades que se dio cita. “¡Wow!”, dijo antes de morderse los labios y hacer viajar su mirada por todo el recinto. Luego les invitó a ser libres, a ser felices, a dejarse llevar, “porque esto se trata de amor, de igualdad, de libertad, de ser uno mismo”.

La intensidad bajó un poco en la transición al segundo segmento con la balada “Tal vez”. Visuales de un viejo Mustang y la mano del conductor tratando de sintonizar la radio marcaron el inicio de la próxima etapa con el clásico “Livin la vida loca”.

Como lo hizo en su gira anterior, “Más”, el artista se trepó de nuevo en el bonete del vehículo descapotado para revivir el tema con el que ha recorrido el mundo. Los arreglos más rockeros para esta parte del concierto, en armonía con las nuevas coreografías y efectos de iluminación, lograron que este y otros éxitos que se repiten del repertorio tomaron nueva personalidad.

Con una camisa sin mangas, una falda negra a media pierna y acompañado de un cuerpo de bailarines hombres, cantó “It’s All Right”.

Un juego excelente entre artista, bailarines y luces se repetía con “She Bangs”. Trepado en un elevador, Martin activó con suaves movimientos a cada uno de los bailarines y así mismo correspondía el atractivo montaje de luces.

El segmento de baladas comenzó con visuales alusivos a la labor que realiza la Fundación Ricky Martin en contra de la trata humana. En medio de las ocho pantallas que ocuparon el frente de la tarima, reapareció el protagonista de la noche con “Asignatura pendiente”. Las venas se cortaron con “Disparo al corazón”, “Tu recuerdo” y “Vuelve”.

La fiesta, la algarabía, el sabor retomó su lugar en la última sección que abre con una recreación en tarima, muy al estilo Broadway, del vídeo de “Adiós”. 

Fue con sus éxitos “Lola”, “María”, el más reciente, “La Mordidita”, “La bomba”, “Por arriba, por abajo”, “Pégate” y “La Copa de la vida” que alcanzó una conexión impresionante con el público, del que se despidió en medio de un festín de blanco confetti y una sonrisa que desbordaba satisfacción.

Este concierto tendrá su cita en el Coliseo de Puerto Rico el viernes 12 de febrero. La venta de boletos comienza hoy.


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