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Este puertorriqueño de 35 años, aceptado en el programa de etnomusicología de la Universidad de Limerick, se dedica a tocar la gaita.

Estoy convencida que llegará caminando con dificultad debido al peso de su instrumento. Lo imagino con un estuche enorme, como esos que se usan para guardar el contrabajo. Pero, en cambio, llega liviano de equipaje, relajado y mostrando una sonrisa fácil que emana humanidad. “¿Viniste con el instrumento?”, le cuestiono. “Sí, lo tengo aquí”, dice señalando un estuche un poco más grande que una mochila, el cual lleva en su espalda. Sorprendida, lo dirijo hasta el estudio de fotografía, donde se le grabará interpretando su instrumento.


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