En “The Rental”, un grupo de amigos descubre que algo no anda bien en la casa que han alquilado para pasar el fin de semana. (Suministrada)

En el género de horror hay ocasiones en que mientras más simple es el concepto central, más posibilidades hay para que el talento detrás de la cámara se pueda manifestar.

Esto es lo que sucede con “The Rental”, filme que ya está disponible en todas las plataformas digitales de alquiler y compra y que marca el debut de David Franco (“21 Jump Street”, “The Disaster Artist”) como director.

El trabajo de Franco en su ópera prima no cuenta con la chispa visual impresionante que distinguió la dirección de Leigh Whannell en “The Invisible Man”, pero este logra evocar consistentemente la destreza simple y brutal de John Carpenter cuando redefinió el género con “Halloween” en 1978.

Vale la pena dejar claro que “The Rental” no logra ser tan memorable como esos dos filmes, algo que tiene que ver con la falta de profundidad dramática del guion, que fue escrito por Franco junta a Joe Swanberg (Drinking Buddies). Como resultado, el filme termina siendo un ejercicio efectivo del género que confirma el talento natural que tiene Franco como director.

Mucho antes de llegar al viraje sorpresa que lleva la trama del filme a un clímax que podría ser sacado de las primeras secuelas de “Friday The 13th”, Franco encuentra formas novedosas de ir elevando el suspenso y de coquetear con cuales convenciones del género va a trabajar la trama.

Cuando dos parejas, interpretadas por Dan Stevens, Alison Brie, Jeremy Allen White y Sheila Van, llegan a una lujosa casa frente al mar que van a alquilar durante un fin de semana, “The Rental” insinúa que el filme va a retrabajar el tema principal de “Get Out”.

Esto no sucede, pero el filme crea una olla de presión entre las dinámicas disfuncionales de los protagonistas que empuja la trama a registrar como una versión adulta de “I Know What You Did Last Summer”.

A pesar de los tropiezos del guion con convenciones carentes de originalidad, la dirección opresiva de Franco logra que el espectador se sienta incómodo y con los nervios de punta mucho antes del “viraje sorpresa” y de la explosión de violencia que sigue. Mucho más impresionante es la secuencia final del filme donde el director asume por completo la patología de un asesino en serie y elimina cualquier cabo suelto que el guion haya dejado alrededor del evento siniestro principal.