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Alexandra Fuentes creció en un barrio de Cidra. (Wanda Liz Vega Dávila)

Cidra - Todas las personas que han conocido a la presentadora Alexandra Fuentes a lo largo de su vida coinciden en que ha sido buena amiga y excelente hija y hermana. Siempre fue extrovertida, amorosa, alegre, humilde, respetuosa, con valores, y muchos otros adjetivos que siguen adornándola hasta el día de hoy.

Es que la animadora de “Alexandra de noche” sigue siendo la misma sólo que ese enorme cariño que siempre le tuvo su pueblo se ha esparcido por todo Puerto Rico convirtiéndose en una de las figuras más valiosas de la televisión.

La artista nació hace 37 años, un 23 de enero de 1978, en el Hospital Regional de Caguas, aunque su hogar estaba en el barrio Rabanal de Cidra. Es hija de Nilda Rivera, ama de casa y quien trabajó como costurera en una fábrica, y del mecánico Rubén Fuentes.

Como primera estampa en este segundo videorreportaje que presentamos de figuras de relevancia del País y que hemos llamado “De aquí vengo yo” llegamos al teatro del Grupo Pitri donde Alexandra dio sus primeros pasos como actriz y bailarina.

“Me gustaba mucho la escuela, pero nada como venir a Pitri. Esas puertas del centro cultural podían estar cerradas y yo ya estaba esperando afuera”, recordó de inmediato. 

Víctor Torres, director y cofundador de Pitri hace 34 años, conoció a Alexandra cuando ella tenía 12 años e ingresó al grupo.

“Creció mucho en el arte durante el tiempo que estuvo aquí. Entiendo que lo que la aventajó fue su disciplina, su mejor arma para lograr lo que es ella hoy día. Sabía que se iba a desarrollar en el ambiente artístico porque era dinámica, sabía lo que quería, era bien servicial, buena compañera y siempre tuvo esa naturalidad que aún conserva”, dijo Torres quien indicó que hoy día Pitri tiene más de 150 estudiantes que reciben educación artística gratis.

A la actriz le brillaban los ojos al ver a su alrededor y recordar que esa sala “estaba llena de nuestros padres”.

“Una vez estaba haciendo una obra y se me escapó una gallina que era de Mariita, mi abuela materna, que me la prestó para una escena y me fui corriendo pero no la alcancé, y papi que estaba entre el público la cogió y atravesó el escenario con la gallina en su hombro como si aquello fuera un guacamayo, un ave exótica. Mami se quería morir de la vergüenza”, agregó Fuentes.

El profesor destacó que la imitación de Cantinflas y la india María que hacía Alexandra era algo que la gente siempre pedía.

“Mi papá me hizo un gorrito con papel de periódico como el de Catinflas, yo me ponía un pantalón amarrado al tobillo y me pintaba el bigotito con delineador. Con esa imitación me gané los aplausos en las tablas hasta que vino Gloria (otra estudiante) ella era la dura haciendo de Cantinflas y yo pasé a hacer la india María en dúo”.

Memorias de la Plaza de Cidra

Muy cerca del Centro cultural está la Plaza Pública de Cidra hacia donde nos dirigimos. En ese par de cuadras Alexandra se metía en los negocios, ahí contaba que hacían recolectas para comprar la mejor pizza del pueblo, entraba a la tienda de regalos, salía corriendo a saludar a los conocidos o amigos que iban en los carros, y a sus compueblanos que jugaban dominó en la plaza.

“Con todo el respeto te ves mejor en persona que en televisión”, le comentó un joven que pasaba.

“La plaza de Cidra es una de las más lindas. En la época de Navidad aquí venía yo… Había una vez (contaba en voz baja) un nene que estaba enamorado de mí y una nena que estaba pendiente a él. Aunque a mí él no me gustaba, la nena la cogió conmigo y no podía venir a la plaza porque me decía un montón de cosas y yo estaba asustada, hasta que se lo conté a mi mami y vino a la plaza, pero terminaron siendo las mejores amigas. Eran cosas de chamacos”.

Aseguró que no tenía novios “porque papi no me dejaba, era bien estricto y yo prefería no molestarlo”.

Otro suceso que llegó a su mente fue cuando una vez salía del salón de belleza cuando le acaban de hacer un blower.

“Salí con mi melena lacia bien bonita y había una guerra de Barbasol (crema de afeitar) ese día y me llenaron el pelo de espuma, y ahí mismo empecé a llorar. En el beauty les dio tanta pena que me volvieron a meter la cabeza en el bowl de lavar cabezas y me dieron el blower otra vez con esa santa paciencia porque aquello duraba como hora y media”.

Sus mejores años de escuela

La comediante se graduó de la escuela superior Ana J. Candelas en 1996 que llevaba por lema “Amigos por siempre” y fue la presidenta del grupo de anuario de su clase. Por eso fue en ese plantel donde se dieron cita dos de sus más queridos compañeros, Yinerva Pagán e Irving Ortiz, ambos profesores en Cidra. 

“Cumplimos dos década el año que viene y Irving que fue el presidente de la clase y mi amiga del alma ya están planeando la celebración”, sostuvo la Ale.

“Eran buenos tiempos que nos dio lo que somos ahora”, añadió Irving.

Compartieron que los ‘partys’ más grandes eran en la marquesina de casa de Yinerva, pero al que fumara le decían que se fuera porque la madre de su amiga era muy estricta con esas cosas. Compartió la artista que con su amiga vivió grandes momentos, pero también otros muy duros cuando el esposo de ella murió en un accidente.

“Alexandra siempre ha sido lo que ves”, afirmó Yinerva.

“La conozco hace más de 25 años y siempre ha tenido esa facultad de ser una persona de pueblo. Era el alma de las fiestas, ese revolú que se formaba cuando ella entraba a la escuela era bien grande”, expresó Irving quien en ese momento les comunicó a sus amigas que estaba considerando entrar en la política como todo el mundo pensaba desde que eran unos adolescentes.

“Siempre es bueno contar con gente buena que le ha servido al pueblo como maestro”, reaccionó la esposa del doctor David Bernier quien muchos esperan se lance como candidato a la gobernación en las próximas elecciones.

En la casa donde vivió desde los dos años

No hizo más que llegar a la casa donde vivió desde los dos años hasta hacerse grande y Alexandra se quitó los zapatos como lo ha hecho siempre. En esa casa reside su hermana mayor, Verónica, junto a su esposo y su niño. Los padres de la artista, quienes prefirieron no estar en el reportaje porque no les gustan las cámaras, residen en un barrio de Cidra.

“Caminaba descalza por todo esto. Cuando íbamos al parque mami nos llamaba con un pito que se escuchaba hasta dos cuadras más allá, y ahí se acababa el juego. A las seis de la tarde nos encerraba y nosotros nos quedábamos pegados a las rejas pidiéndole un break. Cuando traíamos amiguitos y nos sentábamos en el balcón papi nos daba en la ventana y nos decía ‘a dormir’, eran las 8:00 p.m. Un día fregaba Verónica y otro yo. Y si esa trastera no se atendía a las 7:00 p.m. se tenía que dejar para el otro día porque papi se acostaba a dormir y no quería escuchar ni un plato... Papi era amoroso, bien chulo, vacilador, pero celoso con sus hijas. Es que él trabaja bien duro, y todavía lo hace”.

Las hermanas tienen otros dos hermanos de padre y madre, Natalia que llegó 9 años después de Alexandra y Rubén 15 años más tarde. Además, su papá tenía una hija, Cecilia, cuando se casó con su madre, que vive en Estados Unidos y todos se quieren mucho.

“Lo más chévere es que ahora mi hermana vive aquí, es directora de escuela y la que pone orden entre los hermanos”.

Y comenzamos el recorrido de su antiguo hogar por la cocina donde la estufa siempre estaba con comida porque eran muchos, contó.

“Este radio ha estado aquí toda la vida. Papi escuchaba la emisora am donde hablaba Ojeda todos los días, y uno se levantaba escuchando a Ojeda. Los cuartos chiquititos donde nos metíamos las tres muchachitas y cuando llegó el varoncito papi nos extendió el cuarto, nuestras camitas tenían una colchitas que mami nos cosió. Como buenas hermanitas, con personalidades distintas, compartíamos todo”.

La sala era una parte de la casa que pocas veces se usaba.

“Siempre estábamos en el cuarto de papi y mami porque mi mamá era muy celosa con su sala, le gustaba tenerla bonita y el sofá con sus cojines. No dejaba que nadie se sentara en ella. Después de mucho tiempo me dijo ‘mira que boba yo era, si la sala es para uno disfrutarla’. En esta casa nos cogió el huracán Hugo y se nos fue el patio con los columpios, nos arrancó el techo de zinc y estuvimos un tiempo cogiendo ayuda por los destrozos. Vivimos con estrecheces, pero fuimos una familia feliz. Papi nos crió con mucha seguridad, con mucha alegría y sobre todo con mucho amor. Era todo muy normal como una familia de clase media baja contentos con lo que teníamos, no se necesitaba más”.

Verónica por su parte, recordó una motorita vieja que tenían y que sonaba como un “trimmer”. “Como la vecina tenía una nueva que no hacía ruido nos gritaba ‘bota ese trimmer’”, dijo la profesora.

La llegada de Alexandra, contó Verónica, fue como tener una hermana gemela porque se llevaba poco más de un año y las vestían iguales. “Una vez mami nos llevó a una tienda González Padín en Plaza del Carmen Mall, y como me distraje no las encontraba, como niña juiciosa que yo era me fui al carro a esperarlas, pero la gente nos confundía y les llevaba a Ale pensando que era yo.  En medio de la confusión papi que trabajaba cerca fue al centro comercial a buscar una pieza de carro y es él quien me encuentra y me lleva donde mi mamá”.

Entretanto Marylin, una vecina de la urbanización, se acercó a la casa para compartir su historia con este diario.

“Nos levantábamos a la 5:00 a.m. para llevarla al concurso de Miss Petite en San Juan porque yo era su mentora. Alexandra fue siempre muy polifacética, luchadora con muchas ganas de crecer y de ser alguien. No me puedo olvidar de aquella vez que subió a esa cuesta (señalando para la calle) y gritó desde arriba con un diploma en la mano ‘Marylin me gané el primer premio en oratoria. Le dije, ‘así mismo serás, grande en oratoria’”.

Entre risas, Alexandra agregó. “Lo único que gané en ese concurso fue Miss Amistad. Me metí buscando entrar a la televisión, pero a veces el que pierde en esos certámenes gana mucho”.

Y así se despidió la cidreña.

“Este es un cantito de mi niñez, de mi adolescencia, mi juventud, mi pueblo de Cidra que tanto quiero y añoro, una vida con mucho amor, con alegría y de manera sencilla. Todavía me llegan cartas aquí porque de aquí vengo yo”.


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