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Una de las novedades de esta temporada es la aparición de la cantante Gloria Estefan como la hermana menor de Lydia (Rita Moreno). (Suministrada)

Retener la chispa cómica y ser consistente sin recaer en fórmulas trilladas siempre ha sido uno de los obstáculos más grandes en el formato de la comedia de situación. Sin embargo, la tercera temporada de la nueva encarnación de “One Day At A Time” llegó esta semana a Netflix con el mismo ingenio creativo de su primer episodio.

Una de las cosas que más impresiona de estos 13 episodios es cómo la producción tiene bien claro lo que es la escénica cómica de este programa y la sigue utilizando dándole al espectador cientos de razones de sonreír de oreja a oreja sin que se le pueda acusar de hacer más de lo mismo.

Sí, Rita Moreno, va a entrar y salir de las escenas de formas extravagantes (la mayoría de las veces usando las cortinas de la sala de los Alvarez) y el personaje de Justina Machado hará todo lo posible por no desmoronarse ante los nuevos retos de ser una madre soltera tratando de criar a dos adolescentes.

Aun así, en estos 13 episodios nuevos, más que en ninguna otra temporada, el elenco y la producción se las ingenian para seguir expandiendo la humanidad de los personajes centrales de una forma honesta, a la misma vez que sostienen y constantemente renuevan el ritmo de una comedia simpática e inteligente.

La efectividad de los momentos más cómicos y emotivos de esta nueva temporada reside en cómo la producción retiene los códigos convencionales de los “sitcoms” de Norman Lear (productor de la versión original de “One Day At A Time”, “All in the Family Good Times”) y encuentra un punto de vista moderno para explorarlos.

En los nuevos episodios Lydia (Moreno) tiene que sanar asperezas con miembros de su familia que tenía aislados, entre ellos su hermana menor, interpretada por Gloria Estefan. Elena (Isabela Gómez) sigue en su jornada de desarrollar su sexualidad y su sentido de justicia social, Alex (Marcel Ruiz) se mete en problemas cuando decide experimentar con una droga que ahora es legal en California y Penélope (Justina Machado) sigue aprendiendo el valor de tener diferentes sistemas de apoyo para lidiar con las diferentes situaciones que activan sus ataques de ansiedad.

Cada uno de los episodios está estructurado para lidiar con un tema social relevante, pero lo impresionante del trabajo de Gloria Calderón Kellet y su equipo de guionistas es cómo evitan dar una lección superflua y se concentran en seguir trazando la humanidad complicada de los personajes.

Moreno es la que más se roba carcajadas y Machado es excelente en preservar la honestidad de su personaje tanto en los momentos de comedia exagerada como en los momentos más dramáticos, pero los libretos de esta temporada abren el espacio para que todo el elenco pueda igualar ese impresionante acto de malabarismo histriónico quela actriz principal siempre ha logrado desde inicio de la serie.

De hecho, en esta ocasión quien se beneficia de la calidad consistente de los guiones es Marcel Ruiz. La jornada de su personaje esta temporada no es particularmente complicada, pero eso no quita que el intérprete puertorriqueño siempre encuentre la forma de adaptarse a los ritmos de sus compañeros de escena.

Siempre halla la forma más efectiva de acentuar la comedia sea con momentos para su personaje o asistiendo para que sus compañeros de escenas puedan robarse las carcajadas del espectador.

Lo único negativo que se puede decir de esta nueva temporada es que 13 episodios no son suficientes. Las altas y las bajas de la familia Alvarez tiene la resonancia emocional de las mejores representaciones del formato del “sitcom”.

El último episodio cierra con un personaje cumpliendo con un logro de vida y una clave de cómo el trasfondo cultural de esta familia cubana seguirá siendo su fuente principal de comedia si Netflix opta por aprobar una cuarta temporada.


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