Se ha demostrado que los altos niveles de ruido tienen efectos a nivel cognitivo, específicamente en la atención, en la memoria y en el rendimiento académico, por lo que se aconseja a los padres que lleven a sus hijos a parques y bosques. (Shutterstock)

El nivel de ruido de las grandes ciudades es no solo abrumador, sino altamente perjudicial para la salud física y mental. Los daños, especialmente para la audición, han sido objeto de múltiples investigaciones, pero también se ha demostrado que tiene efectos a nivel cognitivo, específicamente en la atención, en la memoria y en el rendimiento académico.

Michel Le Van Quyen, un neurocientífico francés autor del libro “Cerebro y silencio: Las claves de la creatividad y la serenidad”, reporta que un 33% de los adolescentes tienen una “escucha de riesgo”, vale decir, que tienen más de ocho horas de audición con altos decibeles al día.

A la luz de los hallazgos científicos, muchos sistemas escolares inducen varios minutos de silencio y de meditación durante el día, especialmente al comenzar las clases, como una forma de mejorar la atención y el aprendizaje, lo que ha reportado efectos positivos para estudiantes y profesores.

El mismo autor cita un estudio hecho por S. A. Stanfeld y colaboradores en 2,000 niños de noventa colegios situados cerca de los aeropuertos de Londres, Madrid y Ámsterdam, donde se mostró una relación entre exposición al ruido y descenso del rendimiento escolar y riesgo de dislexia. Como concluye Le Van Quyen: “El ruido constituye, pues, una verdadera agresión para nuestro rendimiento cognitivo”.

El ruido provoca una liberación excesiva de hormonas, como las catecolaminas y el cortisol, cuya asociación con cuadros ansiosos y de estrés está demostrada, así como su repercusión en el sistema cardiovascular. Los trastornos del sueño como sueño no reparador, dificultades en la conciliación del sueño y despertarse en la mitad de la noche han sido asociados a la presencia de ruido.

Sin hablar de las pérdidas auditivas, que no solo afectan a las personas mayores, sino que también a niños y adolescentes, quienes con sus audífonos constantemente conectados escuchan música a unos decibeles insospechados. Con ello no solo dañan los otolitos del oído interno, sino que restan al cerebro la posibilidad reparadora que tiene el silencio.

Es aconsejable que los padres lleven a sus hijos a parques y bosques en una indispensable cura de silencio.