Se ha podido observar con la inclusión del yoga y la meditación en combinación con la actividad física que la genética de la persona se fortalece. (Shutterstock)

Hace unos días, un panel de expertos del Colegio Americano de Medicina Deportiva (ACSM, por sus siglas en inglés) recomendó el uso sistemático de una prescripción de ejercicios realizada por profesionales del cuidado de la salud y preparadores físicos, diseñada para ofrecer programas dirigidos a disminuir el riesgo de desarrollar ciertos tipos de cánceres y cumplir mejor con las necesidades, las preferencias y las habilidades de las personas con cáncer.

Para ofrecer sus recomendaciones, el panel, compuesto por 17 organizaciones socias que incluyeron a la Sociedad Americana Contrael Cáncer y a los Institutos Nacionales de la Salud (NIH, por sus siglas en inglés), entre otras, revisó la evidencia científica más reciente sobre los beneficios de los ejercicios para prevenir, tratar, recuperar y mejorar la sobrevida de los pacientes con cáncer.

“Con más de 43 millones de sobrevivientes de cáncer a nivel mundial, tenemos una inmensa necesidad de hacer frente a los asuntos de salud únicos que encaran las personas que viven y sobreviven el cáncer, y entender mejor cómo el ejercicio puede ayudar a prevenir y controlar el cáncer”, asevera la doctora Katie Schmitz, la pasada presidenta inmediata de la ACSM.

“Este enunciado es bien importante porque dice que tenemos que procurar que toda nuestra población de pacientes con cáncer o que han sido sobrevivientes de cáncer esté participando en algún tipo de actividad física al menos cuatro días, pero, si son todos los días, es mucho mejor”, comenta, por su parte, el profesor Reynaldo Soler, coordinador del Programa de Ciencias del Ejercicio y Promoción de la Salud de la Universidad del Sagrado Corazón, quien explica algunas de las razones.

“La (razón que) más que se ha podido observar es que, si (la persona) está todavía en tratamiento, su resistencia y su condición de salud en general son mejores y gana mucha más energía”, menciona, al recalcar que, al pasar por el proceso de la quimioterapia, la condición de salud de las personas se limita bastante.

“Por lo tanto, las rutinas de ejercicios en combinación con la dieta mediterránea o con una dieta saludable, es un aspecto nuevo que han incluido (en las recomendaciones)”, sostiene Soler.

De acuerdo con el ACSM, existe, además, una amplia evidencia sobre la seguridad y la eficacia de otros tipos de ejercicios más allá de las modalidades tradicionales del entrenamiento aeróbico y de resistencia enel manejo de los pacientes y los sobrevivientes de cáncer.

Entre estas se encuentra el yoga, ya que se ha probado que esta práctica, antes y después de tratamiento, ha mejorado la calidad de vida y la fatiga de los pacientes, aunque todavía se necesitan más estudios para confirmar su potencial de mejorar el sueño, los síntomas depresivos, la ansiedad y el estrés, y los cambios cognitivos relacionados con el cáncer.

Los beneficios de otras actividades más rigurosas, como la escalada, los triatlones, los deportes recreativos y el entrenamiento de intervalos de alta intensidad (HIIT, por sus siglas en inglés), se están investigando en la actualidad.

Una de las cosas más claras que se ha podido observar con la inclusión del yoga y la meditación en combinación con la actividad física es que la genética de la persona se fortalece de tal manera que, para que ocurra una segunda aparición, por ejemplo, del cáncer o de alguna otra condición, se hace bien difícil porque los genes del individuo se fortalecen… (por ello,) hacer actividad física la mayoría de los días de la semana es la mejor medicina preventiva”, recalca Soler.

Las recomendaciones de la ACSM fueron diseñadas para ayudar a los pacientes a incorporar la actividad física en su recuperación y son un recordatorio de que todos los adultos deberían esforzarse para, mientras sus habilidades se los permita, estar más físicamente activos para prevenir el cáncer”, comenta en el comunicado oficial de la ACSM la doctora Alpa Patel, directora científica senior de investigación epidemiológica de la Sociedad Americana Contra el Cáncer.

Las recomendaciones basadas en la nueva evidencia hechas por la ACSM establecen que:

- El ejercicio es importante para prevenir el cáncer para todos los adultos. Específicamente, disminuye el riesgo de siete tipos de cáncer que incluyen: colon, mama, endometrio, riñón, vejiga, esófago y estómago.

- Para los sobrevivientes de cáncer, incorporar ejercicios ayuda a mejorar la sobrevivencia, luego de un diagnóstico de cáncer de colon, mama y próstata.

- Ejercitarse durante y después del tratamiento contra el cáncer mejora la fatiga, la ansiedad, la depresión, la función física, la calidad de vida y evita la exacerbación del linfedema.

¿Hay alguna actividad física preferida sobre otras?

Según el profesor Soler, “de acuerdo con la condición de la persona, hay varias opciones, como: caminar, correr bicicleta, nadar, remar y hasta acudir a un gimnasio a hacer ejercicios de resistencia, acompañado siempre de una persona certificada”, destaca, al mencionar que, con tratamientos como la quimioterapia, las personas suelen perder un poco de masa muscular.

Sin embargo, aclara que estas recomendaciones son útiles para todas las personas. “No solo los pacientes, sino todo el mundo, debe estar activo al menos 60 minutos del día, la mayoría de los días de la semana porque el beneficio es bien marcado y todos estamos en riesgo”, dice Soler, quien, además, dirige en la USC un proyecto llamado 50+, subvencionado con fondos federales y dirigido a mejorar la salud física de personas mayores de 50 años con una estrategia interdisciplinaria que integra a estudiantes de Trabajo Social, Psicología, Enfermería y Ciencias del Ejercicio.

“Siguiendo los patrones que han sido establecidos por el ACSM, que hemos criollizado, el cambio de esta población ha sido bien notable y eso es lo que busca esta declaración”, resalta Soler sobre los resultados positivos que han obtenido los participantes de este proyecto.

“Lo principal es que tenemos que reconocer que, si queremos un país que produzca, nuestra población tiene que prevenir todas las condiciones (de salud posibles) y fíjate que la declaración dice que hay siete tipos de cáncer que podemos prevenir con la actividad física, así que tenemos que empezar a mover a toda nuestra población y enseñarles a nuestros muchachos desde temprana edad (que el ejercicio) va en beneficio del estado de salud”, subraya Soler, al agregar que esta práctica, aunada a una sana alimentación “nos va a ayudar mucho en esta guerra que llevamos en contra de condiciones que son prevenibles”.

Añade que este es un esfuerzo conjunto, por lo que, además de los profesionales de la salud “recetar” mucha actividad física, los ciudadanos deben apoderarse de los espacios públicos y el gobierno debe establecer programas dirigidos a las poblaciones de todas las edades.

“Este es un esfuerzo multidisciplinario. La intervención debe ser de todos”, acota Soler, quien reconoce la intervención de un grupo multidisciplinario que incluya, también, a ingenieros y arquitectos, porque hay que promover que las instalaciones impulsen a realizar algún tipo de actividad física. Sin embargo, puntualiza que, en este trabajo multisectorial para promover la actividad física, la pieza principal es el preparador físico.

“Nuestra profesión debe empezar a reconocerse como el punto clave. Somos agentes de cambio. Los instructores y los preparadores físicos certificados somos agentes de cambio para ayudar a mejorar los hábitos de las personas, pero con la guía de un grupo multidisciplinario”.

El resumen comprensivo y las recomendaciones de la ACSM están contenidos en tres artículos publicados en dos revistas en línea, una de la ACSM y otra de la Sociedad Americana Contra el Cáncer.

El aviso de la ACSM urge a los profesionales de la salud y de la preparación física a usar estas nuevas guías cuando creen sus programas de ejercicio. Esto incluye:

- Usar prescripciones personalizadas de ejercicios que mejor cumplan con las necesidades, las preferencias y las habilidades de los individuos con cáncer o sobrevivientes, formal y sistemáticamente.

- Que los preparadores físicos obtengan una certificación como “entrenador certificado en cáncer”, desarrollada en colaboración por la ACSM y la Sociedad Americana Contra el Cáncer.

- Traducir a la práctica la evidencia robusta que existe sobre los efectos positivos de los ejercicios en los pacientes con cáncer.

- Continuar promoviendo la investigación que ayude a integrar el ejercicio como un estándar decuidado para los pacientes con cáncer.