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La Casa Ramos Machín se restaura junto a  personal del Municipio de San Lorenzo. (Suministrada)
La Casa Ramos Machín se restaura junto a personal del Municipio de San Lorenzo. (Suministrada)

Menos no es igual a peor, ni difícil sinónimo de imposible. Es solo que tiempos de estrechez requieren un mayor empleo de virtudes como paciencia, disposición, colaboración, laboriosidad, amor por el oficio y aprecio por lo que se posee, particularmente si se trata de patrimonio histórico y cultural.

Puerto Rico tiene tesoros que son patrimonio de la humanidad y en momentos en que se enfrenta a lo que algunos catalogan como la peor contracción económica en su historia, es lógico temer por el destino de estos. Sin embargo, un especialista en preservación histórica que por más de 30 años ha superado retos de diversa índole para proteger el legado del País, asegura que rescatarlos es posible incluso ante el desalentador panorama. Más aun, insiste en que por experiencia sabe que el ejercicio de hacer más con lo que se tiene, además de generar ahorros, produce conocimiento, capital humano y social que perdura y de otra manera no se crearía.

Explica el arquitecto Pablo Ojeda O'Neill que la formación en preservación que obtuvo en Europa se fundamentaba en la filosofía de organizaciones gremiales colaborando entre sí para maximizar el uso y reúso de recursos. De vuelta a Puerto Rico ha procurado aplicar dicha filosofía con ayuda de recursos humanos comunitarios e institucionales. Junto a ellos ha viabilizado proyectos de restauración como los del Parque de Bombas de Ponce, la Iglesia Nuestra Señora de las Mercedes en San Lorenzo, los plafones de los hemiciclos de Senado y Cámara en el Capitolio, la Casa Espada en Cayey, y la escalera de Estado de La Fortaleza. Actualmente rescata del colapso la Casa Ramos Machín junto a personal del Municipio de San Lorenzo.

“Vengo de una escuela de pensamiento de no gastar más de lo que se debe gastar en algo. En Europa las guerras mundiales crearon un impacto, porque pasaron hambruna… Allí todo se mide, todavía hoy en día. En Estados Unidos, pues, 'live is beautifull' y yo lo compro… Esa no es mi manera de pensar…. (Mi manera de pensar) es organizar la obra sabiendo los recursos que tenemos”, plantea. 

“No porque haya crisis económica implica que vamos a abandonar el patrimonio. Desde que regresé de los estudios en preservación todos mis proyectos son así, desde el Parque de Bombas (de Ponce) cuando se restauró en el 89-90 para el Quinto Centenario, todos eran personas del sitio. De hecho, el Parque de Bombas todavía tiene gente que trabajó conmigo en esa época y son los que mantienen el edificio”, recuerda Ojeda O'Neill.

El arquitecto estima que con este acercamiento las obras de restauración cuestan entre un 20% y un 40% menos. En el proyecto de la Casa Ramos Machín, propiedad del Municipio de San Lorenzo, unos 15 empleados del Departamento de Obras Públicas municipal han sido adiestrados para realizar diversas labores, por lo que no hay costos adicionales en mano de obra. Se trata de una estructura construida aproximadamente para el año 1880 con un primero piso en mampostería de ladrillo utilizado para fines comerciales, y una residencia de madera y tejas en el segundo. Ojeda O'Neill cuenta que cada pedazo de madera, de loza criolla, de teja, cada clavo que se retira de la estructura es protegido para su restauración y reúso.

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“Algo muy particular de esta casa, su valor prácticamente radica en eso, es que es la única casa que conserva su techo original en tejas con su estructura de madera original. Hay un valor intrínseco en que los materiales son originales. Si nos paramos en la plaza y vemos el techo, es como 'hand made' (hecho a mano) porque estas tejas se hicieron a mano en su época. Se hacían en los alrededores. En el área de Humacao, Juncos, había tendales, eran los centros de producción local de tejas, de ladrillo, de otros elementos que tenían que ver con cerámica. Eso se perdió hace tantos años, ya no tenemos tradición de eso en Puerto Rico. Por lo tanto, conservar ese elemento de teja a mano, para nosotros fue primordial. Las tejas nuevas se hicieron a mano también, siguiendo las mismas técnicas, pero se realizaron en Santo Domingo”, detalla el experto en preservación.

La rareza e importancia de este hecho ha sido apreciada también por los carpinteros locales Nelson Rodríguez Del Valle y Juan Sánchez Gómez, miembros del equipo de trabajo. “Siempre he sido carpintero y me gusta bregar mucho con madera, pero nunca había trabajado en una estructura así. Por fuera no se nota nada, pero los techos, como montaban la madera, cómo la anclaban unas con las otras, ha sido una experiencia chévere, nunca había visto una cosa así”, asegura Rodríguez Del Valle.

 “No solamente podemos hacer la obra a costos asequibles, porque el Municipio compra sus materiales, los trae, los mismos empleados del realizan la obra con la supervisión intensa de nosotros, también dejamos gente preparada en el mismo Municipio para el mantenimiento futuro de la obra”, destaca Ojeda O'Neill.

Su colega, el arquitecto Jaime Santana Machín, estima que en este caso el presupuesto de la obra ronda los $750,000. Identifica otros tres beneficios: la presencia constante de ellos como responsables de una obra cuyo plan de trabajo es cambiante en la medida en que se presentan nuevas situaciones dada la naturaleza del edificio, el no tener la prisa de terminar por terminar pues el fin primordial no es el habitual, y la capacidad de armonizar el estado histórico con las necesidades modernas. “Ese tiempo adicional da el espacio para evaluar cada una de las obras. Cuando se toma como una obra convencional, uno hace un plano de construcción y el contratista ejecuta lo que está ahí. Este tipo de obra requiere que cada cosa sugerida se reevalúe", recalca.

La rigurosidad y el cuidado por acercarse lo más posible el estado original de las cosas invirtiendo solo lo necesario lo vivieron en su máxima expresión las más de 50 personas que trabajaron junto a Ojeda O'Neill en la restauración de la Escalera de Estado de La Fortaleza, donde murales centenarios decorados incluso con láminas de pan de oro habían quedado ocultas bajo decenas de capas de pintura. El arquitecto sometió una lista con los nombres de todo el equipo de trabajo que publica hoy ElNuevoDia.com. Entre ellos estaba el experimentado artista plástico Erik R. Lluch Carmona, colaborador también del renombrado Antonio Martorell, y muchos jóvenes estudiantes de arquitectura y artes plásticas.

“(El de la escalera de Estado) Es un proyecto que si los haces París, en Nueva York o en Tokio, es millonario. De verdad que lo es, por el contexto, pero por la gente envuelta también”, afirma refiriéndose al talento y la dedicación.

Los trabajos en el Palacio de Santa Catalina, que fueron completados en unos siete meses a un costo de menos de medio millón de dólares según indicó Ojeda O'Neill, se realizaron en dos turnos de trabajo casi de manera ininterrumplida.

“Para mí fue una súper experiencia ya que poder trabajar directamente con la historia del arte y especialmente en la sección del pan de oro, me dio un conocimiento técnico que no hubiese podido aprender de ninguna otra manera en Puerto Rico”, testimonia Elimelec Berríos Correa, de 23 años y quien está por terminar un bachillerato en Historia del Arte en la Universidad de Puerto Rico.

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Luanna Díaz Méndez, escultora de 27 años, compartió anécdotas similares. “Una de las cosas que más noté es la sensibilidad, porque para trabajar y poder desempeñarse en este proyecto uno tiene que tener una sensibilidad, cada uno tiene que poner un poquito de su alma, hay que tratar el proyecto con respeto. Fue también bien retante porque como es súper alto (equivalente a casi cinco pisos) y había que trabajar en esos andamios… yo le tengo terror a las alturas, pero seguí. ¡Eso sí, no me quitaba el arnés!", cuenta entre risas.

“Fueron alrededor de cuatro meses trabajando ocho horas diarias. Cuando salía de la universidad iba corriendo a meterme a la cúpula a trabajarla. Estuvimos trabajando todos esos meses sin ver la cúpula completamente. Así que cuando se quitan los andamios y podemos ver… yo me quedé sin aliento”, comparte Berríos Correa.

Jorge Fusaro Martínez, quien dirigió el equipo de pigmentación, pan de oro y pintura, aplaude la entrega de sus compañeros, en quienes observó una cualidad que considera clave para la lucha por el patrimonio. “Si tienes la disposición, la maña o el interés, la gran mayoría de las cosas técnicas las puedes aprender. (La clave) Es tu disposición de querer aprender, crecer. Nada en la vida es excluyente”, declara.

Ojeda O'Neill asegura que lo vivido en el proyecto de Fortaleza conjugó de manera exitosa todas sus preocupaciones sobre la preservación del patrimonio histórico de Puerto Rico, y le demostró fuera de toda duda que su filosofía de la organización gremial al servicio del oficio verdadero por dicha causa es lo que se necesita para que el País abrace todo aquello que constituye su herencia.

“En periodos de bonanza económica y financiera tendemos a subutilizar los recursos disponibles y compensar la ineficiencia con inversión de dinero y esfuerzos extra. Nuestro patrimonio, sea éste arquitectónico, musical, artístico entre otros, no solo nos identifica como nación sino que también es parte del potencial de desarrollo socio económico de Puerto Rico, propiciando el establecimiento de empresas culturales, y a través de la restauración monumental y preservación del patrimonio histórico arquitectónico, un generador de empleos y de renovación económica de los centros urbanos tradicionales de nuestra Isla”, postula.

El arquitecto hace un llamado a las instituciones y a las comunidades a organizarse y, de ser necesario, crear patronatos o consejos comunitarios para unir fuerzas y recabar ayuda económica y técnica que les permita preservar incluso estructuras históricas que identifiquen en sus entornos.