La pandemia y distanciamiento ha elevado las reuniones por videollamadas laborales, pero también sociales y familiares. Esto, no obstante, genera agotamiento según un reciente estudio de Stanford. (Shutterstock)

Obligados a tener que modificar la vida en distintos ámbitos, es el escenario en que se encuentran millones de personas hace ya un año tras el arribo del COVID-19, trasladando funciones laborales, educativas y sociales al uso de la tecnología, dejando sobre la mesa problemas en la salud física y mental ante la dependencia de las pantallas.

Y es que en este contexto, la fatiga digital puede aparecer como resultado de las extensas jornadas frente a la computadora o dispositivo móvil, somatizando malestares ya sea fisiológicos o psicológicos, y donde -según explican los expertos- se debe tomar conciencia con estrategias de autocuidado de forma integral.

Realizar pausas tecnológicas de 10 minutos cada una hora, respetar la distancia frente a la pantalla e incluso realizar actividades físicas entre la jornada laboral son parte de las recomendaciones de los especialistas para combatir y prevenir enfermedades relacionadas a la tecnología.

Rocío Amaya, psicóloga de la Mutual de Seguridad, explica que ante el nuevo contexto frases como “estoy trabajando más que nunca ahora que estoy en la casa” cada día se vuelven más frecuentes y dan cuenta de los efectos negativos que dicha exposición ha comenzado a tener en la salud general.

Ante esto, algunas sugerencias básicas, pero muchas veces difíciles de llevar a cabo para disminuir el impacto en la salud, están relacionadas con los cambios de hábitos que se tienen a diario. Desde la Asociación Chilena de Seguridad (AChS) señalan que dejar el teléfono silenciado para respetar el horario de trabajo y evitar la sobrecarga laboral son pequeñas acciones que permiten una desconexión del trabajo o estudios.

Daniela Campos, jefa técnica de Riesgos Psicosociales de la AChS, añade lo importante que se debe atender dentro del hogar.

“Se debe vigilar la postura al estar frente a las pantallas, utilizando elementos ergonómicos y aumentando el ejercicio de bajo impacto. También no dejar de lado el sueño, tratando de no ver pantallas al menos dos horas antes de dormir, ya que cuando pasamos mucho tiempo frente a una pantalla se puede inhibir la cantidad de melatonina que producimos, disminuyendo el sueño profundo y reparador”.

En cuanto al agotamiento o cansancio que provoca la interacción constante con las pantallas, indica que esta no solo se explica por la cantidad de horas de exposición ante el dispositivo, sino que también por el esfuerzo que demanda el mantener la concentración en una tarea o incluso por la edad.

Además, Amaya agrega que “instancias como las reuniones online nos llevan a un mayor sobreesfuerzo, pues no solo debemos mantener nuestra atención en los aspectos verbales de la comunicación, sino también en aspectos no verbales, ya que al no tener interacción directa no se puede identificar de igual manera a las personas a través de la pantalla, lo que requiere agudizar nuestra capacidad de atención frente a la posibilidad de ver los gestos de las manos u otros”.

Es lo que muchos llaman “fatiga de Zoom”. La pandemia y distanciamiento ha elevado las reuniones por videollamadas laborales, pero también sociales y familiares. Esto, no obstante, genera agotamiento según un reciente estudio de Stanford.

En estas instancia hay un excesivo contacto visual (todos se miras con todos), uno se ve así mismo lo que implica un autoanálisis constante y crítico, reduce la movilidad, ya que hay que estar en un punto fijo a diferencia de hablar por teléfono donde uno se puede mover y por último hay que estar más atento por las dificultades de conexión o interrupciones cuando todos hablan.

Síntomas físicos aparecen primero

Un alza considerable en la fatiga digital en el último año es el diagnóstico que comparten los expertos tras el aumento del trabajo remoto debido a las múltiples dificultades para diferenciar simbólicamente lo laboral de lo doméstico, percibiendo de esta forma un incremento en la carga laboral y extendiendo así las horas en que se permanece conectado.

“Por esto es fundamental la prevención y capacidad de detectar a tiempo la fatiga, siendo los síntomas físicos los que primero se presentan como señales que da el cuerpo para ponernos en alerta y dar una pausa”, comenta Amaya.

Entre los síntomas fisiológicos, las molestias oculares (escozor, picor, sequedad o lagrimeo); dolores de cabeza localizados en la frente o en la zona de los ojos; molestias como tendinitis o dolor de espalda, son señales a considerar.

Respecto a lo psicológico, la sensación de cansancio o agotamiento, la falta de concentración, síntomas ansiosos con la ingesta constante de alimentos, bajo estado anímico o situaciones de estrés sostenido que afecten la calidad de espacios de descanso y desconexión son formas de somatizar la fatiga digital.

Desde la Mutual de Seguridad explican que, bajo este contexto, el pasar varias horas frente a una pantalla, con jornadas extenuantes de trabajo y por un período de tiempo prolongado podría generar síntomas asociados al síndrome burnout : estado de agotamiento mental, físico y emocional como resultado del estrés crónico en un lugar de trabajo que no se ha manejado con éxito.

“Reflejo de lo anterior es el aumento de las licencias médicas emitidas en 2020. Dejando de lado las por covid-19, sabemos que el alza se debió a cuadros de estrés y depresión, especialmente generados en meses de cuarentena, por lo que no debería extrañarnos que sigan en alza este año”, sostiene Campos.

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