Especialistas en el desarrollo, padres y maestros coinciden en que la educación presencial es la más efectiva, pero ante la posibilidad de un regreso paulatino a las aulas surgen múltiples interrogantes. (Shutterstock)

Ha pasado casi un año desde que los salones de clases se transformaron. En apenas unas semanas, las salas o las habitaciones de los estudiantes se convirtieron en su nuevo espacio de aprendizaje, los padres, madres y otros familiares, en los supervisores, y las computadoras y la tecnología, en el vehículo para obtener esa enseñanza.

Aunque en un principio los retos fueron muchos y todavía hoy algunos estudiantes no tienen acceso total a la enseñanza virtual, ha sido mucho el camino recorrido. Si bien es cierto que especialistas en el desarrollo, padres y maestros coinciden en que la educación presencial es la más efectiva, ante la posibilidad de un regreso paulatino a las aulas surgen múltiples interrogantes. ¿Cómo será el proceso de adaptación y la separación de los padres? ¿Qué rezagos traerán algunos alumnos que no han tenido el mismo acceso o aprovechamiento de la educación virtual?

Dos maestras y una patóloga del habla y lenguaje coincidieron en que el nuevo panorama requerirá flexibilidad y ajustes, pues el proceso educativo se transformó.

Melissa Padilla, maestra con 21 años de experiencia que imparte clases de Español a estudiantes de quinto, sexto y séptimo grado en la Escuela José Severo Quiñones, en Carolina, confía en que todo el conocimiento que los estudiantes han adquirido en el manejo de la tecnología y la educación virtual les servirá para incorporar más herramientas en el proceso de aprendizaje presencial.

“Los niños no sabían usar las computadoras ni los papás como una herramienta educativa. A la fuerza han tenido que aprender a ver los aparatos electrónicos como esa herramienta”, manifestó la educadora que junto a otros maestros ofreció talleres a estudiantes y padres sobre cómo subir las tareas en la plataforma Teams. Padilla reconoce que en un principio hubo mucho rezago, porque los primeros meses de la educación a distancia se dedicaron a adiestrar y a asegurarse de que los estudiantes tuvieran el acceso a la tecnología y a computadoras, proceso que el Departamento de Educación no complete hasta diciembre.

Pero, según transcurrieron las semanas, eso fue variando. “Ya dominan el programa. Este semestre hemos podido dar clases más normal. Cuando nos toque en definitiva el cambio de lo virtual a lo presencial, desde el punto de vista académico, no va a ser tan malo. Les puedo decir que busquen por Teams y enviarles un video. Eran los problemas que teníamos cuando estábamos a modo presencial y estos no tenían el acceso a las computadoras”, explicó.

Padilla, reconoció, no obstante, que una vez inicie el regreso a las aulas, deberán revisar los currículos y lo que se espera del proceso educativo.

“La educación virtual llegó para quedarse, y los maestros de Puerto Rico, tanto de escuelas públicas como privadas, tenemos que mantenernos al día. Considerando que ya tienen computadoras, tenemos que trabajar con esa parte académica y cómo van a encajar esos currículos para que la computadora sea una herramienta importante y se integre de forma contundente a la educación puertorriqueña”, planteó.

La educadora, patóloga del habla y directora del Instituto Fonemi de Puerto Rico, Nellie Torres, destacó que, al igual que ocurrió con el inicio de las clases virtuales, con el regreso a las aulas, será vital ajustar los estándares, pues no todos los alumnos lograron desde el principio el mismo acceso a las plataformas digitales y aún así se les aprobó el grado. Por eso, entiende que se debe considerer utilizer el periodo de vacaciones de Verano para reforzar las destrezas que se debieron trabajar durante el año.

“Un grado se sostiene sobre las herramientas y las destrezas que se estudiaron en el grado anterior. Cada grado y materia tiene su complejidad y esa complejidad es una jerarquía de aprendizaje, donde el grado posterior es más complejo, que el anterior. ¿Cómo lo vamos a dar por aprendido? Usemos el verano para preparar a esos niños, a hacer una revisión de destrezas, hay que trabajar intensivamente”, propuso.

Torres planteó, además, la importancia de dar espacio para la readaptación a los estudiantes de educación especial, para quienes la enseñanza presencial es fundamental.

“Impartirles clases unos días a modo presencial y otros virtual en esta población, que es tan sensitiva a los cambios, va a ser un caos para ellos. Eso es parte de su naturaleza como niños de educación especial. Tanto cambio les afecta la conducta. Les va a dar rabietas, se pueden poner agresivos, hipoactivos, desorganizados, llorosos y que no quieren hacer el trabajo, porque están en una crisis de ajuste a algo nuevo. Esto se debería hacer a modo paulatino”, destacó la patóloga.

Retomando la independencia

Otro reto que plantea Torres es el de la dependencia en el proceso, pues muchos niños y niñas se se han acostumbrado durante la educación virtual a tener la presencia de mamá, papá, tutor o familiar en la casa, a quienes suelen recurrir en pleno proceso de aprendizaje con el maestro o la maestra. Ante esa dependencia, Torres señala que desde ya los padres o encargados deben ir haciendo ajustes.

“Los padres tienen que alejarse y estar más a distancia en el proceso de aprendizaje de los niños. Contrario a algunos niños de educación especial, que de por sí requieren de esa asistencia, un niño de educación regular no. Lo que no queremos es haber creado una dependencia donde estos niños en un salón de clases no puedan funcionar porque se acostumbraron a tener a alguien al lado, de ‘cheerleader’, tutor o marcando la pauta para que se mantenga enfocado”, enfatizó Torres.

Aunque Padilla no se ha enfrentado a esa experiencia, sí han manejado un protocolo para estudiantes de educación especial que sí necesitan el apoyo constante de su adulto encargado.

“En los casos que vemos que no están funcionando bien, nos comunicamos con los padres de acuerdo a un protocolo que establece la escuela en circunstancias como estas”, indicó la maestra, quien resaltó que de sus 120 estudiantes, unos 12 no se están conectando por diferentes circunstancias.

Anhelado regreso

La educación debe ser presencial, en eso suelen coincidir los maestros, y aunque ya muchos anhelan recibir a sus estudiantes en el salón de clases, otros muestran sus reservas y preocupación ante posibles contagios.

Padilla, por ejemplo, asegura que hará lo que sea necesario para poder estar con sus estudiantes.

“Yo creo que ellos necesitan a la maestra. Hice un sondeo, les pregunté y me dijeron que les hace falta estar con la maestra, estar con los estudiantes y estar en la escuela”, comenta mientras puntualiza que hay niños que son muy extrovertidos en la escuela, pero no así en la educación virtual, lo que afecta su desempeño y aprendizaje.

“Estoy loca por volver. Yo me pongo un traje de astronauta y vuelvo”, revela la maestra quien dice ser estricta y que con su dramatismo y voz fuerte logra captar la atención de sus estudiantes. “Necesito eso, necesito a mis nenes, quiero decirles ‘no se bajen la mascarilla’, quiero ayudarles, quiero volver, pero vamos a ver qué pasa”, añade.

Sin embargo, Yarlín Rodríguez, quien es maestra de kinder y cuyos estudiantes podrían requerir mucha más supervision para cumplir con las normas de protección y distanciamiento, mostró preocupación en cuánto a cuán preparadas estén las aulas para garantizar las medidas.

“Un año no fue lo suficiente para que el Departamento de Educación habilitara y preparara las escuelas en medio de una pandemia para este nuevo regreso, aparte de las muchas necesidades que a diario se viven en las aulas escolares. Siento que el mundo cambió, que nos debemos cuidar todos para protegernos como individuos. Se siente miedo, inseguridades, preocupación, y responsabilidad porque nos toca educar y a la misma vez cuidar vidas mientras imparto la enseñanza a los estudiantes. Las aulas no tienen las facilidades y los materiales para cumplir con el distanciamiento social y la protección requerida por el Departamento de Salud”, opina la maestra, quien reconoce que la educación presencial es vital en el aprendizaje.

Algunos retos con los que se encontrarán los maestros

-Estudiantes dependientes del apoyo constante. La educación y terapias virtuales han traído al panorama a los padres como asistentes de los maestros y muchos de los estudiantes se han acostumbrado y creado una dependencia, a tal grado, que constantemente buscan la aprobación y apoyo del padre o madre presente antes de ejecutar o contestar una pregunta. A los fines de ayudar en el proceso de reinicio de la educación presencial, es momento de que los padres o cuidadores mantengan cierta distancia y fomenten la independencia de los estudiantes porque, de lo contrario, estarán necesitando supervisión y apoyo constante en el salón de clases, lo cual haría muy compleja y difícil, la tarea del maestro para enseñar a un grupo de estudiantes.

-Rezago causado por ausencia de terapias. Muchos estudiantes reciben terapias del habla, sensorial auditiva, ocupacional o educativa, que les ayudan en el proceso de aprendizaje. Sin embargo, un gran número de ellos no han recibido las mismas, o no las han recibido con la misma frecuencia. A este panorama se enfrentarán muchos maestros cuando descubran que esos estudiantes no están aprendiendo al ritmo usual por la ausencia o baja en la intensidad de los servicios terapéuticos que solían recibir. Es importante que los niños estén, desde ya, recibiendo todos los servicios complementarios, con la frecuencia recomendada por los especialistas, para evitar esta problemática.

-Problemas de conducta por la transición. Algunos estudiantes, sobre todo los de educación especial, son muy sensitivos a los cambios de rutina y les costará volver a ajustarse al salón de clases, por lo cual podrían presentar conductas inapropiadas, como tendencia a la distracción, a levantarse de la silla, a no seguir las normas del salón. Establecer reglas claras desde el primer día, utilizar refuerzos inmediatos y ser flexibles o sensitivos al inicio, serán de gran ayuda para que el maestro pueda mantener el control del grupo.

Fuente: Nellie Torres, terapista, educadora y directora del Instituto Fonemi de Puerto Rico

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