Es importante hacer una evaluación sobre qué destrezas se tienen para adaptarse psicológicamente a los continuos estresores que se viven en la isla. (Shutterstock)
Es importante hacer una evaluación sobre qué destrezas se tienen para adaptarse psicológicamente a los continuos estresores que se viven en la isla. (Shutterstock)

Desde el paso del huracán María en 2017, con su rastro de muertes y destrucción por Puerto Rico, ha sido difícil para la población volver a la normalidad. Y cuando este año se pensaba que ya estábamos a punto de salir a flote, un terremoto, múltiples réplicas y la llegada del coronavirus cambiaron por completo el estilo de vida de la mayoría de los puertorriqueños, además de causar desempleo y grandes dosis de ansiedad y estrés. 

Esta situación tiene todos los ingredientes para descontrolarle los nervios a cualquiera. De hecho, ese patrón constante de tensión, ansiedad y temor que hemos ido acumulando puede hacer mella en la salud física y mental de todos, advierte la doctora Karen Martínez, catedrática del Departamento de Psiquiatría de la Escuela de Medicina, Recinto de Ciencias Médicas (RCM) e investigadora principal del Centro para el Estudio y Tratamiento del Miedo y la Ansiedad, (CETMA).

“No hemos tenido tiempo para la recuperación porque hemos estado de un evento traumático a otro y llega un punto en que ese sistema que tenemos de respuesta a la amenaza deja de funcionar y entramos a un estado de estrés crónico. Esto también se ve asociado con depresión, que es una condición mucho más difícil de tratar y tiene más probabilidades de causar más disfunción en las personas”, señala la psiquiatra.

Precisamente, Martínez destaca que una de las dificultades es que desde el 2017 no hemos tenido tregua ni tiempo para recuperarnos. “Quiero hacer énfasis en esto de la recuperación porque los seres humanos, después de pasar por eventos traumáticos o muy estresantes, necesitamos recuperarnos y adaptarnos. Es cuando hacemos una reflexión de qué significó, qué aprendí y qué crecimiento hubo, lo que nos ayuda a superarlo. Pero en Puerto Rico no hemos tenido oportunidad de hacer eso”, agrega la psiquiatra.

Una situación que también puede desencadenar el desarrollo de condiciones de salud mental crónicas o causar que la persona no pueda funcionar bien ni cumplir con sus responsabilidades.

A esto se suma, explica la doctora Martínez, que esos estadíos de estrés crónico pueden causar altos niveles de inflamación y el desarrollo de dolencias como fibromialgia, artritis reumatoide, hipertensión, diabetes y hasta el cáncer, entre otras dolencias.

Por eso, la psiquiatra propone que es momento de que cada persona haga una evaluación sobre qué destrezas tiene para adaptarse psicológicamente a los continuos estresores que se viven en la isla.

“Hay personas que ya, naturalmente, vienen con unas destrezas muy buenas para manejar estresores y su salud mental no se afecta tanto. Pero la gran mayoría necesita un poquito de guía en cómo adaptarse. Estamos hablando de mantener los niveles base de ansiedad lo más bajo posible”, recomienda, mientras señala que debido a que ahora vivimos una situación tan impredecible, en cualquier momento puede aumentar la ansiedad. Por eso “nos tenemos que asegurar de que esos niveles base estén lo más bajito posible”.

Otro punto de vista

Pero, según la psicóloga consejera Naychaly Rivera Nieves, a nivel clínico se debe cambiar esa perspectiva de que hay una acumulación (de eventos traumáticos) que nos están afectando.

“Si percibimos el día a día como una acumulación se nos va la esperanza y nuestra realidad inmediata”, afirma la también presidenta de Piensa Psicología Innovadora. Pone el ejemplo de una conversación que tuvo con un grupo de jóvenes de 12 y 13 años sobre el sentimiento de desesperanza que tenían porque percibían que el mundo se iba a acabar.

También tuvo la misma experiencia con jóvenes adultos que sentían que ya nada parecía tener sentido. Por eso entiende que desde el proceso de la psicología humana no se deben acumular desgracias.  “Al enfocarnos solo en lo que está pasando somos víctimas de una desesperanza que no nos permite ver lo que realmente estamos aprendiendo de cada uno de estos diferentes eventos”.

Precisamente, Rivera señala que con ese sentimiento se rompe la continuidad de ese sentido de control o de esa aparente estabilidad que nos gusta pensar que tenemos. “Todos los años hay temblores y terremotos en diferentes partes del mundo. Todos los años nos llega polvo del Sahara y también tenemos huracanes, al igual que diferentes pandemias. Si nosotros tenemos un sentido de que controlamos nuestro ambiente damos por sentado ciertas cosas, como la familia, la salud y tenemos la tendencia a no tener unas preparaciones para adaptarnos a los cambios”, advierte la psicóloga, quien cree que antes de tener ese sentido de aparente control o de estabilidad, necesitamos poder enfrentarnos a nuestros miedos.

De hecho, coincide en que los miedos son los que pueden producir esas situaciones de ataques de pánico, de ansiedad y de temor. Por eso cree que lo esencial ahora es reenfocar nuestra energía emocional y ser conscientes de que siempre vamos a tener sentido de adaptabilidad “que es una de las capacidades de inteligencia emocional más importantes”.

“Eventualmente esa adaptabilidad nos va a llevar a encontrar nuevas alternativas. Además, debemos darnos cuenta de que lo que está pasando es parte de vivir en una tierra que está viva, que nuestro sentido de seguridad no puede cegarnos nuestra capacidad de superar las adversidades y que cada día va a traer retos diferentes”, argumenta Rivera, mientras enfatiza que el ataque de pánico es, en realidad un ataque de miedo.

“El exceso de adrenalina de nuestro sistema nervioso cuando hay un ataque de pánico es para que hagas algo porque estás ante una aparente amenaza. Por eso, a ese sistema hay que añadirle cosas que nos hagan sentir bien”, agrega, mientras recomienda prestarle atención a “lo que te hace sentir menos inseguro o insegura” y que puedas confiar en tu capacidad humana “para adaptarte no solamente a los estresores ambientales, sino asegurarte de que estás capacitado para afrontar las adversidades”.

A tener en cuenta

Sin embargo, la realidad es que la ansiedad y el estrés que vive la población en estos días son muy reales y muchas personas puede que no tengan las herramientas necesarias para enfrentar, por ejemplo, un ataque de pánico.

De hecho, la doctora Martínez destaca que ir a un supermercado en estos días puede activar el sistema de alarma en una persona por el temor a contagiarse. “Ahora mismo pudiésemos ver ataques de pánico, ataques de nervios y ataques de ansiedad que es cuando la persona empieza a pensar en todo lo terrible que está ocurriendo y se va en un ‘loop’ de pensamiento negativo, lo que puede llevar a un ataque de pánico o a un ataque de nervios”, explica.

Según la psiquiatra, un ataque de pánico ocurre cuando “se prende” el sistema de alarma y hay unos síntomas: el ritmo del corazón se acelera al igual que la respiración, los músculos se tensan porque el cuerpo se está preparando físicamente para responder a una posible amenaza que, en el caso del supermercado, surge por el miedo a contagio con COVID-19.  Pero se trata de un evento agudo que dura unos diez minutos “porque el mismo sistema se autoprotege y se apaga”.

El ataque de nervios dice que se describe principalmente en latinos del Caribe y es un evento donde todas las emociones explotan a la vez y puede durar hasta media hora. “Así que muchas veces la persona llora, grita y tiene arranque de coraje, porque son como todas las emociones expresadas a la vez”, ya sea por ansiedad o porque la persona se siente frustrada debido a que no puede lograr lo que quiere.

“Las posibilidades de diferentes manifestaciones es amplia. Muchas personas han perdido sus trabajos, otros tienen incertidumbre sobre qué va a pasar con su empleo, mientras que otros no pueden ver a sus seres queridos, están aislados y solos. Son factores que pueden exacerbar la depresión y eventos como el ataque de pánico”, advierte la doctora Martínez, quien cree que todos en Puerto Rico estamos a riesgo.

Por eso recomienda a las personas tener un proceso de reflexión sobre cómo está manejando la situación y determine si tiene las destrezas para poder manejar lo que le están pasando. “Si veo que me están dando estos ataques de pánico, de nervios o de ansiedad, quizás hay que buscar más actividades relajantes o ver qué me ayuda a mantenerme relajado o relajada y cómo lo puedo integrar”, aconseja la psiquiatra.  Pero enfatiza en la importancia de que, si la persona ha hecho todo esto y no le funciona o no puede cumplir con sus responsabilidades “es hora de buscar ayuda profesional”.

Cabe destacar que el tratamiento en estos casos generalmente es a través de terapia psicológica y de destrezas para que las personas puedan manejar el evento. “Si es algo muy agudo, al principio se pueden usar medicamentos que ayudan a bajar ese sistema de alarma, pero a largo plazo lo que es importante son las destrezas de cómo manejar esa situación difícil”, indica la doctora Martínez, tras resaltar que las terapias psicológicas son mucho más efectivas para la ansiedad que muchos de los medicamentos.

Algunas recomendaciones

No saber o no poder disminuir el estrés y la ansiedad te puede predisponer a tener ataques de pánico u otras manifestaciones emocionales que pueden afectar tu diario vivir. Aquí algunas recomendaciones que ofrece la psiquiatra Karen Martínez:

-       Lleva una dieta saludable y equilibrada.

-       Es importante dormir bien durante la noche por lo menos siete horas.

-       Debes hacer algún tipo de ejercicio o actividad física diaria.

-       Incluye en tu rutina algún tipo de actividad relajante, como yoga o meditación. “Pero también hay personas que los relaja ir a la playa a mirar el mar; encuentran relajación en la espiritualidad o en su religión”.

-       Es momento de hacer una reflexión de qué es lo que nos ayuda a mantener ese nivel base de ansiedad lo más bajo posible.

-       Si sientes que los niveles de ansiedad son altos es importante hacer ejercicio de respiración diafragmática, que se hace con los músculos del estómago: respira muy profundamente para que la barriga se llene por completo. Eso se hace por tres segundos, se aguanta la respiración por un segundo y se exhala por seis segundos. “Ese ejercicio de respiración se debe repetir por lo menos por 15 minutos y eso activa el sistema de relajación del cuerpo”.