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Expertos señalan que el ejercicio solitario al aire libre es probablemente de bajo riesgo.
Expertos señalan que el ejercicio solitario al aire libre es probablemente de bajo riesgo. (Archivo)

Obligados a permanecer en nuestras casas durante la cuarentena por coronavirus, hacemos lo imposible para que nuestra salud mental no se quiebre y, para muchos, la paz psíquica es sinónimo de salir a tomar aire fresco.

Sin embargo, al margen de las prohibiciones, una de las preocupaciones que circulan entre la gente es si ese supuesto aire fresco puede estar repleto de partículas del virus SARS Co-V-2 dispuestas a infectarnos. Entonces, ¿cuán preocupados deberían estar los peatones mientras respiran por la calle?

De acuerdo con el sitio Vox, no hay que enloquecer siempre y cuando se mantenga una distancia de dos metros respecto de las otras personas. Las dos preguntas clave para comprender si el aire puede ser peligroso son: ¿Qué tan fácil es para las partículas que viajan en el aire libre infectarnos? ¿Y cuántas partículas que contienen virus infecciosos habría que inhalar para contagiarnos?

¿El virus puede estar en el aire?

Los expertos aseguran que en el aire puede haber dos tipos de partículas: las más grandes, llamadas gotas, que caen rápidamente por su peso y las más pequeñas, denominadas aerosoles, que se evaporan antes de caer. Se estima que cuando un virus es transmisible como aerosol se dice que “está en el aire”. Lo cierto es que el coronavirus se mueve como gotas porque es más grande, ¿pero podría propagarse como un aerosol?

Una investigación de la científica Lydia Bourouiba del MIT demostró que la tos y que los estornudos pueden liberar nubes turbulentas de partículas en forma de gotas y aerosoles. Las de la tos pueden viajar hasta casi 16 pies y las de un estornudo llegan a los 26 pies. Este y otros estudios nos dejan la duda acerca de la supuesta distancia de seguridad definida en los dos metros recomendados.

Este panorama, entonces, plantea otros interrogantes: ¿Qué tan resistente es el virus cuando se encuentra en forma de aerosol? ¿Y cuánto tiempo puede permanecer en el aire antes de que su capa protectora de humedad se seque y se desmorone para dejar de ser infecciosa?

“Los riesgos de transmisibilidad del virus en el aire libre probablemente sean bastante bajos en espacios abiertos, aunque este riesgo no se ha medido definitivamente”, explica Angela Rasmussen, viróloga de la Universidad de Columbia. “En el exterior, variables como la luz solar, el viento, la lluvia, la temperatura ambiente y la humedad pueden afectar la posibilidad infecciosa y la transmisibilidad del virus, por lo que si bien no podemos decir que hay cero riesgo, es probable que sea bajo, salvo que uno participe en actividades rodeado de una gran multitud. El ejercicio solitario al aire libre es probablemente de bajo riesgo”, asegura.

La improbable secuencia perfecta

Tanto Rasmussen como su colega Jeniffer Kasten, una patóloga con capacitación en epidemiología de enfermedades infecciosas y salud global coinciden en que debería ocurrir una secuencia perfecta de eventos para que un virus salte de un transeúnte infectado que se encuentra al aire libre hacia otro.

En primer lugar, las partículas deberían ser las suficientes para contagiar y, a la vez, dirigirse con fuerza para alcanzar a la otra persona. Por otro lado, el virus dentro de esas partículas tiene que poder sobrevivir a la acción de la luz solar, la humedad, el viento y otras fuerzas que trabajan para descomponerlas y dispersarlas. A su vez, dichas partículas tendrían que aterrizar directamente en la parte superior de la garganta o el tracto respiratorio, o en las manos, que luego se usan para tocarse los ojos, la nariz o la boca, y que, una vez más, tienen que superar todas las barreras del sistema respiratorio, como el pelo de la nariz y las mucosas. Luego deben acoplarse con ciertos receptores y usarlos para ingresar a las células.

Se trata de un recorrido demasiado complicado para que el azar lo pueda ejecutar de manera correcta que se hace mucho más difícil si todos los involucrados usan barbijos.

La dosis contagiosa

La otra pregunta clave es: ¿cuántas partículas se deben inhalar para que se produzca un contagio? Por ahora, los científicos no saben cuál es la dosis infecciosa necesaria para enfermarse. Mientras tanto, utilizan la medida descubierta para otros tipos de coronavirus previos que ya han infectado a humanos, como el Síndrome Respiratorio de Medio Oriente (MERS).

Para desarrollar una infección MERS, la cantidad de partículas de virus que necesita inhalar es de miles, quizás hasta diez mil. Willem van Schaik, profesor de microbiología de la Universidad de Birmingham, estima que para desarrollar COVID-19, la cifra es menor. Se trata de una suposición razonable debido a que el nivel de contagio del COVID-19 es mayor: una persona infectada puede transmitir el virus a dos o tres más en promedio, mientras que en el caso del MERS ese número es menor que uno.

Un estudio reciente logró cuantificar las partículas de virus que se detectaron después de que pacientes con COVID-19 tosieran cinco veces sin barbijo sobre una placa de vidrio a veinte centímetros de distancia.

Los científicos identificaron 363 partículas en promedio que, en principio, parecen muchas, pero sin considerar la breve distancia. Si se mantiene el distanciamiento físico indicado de seis pies, entonces, gran parte de lo despedido se dispersará antes de que pueda ser inhalado, en especial, si está al aire libre.

Comprender las variables que afectan a la transmisibilidad del virus como entender el concepto de dosis infecciosa puede ayudar también a tranquilizar la preocupación por contraer la enfermedad a través del correo o de los paquetes de las compras.

Relajarse, pero con prudencia

“La buena noticia es que sabemos que, si bien el virus puede persistir en el medio ambiente en diferentes superficies, con el tiempo pierde la capacidad infecciosa”, señala Rasmussen a Vox. “Entonces, si se inhala una gran cantidad de partículas de virus totales, pero solo una pequeña parte de ellas son infecciosas, el riesgo de contagiarse es mucho menor”.

De todas maneras, tampoco hay que relajarse demasiado. Las especialistas consultadas por el medio sugieren ser cuidadosos con las medidas sanitarias recomendadas: lavarse las manos, evitar tocarse la cara, cumplir con el distanciamiento físico, usar mascarilla en público y desinfectar las superficies.

Respecto de la posibilidad de contagiarse al aire libre Rasmussen hace una comparación útil para soltar los miedos: ‘Una cosa es bajar a la playa por un acantilado donde las probabilidades de resbalar, caer y morir son altas, pero algo muy distinto es hacer un paseo por el parque. Respirar en una nube de estornudos y toses a poca distancia y sin protección sería ir por el acantilado mientras que caminar a varios metros de distancia con barbijo sería ir por el parque”.