La intervención temprana con terapia ocupacional, terapia física y del habla-lenguaje, es vital para promover un máximo desarrollo en cada etapa. (Suministrada)

El Síndrome de Down (SD) es una de las condiciones genéticas más comunes en el mundo, pero eso no impide que muchas personas que la padecen puedan desarrollar sus capacidades, obtener logros y ser productivas en la sociedad.

Es muy probable que conozcas o hayas conocido a una persona con este síndrome. Pero es importante destacar que no es una enfermedad. Es una alteración genética en la que una persona nace con un cromosoma extra, el cromosoma 21, lo que causa dificultades en el desarrollo físico y mental del niño. Esta forma de SD se denomina trisomía 21. También existen otros dos tipos, mosaicismo y translocación.

Octubre es el mes de concienciación de SD, lo que ofrece una oportunidad para educar más sobre esta condición.

Cabe destacar que algunos niños con SD son completamente saludables y otros pueden presentar condiciones médicas como cardiopatías congénitas, hipertensión pulmonar, problemas visuales o auditivos, problemas en tiroides, trastornos convulsivos, problemas respiratorios, digestivos y obesidad. Afortunadamente, pueden controlarse con el debido cuidado médico.

Son niños que tienden a compartir ciertos rasgos físicos, como cara aplanada, ojos almendrados, orejas, manos y pies pequeños, cuello corto, flexibilidad excesiva, así como protrusión lingual (lengua que sobresale). Otra de las características más comunes es el bajo tono muscular, médicamente conocido como hipotonía. Esto puede afectar el proceso de la alimentación, comunicación, desarrollo motor y en las habilidades básicas para cuidar de sí mismos, como es el comer, vestirse y aprender a usar el baño.

Por lo tanto, es esencial la intervención temprana dirigida a infantes de 0 a 3 años. Razón por lo que la terapia ocupacional juega un papel muy importante en su desarrollo. Tanto el profesional de terapia ocupacional, de terapia física y del habla-lenguaje intervienen interdisciplinariamente con el niño con el objetivo de promover un máximo desarrollo en cada etapa. La integración de los padres y sus familiares también es clave en este proceso terapéutico.

Precisamente, el terapeuta ocupacional está capacitado para trabajar con los niños con SD para ayudarlos a alcanzar su más alto nivel de independencia y una mejor calidad de vida. Mediante el juego, se estimula el desarrollo de las destrezas motoras finas, motoras amplias, sensoriales, perceptuales, cognitivas y de cuidado propio, entre otras. Ayuda, además, a que el niño explore su medio ambiente a través de los sentidos.

De la misma forma, este profesional de la salud aplica ejercicios con la intención de promover el movimiento deseado. Por ejemplo, que alcance un objeto, eleve su cabeza desde posición boca abajo, se voltee, logre sentarse y gatear. También facilita que los niños utilicen los juguetes con propósito, de manera que adquieran los agarres adecuados que los preparen en sus destrezas escolares futuras y en otras facetas de su vida diaria. Además de ayudarlo a integrar el uso de equipo adaptado de manera que le facilite la realización de las actividades como es al comer con una cuchara o plato especializado.

Cada uno de estos niños tienen la capacidad de aprender, desarrollar sus propias habilidades y destrezas a lo largo de la vida. De hecho, a través de los años, es más frecuente verlos destacarse en diferentes campos laborales, como en el arte, empresas y moda. Y sabemos que cada persona con Síndrome de Down es única y merece ser respetada e incluida en la sociedad.

Para más información sobre este tema puede escribir al Colegio de Profesionales de Terapia Ocupacional a [email protected] o al de [email protected]il.com.

Fuente: Liza Fonseca OTL / Terapeuta ocupacional