En algunos centros hospitalarios, la rehabilitación comienza antes de retirar el tubo e incluso en pacientes sedados, mediante masajes y otras intervenciones. (Unsplash)
En algunos centros hospitalarios, la rehabilitación comienza antes de retirar el tubo e incluso en pacientes sedados, mediante masajes y otras intervenciones. (Unsplash)

"Estuve ocho días en un ventilador, bajo sedación, en estado crítico en cuidados intensivos. No recuerdo nada de ese período", cuenta Juan Cortés, de 45 años, sobre su paso por la clínica debido al COVID-19. De lo que sí tiene recuerdos es de todo lo que vino después de despertar y saber que había logrado sobreponerse al virus: debilidad general, pérdida de peso y de musculatura y, lo que más lo asustó, no poder hablar ni comer de manera normal.

"Estar intubado durante una semana dañó mis cuerdas vocales; mi voz aún no suena como antes y me canso al hablar. Y recién hace una semana comencé a comer alimentos sólidos", cuenta por correo electrónico desde su casa.

La intubación y la ventilación mecánica a la que deben ser sometidos los pacientes más graves por coronavirus, aunque puede salvarles la vida, supone una serie de efectos en diferentes órganos y sistemas, cuyo impacto depende del tiempo que estuvo la persona conectada.

"El ventilador requiere de un tubo que se coloca a través de la boca y que pasa por diferentes estructuras (faringe, laringe, esófago y tráquea) fundamentales para el habla, la fonación y la deglución", explica Felipe Salazar, fonoaudiólogo.

Este fenómeno se produce por varios factores, como la irritación e inflamación de la zona debido a la presencia de este cuerpo extraño, así como por la debilidad muscular y el estado de "reposo" en que quedan esas estructuras mientras la persona es sedada e intubada, comenta Javiera Fuenzalida, también fonoaudióloga.

"El tubo no solo afecta la fuerza muscular de esos órganos, sino también la sensibilidad. El efecto depende mucho de la condición previa de la persona y del tiempo que estuvo intubada; se estima que bastan 48 horas para generar problemas de deglución, por ejemplo", precisa.

Según la evidencia internacional, "en contexto normal se espera que cerca del 76% de los pacientes quede con algún grado de disfonía y dificultades para toser. Mientras que para la disfagia (dificultad para tragar) se estima que al menos el 60% presente alguna dificultad", cuenta Rodrigo Tobar, jefe de Fonoaudiología un hospital en Chile.

Eso sí, aclara, esto en el caso de intubaciones menos prolongadas que las asociadas a casos de coronavirus. "Con intubaciones superiores a 14 días, esta incidencia es mayor".

Mientras está intubada, "la persona no puede hablar ni tragar; generalmente porque, además, está sedada y es alimentada por sonda", explica el kinesiólogo Diego Urrutia, académico de la Universidad de Playa Ancha y del Hospital Carlos van Buren de Valparaíso.

Pero apenas le retiran el tubo a un paciente las cosas no son mejores: este queda con disfonía, le cuesta articular sonidos, tiene dificultad para controlar la saliva y eliminar secreciones, además de ser incapaz de llevar la comida de la boca al estómago.

Alejandra Martínez, de 64 años, pasó dos semanas conectada a un ventilador, cuenta su hija Fernanda.

"Apenas despertó los doctores nos dijeron que tendría dificultades para hablar y comer, además de perder movilidad corporal". De eso han pasado casi dos semanas y ella "sigue hospitalizada todavía, porque le están haciendo varias terapias para ayudarla a recuperarse".

Como toda la zona desde la boca a la tráquea está alterada, existe el riesgo de complicaciones, "debido a que la persona no se nutre ni hidrata bien. Si no logran manejar sus secreciones, no pueden salir de la UCI de inmediato", advierte Salazar, quien agrega que estos trastornos pueden extender la hospitalización por al menos siete días.

Un problema no menor es que se produzca una neumonía aspirativa, ya que lo que ingiere (sobre todo líquidos) puede caer a la vía respiratoria, al igual que muchas bacterias que están en la boca. "Esto puede agudizar la neumonía por COVID-19 e incluso necesitar ser intubada otra vez", agrega Tobar.

Optimizar procesos

Por eso, una de las prioridades es rehabilitar la deglución, para que la persona vuelva a nutrirse de manera segura y eficiente. Lo habitual es, con apoyo de un nutricionista, comenzar con papillas o alimentos semisólidos, antes de pasar a productos de mayor consistencia.

"También hay que pensar en que pueda ser capaz de ingerir suplementos nutricionales y medicamentos -dice Salazar-. Una buena nutrición es importante para el éxito de la rehabilitación completa".

Para optimizar estos procesos, en algunos centros, la rehabilitación comienza antes de retirar el tubo e incluso en pacientes sedados, mediante masajes y otras intervenciones.

"La idea es reducir la atrofia y recuperar la funcionalidad de manera más rápida", precisa Tobar, quien agrega que la actual pandemia ha dejado en evidencia la falta de fonoaudiólogos, sobre todo a nivel público.

Pese a todos estos manejos, la recuperación total puede tardar semanas y continuar una vez que la persona sale del hospital. En un porcentaje menor de casos, los efectos son permanentes.

En promedio, volver a tener una deglución normal puede tomar entre uno y tres meses. En el caso de la voz, el proceso es más lento y puede demorar más tiempo.

Juan Cortés lo sabe y dice que no queda más que hacerse el ánimo. "Es cierto que ahora me estoy recuperando más de la intubación que del coronavirus, pero no me quejo. Gracias a eso sigo vivo".

Alternativas de comunicación

En casos en que la persona está intubada pero consciente, así como en las horas y días iniciales tras retirar el tubo, como no le es posible comunicarse mediante el habla, "el impacto es importante y hay que buscar alternativas para estar en contacto", explica Felipe Salazar.

Según la condición del paciente, la comunicación se realiza por escrito o mediante movimientos de la cabeza, pestañeos o gestos con las manos, por ejemplo.

"Al sacar el tubo la prioridad es la alimentación y la voz pasa a una suerte de segundo plano inicialmente", dice Rodrigo Tobar.

Lo mismo ocurre en quienes, tras ser intubados, deben ser sometidos a una traqueotomía (procedimiento para facilitar el paso de aire a los pulmones mediante una cánula en la tráquea): el impacto en el habla y la deglución puede extenderse por más tiempo.