Al amamantar, hay que asegurarse de que el bebé quede alineado con el cuerpo de mamá, creando un agarre asimétrico. (ELNUEVODIA.COM)

Pablo Picasso y Leonardo Da Vinci. Tintoretto y Gustav Klimt. Paul Gauguin y Tamara Lempicka. ¿Qué tienen en común todos estos famosos pintores? Que, a través de distintas épocas y en estilos muy distintos, todos se valieron de la lactancia materna como tema en algunas de sus obras más reconocidas. Y no han sido los únicos. Es que el acto de alimentar una criatura de la manera más natural, para muchos, sigue siendo una imagen de belleza monumental.

Sin embargo, la realidad es que la lactancia no siempre resulta tan perfecta como se pinta. Hay que educarse -incluso despojarse de algunos mitos- para que sea realmente efectiva y una experiencia positiva para el bebé y su mamá. A continuación, cinco de los problemas más comunes y cómo enfrentarlos con éxito, según Ana M. Parrilla, doctora especialista en lactancia.

1. Congestión mamaria

Puede ocurrir durante la primera semana después del parto, pues se produce, generalmente, cuando hay un aumento en la producción de leche, dando lugar a que los pechos se hinchen. Además, causa dolor, puede que al bebé se le dificulte “pegarse” y si los senos no se vacían, la producción de leche será menor.

Solución: en este caso, conviene masajearse los pechos antes de amamantar (un suave movimiento circular con los nudillos), usar compresas tibias y seguir amamantando al bebé frecuentemente. Al terminar, se recomienda aliviar los pechos con compresas frías.

2. Grietas en los pezones

Este es un problema “mecánico” que no se puede prevenir ni usando las mejores cremas. Lo que ayudará a aliviarlo es modificar la posición del bebé, ya que muchas veces ocurre por el mal agarre de la criatura al pecho. Con toda probabilidad, es que el bebé esté mamando solamente el pezón, en lugar de agarrar una buena porción del pecho, incluyendo la areola.

Solución: hay que asegurarse de que el bebé quede alineado con el cuerpo de mamá, creando un agarre asimétrico, con los labios hacia afuera, la barbilla tocando el pecho de la madre y con la nariz descubierta, que no esté tapada mientras se alimenta. Para eso, hay que sujetar al bebé por la parte media-alta de la espalda mientras toma leche, en vez de por la cabeza haciendo presión con la mano contra el pecho. Antes se decía que la misma leche ayudaba a la madre a sanar las grietas de los pezones, pero ahora los expertos recomiendan untarse aceite de oliva, que tiene propiedades humectantes, antiinflamatorias y bacterioestáticas. Además, mientras la madre esté amamantando -sentada o reclinada- debe procurar tener apoyo en la zona lumbar y cervical para que esté más cómoda y en control del proceso.

3. Mastitis

El vaciado del pecho es fundamental. Lo contrario producirá complicaciones, desde aumento de la temperatura en la zona afectada y dolor intenso,hasta enrojecimiento, malestar y fiebre.

Solución: ¿Cómo se previene la obstrucción de los pechos? Amamantando frecuentemente al bebé, con la ayuda de un extractor, o manualmente (aproximadamente cinco minutos por día), alternando con la succión. También, asegúrate de que el bebé vacíe un pecho, antes de cambiarte al otro. De paso, el vaciado efectivo hasta puede aumentar los niveles de prolactina, la hormona que estimula la producción de la leche.

4. Síndrome de confusión

En ocasiones, pudiera parecer que el bebé no quiere lactar. Además de consultar con tu médico, o el especialista en lactancia, toma en cuenta lo siguiente: ¿Le has dado biberón o chupones (bobo)? ¿Han cambiado sus rutinas de alimentación (la de la mamá o la del bebé)?, ¿Cambió el olor de mamá o el sabor de su leche? ¿La criatura ha tenido problemas con el agarre, tiene dolor de oídos o le pusieron una vacuna recientemente?

Solución: los expertos recomiendan aumentar el contacto piel a piel, no usar perfumes fuertes mientras amamantas y crear una atmósfera tranquila donde vayas a darle leche. No esperes a que el bebé esté súper hambriento para lactarlo, es preferible que no esté estresado.

De hecho, la doctora Parrilla, en conferencia reciente a través de la página de Facebook de la Coalición para la Lactancia Materna en Puerto Rico, mencionó que la mamadera o el biberón no deben usarse muy temprano, sino hasta que hayan pasado “de cuatro a seis semanas” desde que el bebé esté lactando.

“Le produce confusión al bebé porque para empezar, el flujo es diferente. Con una mamadera, el bebé va a recibir cantidades industriales de leche, mientras que con el pecho es mucho menos y tiene que trabajar para obtener su leche… es bueno que reconozca a mamá con el pecho y que asocie a mamá con el pecho. Nada es igual que el pecho materno”.

Banco y cantidad de leche

“El banco de leche es la reserva que se debe reponer diariamente”, dice la doctora Parrilla.

“Te sacas, guardas y usas la leche más vieja primero”. Hay que saber que la leche materna “con el calor de Puerto Rico, no debe permanecer más de dos o tres horas fuera, porque se daña. De lo contrario, hay que ponerla en la nevera, en la parte de atrás. En cambio, en el freezer puede durar hasta tres meses. Y si es uno de esos freezers aparte, de los que solamente se usa para mantener las cosas congeladas, la leche materna puede durar de 6 a 12 meses”. Mientras que para los trayectos “del cuido a la casa y de la casa al cuido, recomiendo las neveras portátiles con coolers, pues su punto de congelamiento es más bajo que el hielo y no contamina la leche”.

La madre lactante produce leche continuamente. “Que dos a tres semanas antes de comenzar a trabajar fuera de casa empiece a preparar su banco de leche, sin olvidarse de escribir la cantidad de onzas y la fecha de cuándo se extrajo la leche. Con dos a tres onzas que se saque al día es suficiente, pues el promedio de leche que toma un bebé diariamente son 25 a 35 onzas. Ojo, hay que lavar bien todos los utensilios que tocan leche con agua caliente y jabonosa”, aconseja.

También, la doctora Parrilla explica -no sin antes recalcar que en tiempos de pandemia las embarazadas y madres lactantes son de los grupos vulnerables a infección- que la leche materna no debe calentarse en el microondas, ni descongelarse en temperatura ambiente, sino en baño de María o en la nevera.

“La leche materna tampoco debe calentarse si no se ha descongelado completamente. Tampoco debes volverla a congelar después que la descongelaste, ya entonces tienes que usarla”.

Otros recordatorios prácticos de la experta en el marco del 25 aniversario de la Semana de la Lactancia Materna en Puerto Rico son:

  • No almacenar la leche materna por más de tres días en la nevera.
  • Si han pasado más de 48 horas desde la extracción, no debe congelarse para evitar que se contamine.
  • Si descongelas la leche en agua tibia, no la dejes a temperatura ambiente.