El ‘doomscrolling’ no es nuevo, es una adaptación de los deseos de las personas que quieren informarse, pero de una manera fatalista. (Shutterstock)

Es madrugada. Tienes los ojos muy abiertos, con cara de espanto. No puedes dormir y tu dedo sigue deslizándose hacia abajo sobre la pantalla luminosa del teléfono inteligente. Artículo tras artículo, nota tras nota, sigues ojeando o leyendo; en picada fatalista hasta el amanecer.

¿Te viste en la escena? Entonces, posiblemente eres un adicto al doomscrolling, o doomsurfing. Pero, no estás solo.

Especialmente durante la pandemia del COVID-19, son muchos los que no paran de atiborrarse de malas noticias, en una dieta de informaciones -sean verídicas o no- que promueve más ansiedad y estrés de la cuenta. Sin embargo, la realidad es que la internet quiere que sigas atrapado en el ciclo. ¿Por qué? Primero, hay que entender un poco más sobre el instinto de supervivencia y el diseño tecnológico.

El usuario como adicto

Según dijo a The Washington Post Sun Joo Ahn, directora del Laboratorio de Juegos y Entornos Virtuales de la Universidad de Georgia, que investiga cómo las experiencias virtuales afectan el comportamiento físico, no se trata simplemente de inclinación al morbo, o que la gente quiere regodearse leyendo noticias malas, sino que está buscando información, “algo que solemos hacer incluso en circunstancias normales para poder tomar decisiones bien fundamentadas”. Pero, “desafortunadamente, mucha información es negativa estos días y estamos motivados a prestarle más atención a las noticias negativas -y recordarlas por más tiempo- porque tienen un vínculo directo con nuestra supervivencia”, concluye la experta.

Por otro lado está la tecnología, que sigue poniendo en bandeja de plata su ofrenda negativa. “Ese es el trabajo del algoritmo”, elemento fundamental de cualquier programa de computación, dice Javier Bellido Cintrón, experto en redes sociales.

"El mismo algoritmo quiere que pases tiempo en la red social, que te quedes infinitamente buscando, buscando, cómo está el mundo. Desde el punto de vista del social media marketing, eso es bueno porque, mientras más tiempo pases en las redes, más anuncios puedes vender, a mayor precio y vas a aumentar el tráfico de tu página, eso es lo que quieren todos los clientes y nosotros, los expertos en manejo y contenidos para redes, ayudamos a que esto sea rentable, que deje dinero. Pero, es un tema complicado, a nivel psicológico y de salud, que merece atención y estudio porque no somos clientes cualquieras”, abunda Bellido Cintrón. “Fíjate que las compañías nos llaman ‘usuarios’, el mismo término que se usa en el mundo de las drogas, así que, en otras palabras, somos -o nos consideran- adictos”.

Poner el límite

¿Es que el usuario está hipnotizado? ¿No tiene alternativas a la hora de seguir comiendo de la hilera de treats (o clickbaits) que le deja el algoritmo en sus páginas de redes sociales, mientras va etiquetando e identificando sus gustos e interacciones?

“Me pongo de ejemplo”, manifiesta Bellido Cintrón, “trabajo y soy padre de una niña pequeña. Pues, tuve que establecer mi límite. En mi iPhone uso el screen time limit -lo tengo en 30 minutos- y cuando completa ese tiempo, me bloquea la aplicación. Así me he adaptado, porque me di cuenta de que [las redes sociales] me consumían el día. Y en la computadora, siempre trato de no abrir esas páginas. También entiendo que existe un ‘issue’ moral y ético. Vi el documental ‘The Social Dilemma’ de Netflix, y te ‘frikeas’”.

“El negocio de la plataforma es darte más contenido, la plataforma no va a cambiar. El poder es del usuario. Él es quien puede hacerlo”, dice José Hernández Falcón, director del Puerto Rico BloggerCon.

El doomscrolling no es nuevo, es una adaptación de los deseos de las personas que quieren informarse, pero de una manera fatalista, que siguen buscando, no importa la fuente, para ver cómo las cosas empeoran. Entonces, titulares como ‘Imparable ola de muertes del coronavirus’, o ‘Sin freno la ola criminal’, te hacen sentir temor, como que algo malo se aproxima y te pones ansioso, al punto de que te quita el sueño. Por eso, los medios de comunicación responsables, que mantienen la ética, no deben caer en eso, pero sabemos que también pasa de vez en cuando”.

Lo primero para no convertirse en un adicto al doomscrolling, según Hernández Falcón, es limitarse a consumir la información de fuentes confiables. “En el timeline vas a ver todo, quién publica, de dónde, cuándo fue. Además, evita leer solo el titular, que está concebido expresamente para llamar la atención”.

También -al igual que Bellido Cintrón- el profesor señala que hay que establecer de antemano el tiempo que se dedicará a dicha actividad y apartar tiempo suficiente para descansar.

El compromiso es contigo mismo. Hay que dejar el smartphone en la mesa, refrescar la mente con temas completamente diferentes, porque Facebook y YouTube tienen el mismo sistema para seguir tratando de atraerte con contenidos parecidos, basado en tus intereses e interacciones. Pues, entonces, lee un libro, o escucha música. Además, hay que tener especial cuidado con los niños y los jóvenes que no tienen experiencia y no distinguen qué es verdad, qué es exagerado, o qué es una mentira. No se puede creer en lo primero que escuchas, ni en lo primero que ves”.