El distanciamiento para evitar el contagio con Covid-19 también ha puesto a la defensiva a muchas personas que ven el otro una posible fuente de enfermedad, lo qeu también dispara los prejuicios. (Shutterstock)
El distanciamiento para evitar el contagio con Covid-19 también ha puesto a la defensiva a muchas personas que ven el otro una posible fuente de enfermedad, lo qeu también dispara los prejuicios. (Shutterstock)

Pandemia, miedo, distanciamiento, contagio, confinamiento, toque de queda. Seis palabras que podrían muy bien describir el tipo de vida que hemos llevado en los últimos tres meses en Puerto Rico como medida para evitar la propagación del coronavirus que causa el COVID-19.

Una situación novel que afecta al mundo entero y que, sin duda, añade mucha ansiedad e incertidumbre al diario vivir de todos. Pero también puede tener otros efectos en nuestra psicología colectiva, aunque es algo de lo que no se habla. Por ejemplo, que seamos más conformistas o aceptemos imposiciones -ya sea por parte del gobierno o de otros- que en cualquier otro momento habría provocado protestas. Entre ellas, el toque de queda o legislación a toda prisa de leyes que afectan a la sociedad sin ningún tipo de vistas públicas o de consulta con el pueblo. De la misma forma, también puede sacar a luz prejuicios escondidos.

“Esto (la pandemia) lo que ha creado en el mundo entero es un dilema y una tensión entre la libertad y la seguridad. El planteamiento es que este es un momento en que hay que privilegiar la seguridad. Por eso, todo el mensaje, toda la narrativa de muchos gobiernos, es que hay que renunciar a libertades a cambio de seguridad y de la salud. Y amplios sectores de la población están comprando eso”, advierte el psicoanalista Alfredo Carrasquillo, coach ejecutivo y consultor en desarrollo organizacional.

De hecho, resalta que eso se complica porque en algunos países que han logrado manejar bien los números de contagios y de muertes, han sido gobiernos que incluso han utilizado tecnología de localización geográfica para vigilar los movimientos de la gente.

“El planteamiento es que se han levantado las autorizaciones para hacer eso con la excusa de la pandemia. Así que esa tensión está ahí. Lo otro es que uno de los resultados de esto es que la gente empieza a ver al otro como una amenaza. Por ejemplo, vas a la farmacia y si alguien se te acerca mucho es un peligro, el otro es sospechoso”, añade Carrasquillo, quien cree que en la isla mucha gente que está regresando a sus puestos de trabajo está con pavor “a que el que tengo al lado o el que me pasa cerca sea una fuente de contagio”.

“Tienes por un lado el tema de la creación de medidas autoritarias y de limitación de la libertad y por el otro, construir al otro como enemigo. Y la gente que ha ido interiorizando estas cosas se encierra y se guarda. Eso está pasando y el peligro es que está siendo (una situación) demasiado prolongada. Hay que recordar que en un periodo de dos o tres meses se forman nuevos hábitos, tanto mentales como de actividad cotidiana, se habitúan o acostumbran a que eso es el nuevo normal”, advierte Carrasquillo, tras resaltar que en ese ambiente los gobiernos utilizan esa circunstancia “con la autorización de amplios sectores de la población”.

Sin embargo, afirma que en Puerto Rico tenemos un escenario un poco distinto con respecto a la autoridad gubernamental “porque aquí no hay legitimidad de los políticos”.

“Nosotros tenemos una crisis de legitimidad tan grande que la gobernadora queda un poco como una mamá regañona a la que no se le cree mucho. Ella (la gobernadora) se para y nos dice, nos amenaza o nos advierte, pero después va y se reúne con los de su partido en violación de las mismas normas que ella establece”, puntualiza Carrasquillo, tras resaltar que hay un tema de no modelar que lo que se está exigiendo y eso le resta credibilidad a la gestión gubernamental. 

Por eso, en vista de la reapertura escalonada y al riesgo que hay de un repunte en los contagios, el psicoanalista apela a la responsabilidad ciudadana. “La otra recomendación es solidaridad. A lo mejor tu familia y la mía tenemos los recursos para comprarnos mascarillas, pero se debe entender que hay mucha gente para los que no es factible económicamente andar con mascarillas. (Ser solidario) y ver cómo nos ayudamos para que la gente en esta coyuntura no pase hambre ni se exponga por razones de precariedad”. 

Prejuicios en la cuarentena

Pero de la misma forma, debemos tener en cuenta que toda la situación relacionada con el confinamiento y el miedo al contagio también puede detonar actitudes prejuiciadas hacia los menos favorecidos de la sociedad o a los que vemos como un posible riesgo para el contagio.

Por eso es importante entender que los prejuicios que identifican a otras personas como enemigos, peligrosas o de menos valor son aprendidos desde la niñez, advierte la psicóloga consejera Silma Quiñones, al tiempo que menciona algunos de los más comunes en Puerto Rico, como racismo, clasismo, edadismo (discriminación por edad) y sexismo.

“Los prejuicios en su mayoría no están basados en experiencias sino en ideas y cuentos. Identifican características y señales en la persona para que puedas rápidamente reconocer quién es un peligro para ti. Y si te encuentras con alguien que cumple con dichas características tus reacciones de miedo y ansiedad se dan mucho antes de interactuar directamente con la persona”, explica la pasada presidenta de la Asociación de Psicología de Puerto Rico.  

Sin embargo, resalta que las señales tienden a ser equivocadas pues, por ejemplo, la ciencia ha establecido que el color de la piel nada tiene que ver con agresividad, inteligencia, moralidad y recursos. Mientras que la clase social tampoco determina la moralidad o la inteligencia de las personas. 

“Los prejuicios están profundamente sembrados en nuestras mentes y se activan sin que nos demos cuenta de sus raíces. En situaciones en las cuales se dan las señales que asociamos con nuestros prejuicios sentimos miedo y ansiedad. Por ejemplo, si creemos que las personas pobres, (vestimentas viejas, baratas, auto viejo barato, residencial público) son irresponsables, agresivas e inmorales, cuando encontramos a alguien con ese aspecto podemos pensar que no se protege del COVID-19, que no se lava las manos, que está infectada y que nos va a contagiar”, argumenta la psicóloga.

De la misma forma, resalta que si los prejuicios relacionados al color de piel, al coincidir en una fila de supermercado con una persona negra, “sentirás miedo y ansiedad de que te contagie, te agreda y que tendrás que defenderte si compiten por algún artículo que escasee”.

En ese sentido, Quiñones señala que la cuarentena establecida para protegernos del contagio da por hecho que cualquiera, aun la familia y amigos, puede contagiarnos y provocarnos la muerte. 

“La muerte es el peligro mayor para nuestras mentes. Los prejuicios van dirigidos a protegerte de la muerte y de daños emocionales, económicos y sociales.  Así que la cuarentena activa los prejuicios y los amplifica. Todas las personas son un peligro y en especial aquellos que nuestros prejuicios ya identifican como enemigos peligrosos, aunque no sean portadores del virus”, advierte Quiñones, quien ofrece algunas guías y recomendaciones con la intención de educar y ayudar a erradicar estos comportamientos:

-       Los prejuicios están basados en mentiras que definen quiénes son los buenos y quienes son los malos a base de elementos que muchas veces nada tienen que ver con la realidad. 

-       Una persona “pobre” pudiera ser muy responsable y una persona adinerada pudiera ser muy irresponsable.  Así que pensando en que es una persona “educada, con recursos y buenos hábitos”, te acercas y compartes sin ser precavido.

-       Tener dinero no necesariamente te hace educada ni determina buenos hábitos de higiene. 

-       Te alejas de una persona “pobre” que pudiera ayudarte y protegerte porque es un “peligro”. Pudiera ser que esa persona tiene mejores hábitos de higiene que tu misma.

-       Las experiencias vividas a raíz de desastres naturales también son una gran oportunidad para romper con prejuicios.  Al estar vulnerables y atemorizadoscualquier experiencia contraria a nuestro prejuicio es poderosa.  Es posible que solo te lleve a pensar que la persona que te ayudó es la excepción y que todos los demás negros son peligrosos. “Sin embargo, puedes ir borrando tu prejuicio. Cuando esperas que una persona blanca y adinerada no va a ayudarte y te sorprende de manera positiva tienes la oportunidad de ir liberándote del prejuicio con ellas”.

-       Educarte sobre las circunstancias en las cuales surgen los peligros te protege mucho más que simplemente temerles a las personas.  Si no tiene la mascarilla puesta aléjate, no importa quien sea. No importa si es familia, amigo, compañero de trabajo, o un desconocido, si es negro, blanco, pobre o rico. Si las circunstancias y su conducta demuestran las señales de peligro, guarda distancia, protégete.  

-       Los mensajes de “unidos venceremos” y que “en la unión está la fuerza para combatir el virus” son excelentes estrategias para contrarrestar aquellos prejuicios que son menos profundos. 

-       En estos momentos en que todos estamos vulnerables podemos empezar por reconocer lo que compartimos y tenemos en común.  “Conocer de cerca a las personas ayuda muchísimo a borrar prejuicios negativos e infundados pues descubrimos que compartimos y somos parecidos en muchas cosas importantes que son parte de nuestra humanidad”, enfatiza Quiñones.