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Desde el 2013, el argentino ha recorrido Centroamérica y las Antillas, siendo una de sus paradas Puerto Rico.
Desde el 2013, el argentino ha recorrido Centroamérica y las Antillas, siendo una de sus paradas Puerto Rico.

Detrás de un sueño aventurero. Así el argentino Pablo García ha recorrido el mundo con solo su bicicleta y una mochila llena de expectativas y vivencias. Y añadiendo nombres a su larga lista de países visitados, el plan de ruta establecido incluyó una parada en la Isla del Encanto.

A sus 19 años salió de Argentina “buscando aventuras”. Se asentó en Brasil luego de viajar por un año como mochilero y comenzó una agencia de turismo con unas amistades. Luego de cuatro años, según Pablo, “posiblemente por las responsabilidades, las obligaciones, me di cuenta que me estaban alejando de aquel sueño que yo tenía, que era explorar el mundo y viajar. Siempre tuve la curiosidad por los lugares más exóticos y distantes. Me preguntaba cómo sería recorrer o conocer Tíbet, Vietnam, India…”.

Así, en el 1999, Pablo decidió dejar a un lado lo que había logrado en cinco años junto a sus compañeros -un negocio que había despuntado seguro y estable- por un sueño. Esa fue “la decisión más difícil” porque el viaje por el mundo era un proyecto totalmente incierto. “Pero de eso se trataba. No hay nada más lindo que salir a realizar un sueño, por más que este sea abstracto”, expresó Pablo.

Con esa misma actitud y persiguiendo su sueño, en el 1999 Pablo recorrió casi 10 mil kilómetros (6,210 millas) pedaleado desde el norte de Brasil hasta su nativa Argentina, donde estuvo año y medio contactando a más de 100 empresas que quisieran auspiciar su idea. En medio de una crisis económica en su país, logró conseguir a dos auspiciadores que lo ayudarían en la etapa inicial de su recorrido: el continente africano.

No obstante, el periodo que estuvo en Argentina lo hizo dudar de la ilusión de viajar el mundo que en un inicio lo movió a pedalear. “Durante ese año y medio, me alejé un poco de todo el deseo de viajar. Me había aburguesado un poco porque estar en una ciudad viviendo otra vez con todas las comodidades, de repente dejar todo y tomar un avión… yo decía, estoy loco, esto es imposible”.

Sin embargo, Pablo tomó su bicicleta y emprendió su primer viaje oficial a Sudáfrica, lugar que resultó ser el más difícil de los 98 países que hasta ahora ha visitado.

Y es que aunque ya habían pasado siete años de la caída del apartheid, el sistema de segregación racial en Sudáfrica, Pablo explicó que encontró “mucha antipatía de parte de la población negra, como de los mismos blancos también”. En contraste, al llegar a Mozambique, “comencé a ver la verdadera África, donde la gente te sonríe a pesar de su pobreza o la situación difícil que atraviesan”.

A través de sus experiencias, Pablo ha tenido que recalcular sus planes. El proyecto programado para siete meses que partía desde Sudáfrica a Egipto por el océano Índico, se convirtió en una estadía de 27 meses por situaciones económicas en Argentina, por las cuales perdió a sus patrocinadores. Por esta y otras ocasiones similares, el argentino ha optado por trazarse metas a corto plazo y ha aprendido a “cultivar la paciencia”.

Atravesando el desierto.

Pero transitar el mundo no es tan fácil como se dice. Pablo reconoció que su vida ha corrido varios riesgos desde que emprendió su rumbo.

Por ejemplo,  para el año 2003, se perdió de camino a Eritrea al norte de África, cuando pensó atravesar el desierto de Danakil, considerado uno de los lugares más calientes del mundo. Conociendo de la existencia de poblaciones cada 49 a 62 millas (80 a 100 kilómetros) , donde tenía pensado pernoctar en las noches, Pablo comenzó a pedalear en aquel desierto.

“Yo cargaba agua, algo de comida para ese mismo día y me tiré a pedalear esa distancia. Hubo un día que me perdí, me había quedado sin agua y me vi en peligro porque te adentras en el desierto y no te encuentras a nadie”. Afortunadamente, el viajero se topó con militares franceses que le dieron agua. Sin embargo, no le brindaron ninguna dirección.

No fue hasta horas más tarde que Pablo vio a un hombre de la tribu Afar caminando en medio de aquel árido terreno. “Para mí fue como un ángel, porque encontrarme a ese tipo en el medio del desierto cuando mirabas al infinito, todo plano, no había nada y de repente lo veo como a 40 metros (130 pies) de mí. Ahí me di cuenta que uno a veces cree que va solo en la vida y no es así”.

Choque cultural

Si bien este aventurero ha experimentado distintas culturas, los países musulmanes donde la “religión está incluida en su cotidianidad” han dejado una huella importante en su vida. “Tienen mucho conocimiento espiritual, algo que en occidente desvaloramos”, detalló.

A su vez, reconoció que muchos aspectos de estos países no son reconocidos por el resto del mundo, lo que podría resaltar el prejuicio a distintas culturas. “Es algo triste cuando ves que el mundo no es como te lo cuentan”, destacando lo que para él es el poco conocimiento que tenemos sobre los países musulmanes.

Para Pablo lo más interesante de cada país es su cultura, tradición, gente, historia y religión. Aunque tiene la libertad de disfrutar las vistas panorámicas de cada país, “ya cada vez menos me atrapan los lugares con paisajes o los lugares turísticos. Me cuesta sorprenderme. Lo mío ya es transitar el mundo”, explicó.

Millas por pedalear

Tocando puertas y emprendiendo su camino, Pablo ya ha visitado la mayoría de los continentes y cuenta con su propia página en Internet (www.pedalendoelglobo.com), donde documenta cada uno de sus viajes y las distancias alcanzadas.

Desde el 2013 ha recorrido Centroamérica y las Antillas, siendo una de sus paradas Puerto Rico. “Me siento como en casa, es el mismo idioma, la misma gente. Me siento cómodo.” Así describió Pablo lo poco que ha logrado ver de la Isla.

En su estadía ya disfrutó del Viejo San Juan y espera visitar el municipio de Vieques durante la Semana Santa, antes de partir hacia República Dominicana y Cuba, para luego continuar hacia Suramérica, donde terminará su ruta a través del globo.

Y para todos los que les interese viajar por el mundo, Pablo -quien admite que no repetiría el trayecto- aconseja, “transitar siempre con respeto y humildad. Yo voy sobreviviendo en la lucha, en cada lugar que transito y no sé cómo, pero las cosas llegan, fluyen. Cuando alguien trabaja para lo que sea, las cosas fluyen”.