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Debido a las experiencias pasadas, es perfectamente comprensible que las personas desconfíen de las instituciones y de las respuestas a sus necesidades. Tener incertidumbre también es perfectamente racional. (Shutterstock)

Los desastres suelen tener un saldo superior en la vida de las personas. No solo se daña o se pierde la propiedad y, en ocasiones, hasta la vida, sino que también se afecta la salud de las personas, sobre todo, si tienen que ser desplazadas de su hogar y de su entorno cotidiano. En muchos casos, hay señas físicas que dan cuenta del desastre, pero, en otros, como señala la Asociación Americana de Psicología (APA, por sus siglas en inglés), el coste es emocional, lo cual puede ser comprensible dados los acontecimientos.