Debido a las experiencias pasadas, es perfectamente comprensible que las personas desconfíen de las instituciones y de las respuestas a sus necesidades. Tener incertidumbre también es perfectamente racional. (Shutterstock)

Los desastres suelen tener un saldo superior en la vida de las personas. No solo se daña o se pierde la propiedad y, en ocasiones, hasta la vida, sino que también se afecta la salud de las personas, sobre todo, si tienen que ser desplazadas de su hogar y de su entorno cotidiano. En muchos casos, hay señas físicas que dan cuenta del desastre, pero, en otros, como señala la Asociación Americana de Psicología (APA, por sus siglas en inglés), el coste es emocional, lo cual puede ser comprensible dados los acontecimientos.

La APA señala que, aunque es común que las reacciones emocionales de quienes enfrentan un desastre sean muy intensas, comprender las respuestas normales a estos acontecimientos puede ayudar a controlar los sentimientos, los pensamientos y el comportamiento, haciendo más sencilla la recuperación.

Una nueva realidad

Con el paso del huracán María en el 2017 y desde el pasado 28 de diciembre de 2019, Puerto Rico ha estado en un estado de sobresalto constante debido a los terremotos que han afectado la parte sur del país, pero que, se han sentido a lo largo y a lo ancho de la isla. Si bien por años se había venido repitiendo que la posibilidad de sufrir un terremoto de gran magnitud estaba latente, el sismo del 7 de enero de 2020 y sus subsiguientes réplicas tomaron por sorpresa a los ciudadanos, quienes experimentan, como explica el doctor Julian Ford, psicólogo clínico y profesor en la Universidad de Connecticut, una amenaza muy directa a su seguridad física y emocional, y hasta para su vida.

Situación similar sucede cuando llega la temporada de huracanes y fenómenos como la tormenta Isaías, que desde la madrugada de hoy ha traídos fuertes ráfagas de vientos, lluvias y sus estragos ya se comienzan a sentir.

“El trauma psicológico puede ser una amenaza directa a la vida de una persona, pero también lo puede ser vivir con incertidumbre sobre la seguridad”, recalca el doctor Ford, al enfatizar que, “cuando ocurre el trauma tan cerca de nosotros y se ha sido testigo -o aún si solo sabes algo sobre él-, siempre surgen preguntas como: ‘¿Estoy seguro?’, ‘¿Cómo puedo saber si estoy a salvo?’. Esa es realmente a esencia del trauma: no saber si estás seguro”.

Si bien cada persona puede enfrentar y lidiar con el trauma de diferente manera existen ciertas reacciones que, de acuerdo con el doctor Ford, suelen ser usuales.

“Los tipos de reacciones que podemos esperar que ocurran -y que son perfectamente comprensibles- son básicamente reacciones al sentimiento de sentirse profundamente inseguro”, indica el doctor Ford, al mencionar que estas pueden incluir: ansiedad, nerviosismo, insomnio, mal dormir e irritabilidad”. Añade que, algunas veces, estas reacciones puedes ocasionar un sentimiento de sentirse incapaz de estar cerca de las personas que nos preocupan y desconfiar de las personas o las instituciones gubernamentales.

“El denominador común ese tipo de reacciones, la esencia del trastorno de estrés postraumático (PTSD, en inglés) o la reacción traumática del estrés es realmente un sentimiento inseguridad y no saber cómo controlar mi vida. ‘Pensé que tenía control. Pensé que sabía cómo hacer que las cosas pasaran como yo quería, pero ahora me estoy cuestionando porque tendré que superar algo para lo que no estoy preparado. Ahora hay un gran signo de interrogación y quizás podrían pasar cosas que yo no esperaba’”.

Sin embargo, para el especialista en el tema de estrés postraumático, quien recientemente ofreció una charla en la Universidad Carlos Albizu, debido a las experiencias pasadas, es perfectamente comprensible que las personas desconfíen de las instituciones y de las respuestas a sus necesidades. Tener incertidumbre también es perfectamente racional.

“El reto es no dejar que esa incertidumbre afecte otras relaciones”, recalca el doctor Ford, al mencionar que lo que comúnmente ocurre es que la gente comienza por desconfiar debido a una experiencia en particular y luego empiezan a preguntarse si pueden confiar incluso en sus amigos más cercanos, sus vecinos y su familia, y esa es una reacción de estrés traumático.

Otro aspecto importante mencionado por el psicólogo clínico y profesor es que, cuando se experimenta lo que se percibe como una traición puede llevar a las personas a no involucrarse en un diálogo con el gobierno, las instituciones y los proveedores de servicio, desconfianza que las lleva a desvincularse y a no abogar más por sí mismos, sus comunidades y sus familias. “Eso puede traer problemas adicionales”, dice.

Otra reacción que es perfectamente aceptable, pero que, del mismo modo supone un reto, es la rabia. “El punto crucial es que, cuando se experimenta la rabia, necesitamos encontrar una manera de cambiar esa rabia a resultados positivos”, alega Ford.

El don de la experiencia

Dentro de este cuadro, los niños y los adultos mayores suelen ser más vulnerables. Sin embargo, tomando como punto de partida su experiencia en otras situaciones de desastre, mientras laboraba con la Cruz Roja Americana, el doctor Ford desbanca un mito común sobre los viejos y ofrece su punto de vista.

“Si bien los adultos mayores son más vulnerables para desarrollar algunas de estas reacciones postraumáticas del estrés porque a menudo no cuentan con los mismos recursos físicos y algunas veces no tienen el apoyo familiar ni el apoyo de amigos porque estos ya han fallecido o no están disponibles, también son extremadamente resilientes y un recurso increíblemente importante porque tienen conocimientos que provienen de años de experiencia”, destaca Ford, al mencionar que, muy a menudo, los adultos mayores son relegados a darles cuidado y sus voces y opiniones no se escuchan, lo que a menudo les hace sentir como si no tuvieran valor.

Hablar y escuchar: la gran diferencia

En situaciones de desastre, como la que viven los residentes del sur de la isla, llevar los recursos básicos y movilizarlos a lugares seguros es crucial. Sin embargo, el doctor Ford enfatiza que más allá de proveer ayuda, la mayor diferencia se logra cuando las personas hablan unas con otras.

“Cuando las personas que proveen ayuda también hablan con los afectados y llevan una conversación sensata y real sobre las cosas que realmente les importan y les preocupan pueden ayudar a reducir sus niveles de estrés bastante”, detalla Ford.

La mejor forma de actuar ante esta situación es en el momento presente, dice, por su parte, la doctora Rocío Chang, profesora adjunta de Psiquiatría en la Universidad de Connecticut y colaboradora del doctor Ford, el mencionar el modelo conocido como TARGET, desarrollado por el doctor Ford, como una intervención diseñada para ayudar a las personas a enfocarse en lo que es más importante para ellas en sus vidas en un momento particular y que a menudo se deja fuera en los esfuerzos de recuperación luego de un desastre.

Conoce SOS, una técnica para manejarlo

Dentro de TARGET, una manera práctica de llegar reiniciar el centro de alarma del cerebro y lograr el enfoque mental es mediante la estrategia SOS (Stop, Slow Down, Sweep Your Mind Clear [sepárate lo suficiente para respirar]; Orient Yourself [oriéntate a ti mismo] y Self Check Your Level of Alarm and Focus [haz revisión rápida de cuánto estrés estás sintiendo].

El primer paso es tomar un poco de tiempo para reflexionar acerca de las cosas más importantes en nuestra vida en este preciso momento, no en el futuro, no en el pasado, sino en el aquí y ahora: qué es lo que nos ha ayudado a levantarnos de la cama hoy, qué es lo que realmente nos da el impulso de seguir adelante en este preciso momento”, explica la doctora Chang, para agregar que la O en el acrónimo SOS implica “orientarnos y andar un poquito más despacito para aclarar nuestros pensamientos y conocer qué es lo que nos da el impulso, qué es lo más significativo y valioso en nuestras vidas. La última S es cómo hacemos un chequeo emocional.

“Muchas veces, utilizamos el termómetro cuando tenemos fiebre, pero, cuando estamos viviendo cosas difíciles, necesitamos utilizar un termómetro emocional para evaluar cuál es nuestro nivel de estrés del 1 al 10 en este preciso momento, donde 1 es nada de estrés y 10 que estamos pasando el estrés más extremo en nuestras vidas”, indica la psiquiatra, quien añade que también se mide el autocontrol que tenemos para regular las emociones y los pensamientos para seguir la vida diaria, en una escala del 1 al 10.

Los entrevistados mencionan que estas son unas guías para saber adónde queremos ir y qué es lo que necesitamos hacer para ayudar al cerebro a calmarse y, por ende, disminuir los niveles de estrés.

“Es una manera práctica de ayudar a las personas a usar destrezas de meditación, donde no tienen que aprender a meditar profundamente, pero pueden estar conscientes, siguiendo solo unos pasos prácticos muy simples”, aduce el doctor Ford.

“Lo que hemos encontrado es que aun cuando las personas están experimentando un estrés extremo, como ha ocurrido con estos terremotos u ocurre con pérdidas terribles o agresión, es posible calmar el centro de alarma del cerebro, enfocándose en lo que es más importante” para darle sentido a la vida, aún en circunstancias extremas, finaliza diciendo el psicólogo clínico.