Cuando hay algo que atenta contra la vida, automáticamente nos conecta con la muerte, estemos consciente de ello o no. (Shutterstock)
Cuando hay algo que atenta contra la vida, automáticamente nos conecta con la muerte, estemos consciente de ello o no. (Shutterstock)

Esa  frase “lo único seguro que tenemos es la muerte” probablemente la hemos escuchado muchas veces, así como “la muerte no te la despinta nadie” o “de algo hay que morirse”. Aunque estas denotan la aceptación de lo que representa una realidad incuestionable, lo cierto es que al tema crudo de la muerte se le suele poner resistencia. 

Con la llegada de la pandemia por COVID-19, nuestra salud se ha visto amenazada y al encontrarnos ante esa posible pérdida nos hace estar más conectados con la muerte.  

Comentamos acerca de los casos diarios por coronavirus y del reporte de fallecidos, pero ¿has hablado con los tuyos por si te toca en las circunstancias actuales? 

Para la tanatóloga y coach de vida certificada, Lily García, se está presentando un momento propicio para enfrentarte a la posibilidad no solo de tu propia muerte, sino la de tu ser querido. 

“La proximidad de la muerte está siempre, pero en un año en el que comenzamos con los temblores seguidos por la pandemia, es una oportunidad hermosa para poder evaluar tu propia vulnerabilidad y tus miedos a la muerte. Muchas personas no hablan acerca de eso porque le tienen miedo a atraerlo. ‘Para qué pensar en eso si estoy bien’, dicen, pero es un ejercicio que tenemos que hacer porque no sabemos cuándo nos va a tocar”, expresa la especialista en tanatología, ciencia que estudia, interviene y analiza los eventos de la muerte, duelo y cambios significativos del ser humano. 

Por otra parte, la doctora en psicología clínica Veroshk Williams resalta que cuando hay algo que atenta contra la vida, automáticamente nos conecta con la muerte, estemos consciente de ello o no. 

“Unos los tenemos más conscientes que otros, pero hay muchas ansiedades y cuestionamientos que están surgiendo en estos momentos a raíz del COVID-19. Son más de carácter existencial y menos circunstancial. En efecto, cada quien se resguarda y está la paradoja de que se está seguro, pero a la misma vez a fuera no se está seguro. No obstante, ante esto hay gente que no puede ni dormir o les dan ataques de pánicos al salir de la casa. Hay procesos que están ligados con esa posibilidad de muerte que están pasando a nivel consciente colectivo”, explica la también astróloga, sin dejar de lado que más allá de la muerte física con la situación del coronavirus hemos tenido unas pequeñas muertes, entiéndase muchas pérdidas, que van desde la rutina, la cotidianidad como la hemos conocido, el no hacer lo que queremos cuando queramos, el contacto físico y directo con nuestros seres queridos y la pérdida de empleo. 

Al tener la percepción de que tenemos la muerte más cerca, García invita a aprovechar la oportunidad para reevaluar nuestras vidas, qué corajes y resentimientos podemos soltar y qué conversaciones debemos tener que no hemos tenido. Asimismo, preguntarnos qué se puede hacer distinto, hacia dónde nos podemos mover si el trabajo que tenemos no nos satisface y por qué quedarse en una relación tóxica. 

“Seamos más honestos con nosotros mismos y saber cuándo hay algo que no funciona. ¿Quiero seguir con esto el resto de mi vida o quiero darme la oportunidad de vivir en paz? Es momento para cumplir pequeños proyectos que se han venido pensando hace mucho tiempo y que se postergan. Ante la incertidumbre, realizar pequeños proyectos a corto plazo nos dan seguridad y felicidad, como lo pudiera ser montar un rompecabezas o tomar un curso en línea”, recomienda García para así encaminarse a vivir con propósito.

Duelo interrumpido 

“Uno de los procesos muy ligados a la muerte es el duelo y muchas veces estamos faltos de entendimiento tanto mental como emocional de ese proceso que ocurre antes, durante y después de la muerte”, indica la doctora Williams. 

Ante la situación actual por el nuevo coronavirus, ese proceso de duelo se ha visto fuertemente trastocado. Desde no poder estar en el hospital al lado de la persona contagiada, no poder despedirse en el momento de su muerte, hasta las limitaciones en los servicios fúnebres para asegurar el distanciamiento social y evitar el contagio.

Ese proceso de duelo, que en circunstancias normales es complejo y puede tener una duración de seis meses a un año, se está viendo interrumpido, por lo que en la medida que sea posible la recomendación de la psicóloga clínica es darse el espacio para vivir el proceso, buscar apoyo y ayuda profesional.

“Hay un proceso interesante y es que como seguimos en la emergencia, pues el organismo, nuestro sistema nervioso sigue al ritmo de que ‘hay que resolver’. Tienes esa sensación de que ‘yo también puedo estar en peligro’ y te hace seguir en lo cotidiano. Cuando la cosa se calme, ahí es que realmente va a florecer el duelo”, explica Williams.

Señala que cuando es un duelo interrumpido, se da lo que se llama un duelo múltiple, porque no solo se trata de la perdida física de la persona, sino de la pérdida de no poderse despedirse bien de ese ser, no poder cuidarle y tener esa libertad cohibida, por lo que se vuelven muchos duelos en uno. 

 “Toma tanto tiempo el duelo porque el primer mes todavía el aparato psicológico, la mente está procesando si en efecto eso pasó. Unas personas lo experimentan más fuerte que otras, pero a todos nos pasa. Hablar de esa persona, llorar, tener el apoyo de otras personas, ayuda y lo vas aceptando. Automáticamente destapas una capacidad innata de sobrellevar la muerte. Si te alejas de ese proceso de duelo, si te distancias y te obvias de ello, te quedas sin ese recurso innato, como que lo adormeces”, expone la psicóloga clínica, a la vez que resalta que al ser un tema colectivo en estos momentos, nos ayuda a tener individualmente unas habilidades y competencias de duelo para aplicarlas para nuestra propia muerte, una muerte cercana o la muerte en general como universo en esta vida.

Por otra parte, la tanatóloga advierte que ante la partida de un ser querido, eliminemos la frase “tengo o tienes que ser fuerte” y más en las circunstancias que estamos viviendo, y darle paso a a la vulnerabilidad. 

“Uno tiene que ser todo lo vulnerable que puede ser y si te tienes que caer, te caes, que estamos aquí para recogerte y sostenerte. No queremos que la gente reprima sus emociones porque entiendan de que tienen que dar la imagen de que tienen que ser fuertes. La fortaleza se prueba de otra forma. Ser vulnerable es ser fuerte. La vulnerabilidad y debilidad son cosas diferentes. Eres vulnerable porque sientes y padeces. Más adelante, un año después ya es distinto, pero en ese momento déjate caer, que vamos a estar ahí para sostenerte”, plantea García.

De acuerdo con la doctora Williams, dentro del espacio de duelo siempre hay cansancios y letargos. Además, darse el espacio de la reflexión e ir por el campo de las memorias, “me acuerdo cuando íbamos a tal sitio con fulano” es una forma de conectar con ese proceso.

“Hay algo que recomiendo mucho en el proceso de duelo por muerte física, es el asunto de la memoria. Cuando traes una memoria del pasado, creas una memoria presente. Al acordarte de ese ser querido fallecido, creaste otra memoria con ese ser, lo que fortalece esa conexión. Indiferentemente de lo que uno crea, siempre viene bien honrar la memoria de la persona, prenderle una vela y adoptar sus buenas costumbres”, manifiesta. 

Precisamente, en momentos de COVID-19, donde solemos hablar de esta enfermedad y de la muerte de otros círculos familiares, García por su lado invita a vivir con cautela y no con miedo. 

“La cautela te fortalece, te ayuda y te prepara a enfrentar las cosas. El miedo te drena y te debilita, es una emoción que va a estar aquí siempre, pero caminamos de la mano con ella, tenemos que seguir viviendo”, concluyó la coach de vida. 

Háblalo con tus seres queridos

- Espera un momento tranquilo. Trae el tema con empatía, gentileza y compasión.

- Sea cierta o no, la “historia de un amigo o amiga” siempre es maravillosa para comenzar la conversación. Ayuda a abrir la puerta para hablar del tema de la muerte: “Fíjate papi, mami o abuelo, me pasó esto con una amiga que se le acaba de morir su papá. No dejó nada escrito, nadie sabía qué hacer. Me puso a pensar”.

- Ponte siempre como ejemplo, “el día en que me toque a mí, yo quisiera…”

- Trae el tema del COVID-19 y los respiradores. “Si alguno de nosotros se contagia, ¿han pensado si quisieran que lo intubaran? ¿Estarías dispuesto a recibir respiración asistida? ¿Si ocurriera lo peor? ¿Dejarías por escrito lo que quieres?

- Si notas resistencia en la persona, detén la conversación, pues no se debe imponer ni abonar a los miedos que esta tenga. Puedes decirle, “si no has pensado en esto, me gustaría que lo pensaras y lo hablamos después”, para que de este modo la persona vaya procesándolo. 

Vida con propósito

Plantéate las siguientes preguntas básicas:

¿He elegido y estoy viviendo la vida que quiero vivir? Hay cosas que no puedo cambiar, pero hay cosas que sí, en las que tengo el control de mi vida. 

¿Qué puedo hacer diferente para que mi calidad de vida sea mejor? Por si me voy mañana, me voy diciendo “valió la pena”.

¿Qué he dejado de hacer y qué he encontrado en esta cuarentena o proceso que tal vez sí me sirven? Son cosas que puedo adoptar a la vida y ser más balanceado en lo que estoy haciendo.