Nota de archivo: Este contenido fue publicado hace más de 90 días

 (horizontal-x3)
La provoleta. (Foto: Juan Luis Martínez)

Con una fuerte influencia europea y la ventaja de ser un país que cuenta con grandes recursos que aportan a que sus platos sean frescos y variados, la cocina argentina es una de las más populares en el mundo.

Teniendo en cuenta estas características, los propietarios del restaurante Agárrate Catalina tomaron la decisión de exponer su propuesta a un público más amplio al mudarse de la Calle Loíza, en Santurce, a la Calle Magdalena, en Condado.

En este nuevo espacio se destaca un menú más extenso y variado, así como una ambientación que transporta a los comensales a los bodegones y restaurantes bonaerenses de principios del siglo pasado. Las recetas cuentan con ingredientes frescos y hechos en la cocina del establecimiento, como es el caso de las pastas y de las masas que se utilizan para confeccionar ciertos platos.

“Lo que quisimos traer a Puerto Rico con este concepto es lo que realmente comemos los argentinos, porque nosotros no comemos asado todo el tiempo. Con nuestra fuerte influencia italiana y española, nuestra vertiente gastronómica es muy variada. En la Calle Loíza no podíamos integrar parrilla por falta de espacio. Acá logramos tener un espacio mucho más grande y pudimos integrar la parrilla”, explica Adrián Romano, copropietario de Agárrate Catalina, junto a Víctor Acevedo.

Variedad de opciones

No es de extrañar que en el amplio menú que incluye casi un centenar de platos -entre los que se encuentran aperitivos, sopas, ensaladas, platos principales y postres- haya recetas que pasaron de una generación a otra en la familia de Romano, nacido en Buenos Aires y cuyo abuelo es italiano.

“Todo se elabora en la casa, todo es fresco y ese es el pilar de nuestro restaurante. En cada plato mostramos la forma en que me alimenté de niño, porque mi mamá lo hace todo en la cocina”, menciona Romano.

El menú cuenta con varias páginas, comenzando con una explicación del nombre, que hace honor a Catalina, una trapecista argentina que fue muy famosa en la década de 1940. En cada presentación, la gente que la seguía le deseaba lo mejor gritándole: “Agárrate fuerte, Catalina”. Luego de su muerte, la frase se mantuvo en la mente del pueblo argentino.

A este breve relato le sigue la lista de los aperitivos. Entre éstos sobresalen las albóndigas caseras y los buñuelos de espinaca, que es una receta de la madre de Romano y uno de los platos más destacados del menú, al igual que la cebolla rellena de queso y panceta. También hay chorizos, calamares, provoleta, brochetas, croquetas y las tradicionales empanadas.

Las sopas y ensaladas ocupan otro renglón que es seguido por la variedad de risottos, polenta, pastas hechas en casa y pastel de papa con carne o cordero, un plato muy tradicional en Argentina. Además, hay gnocchi de papa y de malanga, este último para darle un toque criollo al menú.

Los ravioles están disponibles rellenos de pollo y espinacas, jamón y queso, pato, langosta y vegetales. Mientras que los sorrentinos, “que son similares a los ravioles, pero con forma redonda”, puedes probarlos rellenos de salmón ahumado y ricotta, cordero con salsa de Vermut y calabaza con mozzarella.

En este menú tienen cinco tipos de milanesas, que son la clásica, la napolitana (con jamón y queso), con crema de espinaca, provolone y fugazzeta (cebolla caramelizada y queso provolone).

La parrilla es la parte más novedosa del menú de este nuevo local e incluye chorizo, morcilla, salchicha parrillera, parrillada de vegetales, pescado a la parrilla y distintos cortes de carne. En este listado sobresale el Cowboy, un corte de carne de 32 onzas, ideal para compartir.

En la sección llamada “Recomendaciones del chef” está el risotto de espárragos y parmesano acompañado de un asado de tiras que se cocina por cuatro horas, el lomo a la campesina con una reducción de Malbec.

En esta página del menú está el alfajor de filete miñón, que es una pieza de carne que se corta en lasca, se dora a la parrilla y se le pone queso provolone en el centro y se gratina completo con ese mismo queso. También los medallones de cerdo a la riojana, que sale como una salsa demiglasé, huevos fritos y papas fritas con guisantes, explica Romano.

“En este nuevo menú integramos algunos platos que no teníamos y que volví a probar recientemente cuando regresé a Argentina luego de 17 años fuera del país. Uno de ellos es el Matambre a la pizza, que es la carne que lleva la res sobre la costilla, se pica y queda un corte de carne de media pulgada, que se ablanda con leche y luego se tira a la parrilla. Se le pone salsa de tomate, jamón y queso mozzarella. Queda como una pizza, pero de carne”, especifica Romano.

Todos estos platos principales incluyen un acompañamiento y la lista es extensa, pues va desde risotto, fettuccine y gnocchi hasta crema de espinacas, papas, espárragos y arroz con habichuelas.

El toque final lo pone la lista de postres, destacándose las crepas, los alfajores, los flanes, el pionono de dulce de leche (brazo gitano) y la copa Melba que incluye mantecado, crema, bizcocho, frutas y galletas, se sugiere para compartir.

La carta de vinos es extensa, con tintos, blancos y espumantes de bodegas boutiques, como son Febre Montmayou, Finca Sophenia, Casarena Finca Las Moras, entre otras.

El chef uruguayo, Marcelo de los Santos, está al mando de la cocina y recibe la colaboración de cocineros argentinos, puertorriqueños y dominicanos.

Viaje en el tiempo

Algo que caracteriza el restaurante es su aire argentino que remonta al comensal a los bodegones y confiterías argentinas de principios del siglo 20.

Sus paredes color vino están revestidas con pinturas que simulan molduras y empapelado, sobre el que llaman la atención una variedad de marcos con toque “vintage” y fotografías que muestran estampas del país sudamericano en la antigüedad y ahora.

“La idea inicial que nos transmitieron los dueños era que querían traer algo representativo de Buenos Aires. Escogimos hacer una escenografía para poder reproducirlo. Era recrear las cafeterías de Buenos Aires, que a principios de siglo pasado eran muy barrocas y eran muy ricas en detalles. Las paredes se trabajaron como una escenografía y fueron pintadas a mano”, menciona la decoradora Lizzie Cuello, de la firma Qvalia.

Por su parte, la iluminación es muy cálida, con tres grandes lámparas de techo y varias luminarias estratégicamente ubicadas en las paredes para lograr un ambiente acogedor. Antes de que finalice el año se proyecta que el restaurante se expandirá al segundo piso del edificio, donde habrá una barra y un salón al aire libre con capacidad para 70 personas.

“A la gente le encantan las terrazas y es muy común en el área. Queremos darle la opción al cliente de aprovechar la vista y el clima”, concluye Acevedo.

Agárrate Catalina: Calle Magdalena #1104, Condado / Horario: D a M, 11:30a - 10p; J, 11:30a - 11p; V y S, 11:30a - 12a


💬Ver 0 comentarios